viernes, 30 de agosto de 2024

Antología Total. Ángela Figuera Aymerich



¿Qué vale una mujer? ¿para qué sirve

una mujer viviendo en puro grito?

¿Qué puede una mujer en la riada donde naufragan tantos superhombres

y van desmoronándose las frentes

alzadas como diques orgullosos

cuando las aguas discurrían lentas?

Figuera Aymerich se pregunta en sus versos "¿qué vale una mujer?". Décadas después, estos versos envejecen ocultos en la historia a pesar de que formó junto a Celaya y Blas de Otero "el triunvirato vasco de la poesía de postguerra". A ellos se les estudia en el instituto y en la universidad. A ella (con suerte) se la nombra en los manuales de literatura: olvido, feminismo y compromiso social son las claves de la obra de esta mujer que no vivió en el mejor momento del siglo XX para ser escritora. 

Su libro, Vencida por el ángel (1950) supone uno de los ejemplos más perfectos para entender la poesía española de postguerra y, por ese mismo motivo, sorprende su ausencia en antologías y manuales de literatura: muestra la miseria de España, la desolación de los vencidos y la situación de las mujeres empobrecidas y explotadas

Su vida explica a una sociedad que intenta vivir en silencio bajo la dictadura franquista: junto a su marido, decide vivir en Madrid, una ciudad grande, para pasar inadvertidos. No obtante, su obra supone un ejercicio de valentía que resulta admirable desde la perspectiva presente. 

Aunque por edad podría haber formado parte de las Sin sombrero, no publicó hasta finalizada la Guerra Civil Española. Compaginó la poesía con su trabajo como traductora y en la Biblioteca Nacional. También, participó en el servicio de bibliobuses (un sistema que se encargaba de llevar libros a la periferia de Madrid). En una carta Blas de Otero, Ángela el contaba:

“Sabrás que a mi vejez he resuelto dedicarme a la vida activa y trabajo por la mañana en la Biblioteca Nacional y por la tarde en una biblioteca ambulante o bibliobús que va prestando libros por los barrios extremos y suburbios madrileños. Este último es un servicio estupendo y yo lo hago encantada, con verdadero apasionamiento, aunque la remuneración es muy pequeña, como todas las que se cobran en España salvo raras y casi siempre honrosas excepciones. Se pone uno en contacto con el pueblo y se le orienta y se le educa en la lectura y no sabes cómo lo agradecen y qué contentos y amables se muestran con nosotros las bibliotecarias, y hasta nos toman afecto…”.

Pocas antologías recogen su nombre (lo que no resulta sorprendente ya). En palabras de Miguel Barrero: “En el caso de Ángela Figuera Aymerich, están claros los motivos que provocaron que en su propia época no ocupara nunca un papel protagonista: era mujer, pertenecía al bando derrotado en la Guerra Civil y su poesía, lejos de camuflar esa condición o de adaptarla al gusto de la retórica triunfante, incidía en ella y la empleaba como base desde la que lanzar una mirada ácida, rabiosa y escéptica a la sociedad que se desenvolvía en sus alrededores”. 

En 1979 publicó el libro de Cuentos tontos para niños listos.

En un mundo artístico controlado por los hombres, Aymerich se cuestiona el modelo que la cultura impone a la mujer. La poesía de Ángela Figuera está marcada por el compromiso social y la crítica al franquismo, que la desposeyó de su lugar en la historia de la literatura del siglo XX. 


Vencida por el Ángel
 
YO cerraba los ojos; yo apretaba los puños;
yo blindaba mi pecho con metales helados;
yo sorbía a raudales la alegría y el fuego
para escapar, bravía, al acoso del Ángel.


El Ángel era suave, silencioso y terrible.
Llevaba una ancha copa de licores amargos,
y en su pálida frente se leía imborrable
la palabra tremenda.

He luchado con él. He luchado: he reído
sobre todas las flores de los mayos ingenuos;
cabalgando las nubes; fabricándome estrellas;
derramando canciones.

Me he apoyado en mis huesos; me he afirmado en mi
sangre
He caído en la sima de los besos sin límite.
He crujido en el trance de los duros abrazos.
He gritado el triunfo de mi carne aumentada
en la carne del hijo.

Me he proclamado limpia contra el asco y la ruina.
Me he declarado libre contra el tedio y la duda.
Me he creído excluida, separada, intocable.

Pero el Ángel llegaba. A pesar de mis puños,
de mis ojos cerrados, de mis labios tenaces,
con su vuelo impasible, con su copa colmada,
me ha tocado; me ha roto la coraza soberbia;
me ha deshecho los muros; me ha cortado la huida.

Sin espada, sin ruido, me ha vencido. En la entraña
me ha dejado clavada la raíz de la angustia
y ya siento en mi alma el dolor de los mundos.


Si no has muerto un instante

Si no has de permitir que tu corazón tierno

trabaje un cupo diario de horas extraordinarias

para sentirse fusilado en Grecia.

Si tu pálida frente no llega a golpearse

contra el hierro o la roca

de una cárcel distante mil o dos mil kilómetros.

Si no has caído nunca con la nuca partida

por la más inocente

de las balas que silban en un rincón de Asia.

Si tus ojos no crecen

hacia los cuatro puntos cardinales

para buscar la veta del horror escondido

y aumentar los niveles represados del llanto.

Si no dejas a veces que tu estómago aúlle

porque a orillas del Ganges no hay arroz para todos.

Si nunca se te quiebran los huesos de fatiga

bajo el peso que abruma las espaldas de otro hombre.

Si no has mirado nunca tus manos desolladas

cuando un minero acaba su jornada en el pozo.

Si no has agonizado cualquier noche sin luna

en la sala de un blanco pabellón de incurables.

Si no has visto que un día se pudre en tu regazo

el cadáver de un niño con sus dientes primeros.

Si no has muerto tú mismo una vez tan siquiera,

solamente un instante, porque sí, porque nada,

porque todo, por eso, porque el hombre se muere,

entonces, amiguito, no sigas adelante.

Y muérete enseguida. Pero en serio. Del todo.



Más información: 


lunes, 5 de agosto de 2024

Anábasis. Saint John Perse (II)


Anábasis es un poema de gran importancia literaria, pero muy complejo en su interpretación. Ya es un lugar común leer que John Perse es el gran poeta épico del siglo XX (sin aclarar el motivo) y que su poema más célebre se recrea en los conceptos de expedición, de conquista y desarrollo posterior de una nueva civilización con sus reglas particulares. Pero si fuera solo esto, ¿de dónde surge su fuerza poética? ¿Por qué sus versículos resuenan aún sin ser comprendidos... o peor, comprendidos en su literariedad?

El título del poema hace referencia a la obra de Jenofonte, que narra la Marcha de los Diez Mil, pero es un término griego que significa "subida o expedición hacia el interior". Así, somos libres de entender que la idea de aventura, de viaje aparece  en  el libro de Perse no como algo concreto sino como una abstracción sugeridora abierta a la idea de la conquista de sí mismo. Porque todo viaje literario es un viaje simbólico

Comparto el prólogo del poeta T. S. Eliot a su traducción de Anábasis

En cuanto a mí, una vez atraída mi atención al poema gracias a un amigo en cuyo gusto confío, no hubo necesidad de un prefacio. No necesité que me fuera señalado, tras una primera lectura, que la palabra 'anabásis' no sostiene una referencia particular con Jenofonte ni con la Marcha de los Diez Mil, ninguna referencia particular con respecto a la Asia Menor; y que ningún mapa de sus migraciones podría ser dibujado. El Señor Perse ha utilizado la palabra Anábasis en el mismo sentido literal en el que el mismo Jenofonte la usaba. El poema es una serie de imágenes de migración, de conquistas de vastos espacios sobre los despojos asiáticos, de la destrucción y fundación de ciudades y civilizaciones de todas las razas y épocas del antiguo Oriente.

Podría, pienso, recuperar dos nociones del Sr. Fabre que quizás resulten útiles al lector de esta traducción. La primera es que cualquier obscuridad del poema, en las primeras lecturas, se debe a la supresión de los “vínculos en la cadena”, de toda materia explicatoria o de conexión, y no a la incoherencia o al amor por los criptogramas. La justificación de tal abreviación en el método radica en que la secuencia de imágenes coincida y se concentre en una sola e intensa impresión de las civilizaciones barbáricas. El lector tiene que permitir que las imágenes caigan en su memoria sucesivamente sin preguntarse a cada momento sobre su raciocinación singular; así, al final, se producirá un efecto total.

El poeta mexicano Octavio Paz decía de Perse: "Celebración del lenguaje, la poesía de Perse es un regreso al origen del poema: el himno. Exclamación ante la vida, aprobación del existir, elogio". 

Ya escribí sobre el poema en el año 2013 (la primera vez que lo leí) y no pude profundizar mucho en el poema porque a pesar del gran impacto que me causó, no sabía qué decir del texto. Hoy me pasa lo mismo. Solo que la belleza del texto y el poder de su materia poética es más evidente y más significativa para mí, diez años después (diez años de vivencias y lecturas): 

Las armas de la mañana son bellas y el mar. A nuestros caballos, entregada la tierra sin almendras, les vale este cielo incorruptible. Y el sol no es nombrado, pero su pujanza está entre nosotros y el mar en la mañana como una presunción del espíritu. 

(Releí este fragmento en la playa de Sain Malo, un día en el que la luminosidad del verano obligaba a cerrar los ojos)

Lo hermético y el tono bíblico (y el hecho de simultanear la lectura del poema con los evangelios) me sugirieron esta vez que el extranjero era un profeta que anunciaba la conquista del espíritu y la civilización, el paraíso interior. No obstante, faltaría explicar cómo sus oraciones se transforman en un objeto de arte que vibra a nuestra misma frecuencia como si hubiéramos sabido siempre lo que nos dice, pero al mismo tiempo, ordenado de un modo novedoso que nos presenta el mundo que conocemos como si nunca lo hubiéramos mirado bien, como si se construyera a medida que Perse escribe y, entonces, solo tuviéramos un ligero recuerdo del mundo que hemos experimentado hasta ahora. Pero son palabras que al escribirlas empequeñecen el texto. 


Sobre Anábasis y John Persé

Círculodepoesía.com 

Circulodepoesía.com (sobre Eliot y Persé) 

Confabulario 

ragonserrano.blogspot 

critica cl 

Más sobre John Persé

John Persé como diplomático 






viernes, 26 de julio de 2024

Viajes y Re-conocimientos. Rodolfo Privitera


Poeta y traductor, nunca habría llegado a Privitera si no es gracias a cierta obsesión por el escritor argentino Néstor Sánchez

En su novela Siberia Blues, Sanchez narra la desaparición de su amigo Rodolfo (oculto bajo el personaje del 'Obispo', así llamado por su renuncia al trabajo ("el fuego sagrado del ocio", dice). 

Viajes y Re-conocimientos supone, si no una antología (aunque en realidad no sé si es una antología), sí un resumen de la vida del autor desde el punto de visto del aprendizaje, el conocimiento y las experiencias duraderas. 

Poemas sobre la infancia ('Comienzos'), sobre la sexualidad ('Las formas del cuerpo o cuerpo de Eros'), pseudo misticismo y lecturas orientalistas ('Re-conocimientos') y libro poético de viajes. Parece que Privitera viva para transformar su experiencia en poesía (pero sin la altura de Cernuda) o que más que busque en su experiencia directa algo que le permita escribir poesía. 

Él mismo describe la sensación que produce su obra, supongo que sin querer referirse a sí mismo (o quizás sí, consciente de su capacidad). En un texto en prosa de carácter crítico añadido al final del libro, 'Desinosuidades', escribe: 

Un aspecto del arte de algunos artistas contemporáneos es la representación de una visión personal, arbitraria pero desconectada de los otros "otros". Pareciera ser que en algunos de ellos la comunicación es la imposibilidad de comunicarse como si cada uno de nosotros perteneciera a planetas distintos e inconciliables. La inocente visión de creer que hay secretos que podemos mantener secretos en este tipo de sociedad que es el magma de las repeticiones. Sin embargo, ese disparo ingenuo a ninguna parte, puede alcanzar su destino en cualquiera que tiene una pregunta. 

Estamos en el tiempo en el que los poetas se hacen prescindibles, lo cual no está mal, pero me pregunto quién los va a remplazar, si es que entendemos que algunos de ellos son algo más que una conciencia moral de nuestras sociedades. 


Sobre Néstor y Rodolfo: 

cuartaprosa.com

palabrasamarillas.blogspot.com

eneabiumi.com

eltriunfodearciniegas.blogspot.com

triunfo-arciniegas.blogspot.com

sábado, 13 de julio de 2024

De miedo en miedo. Armonía Somers


Leonard Cohen escribió que el corazón envejece al contacto con los demás. Esta frase se relaciona con la segunda novela de la escritora uruguaya Armonía Somers, De miedo en miedo. Los manuscritos del río

El texto comienza con dos recuerdos del  narrador protagonista:

 1) Un encuentro íntimo con una mujer descrito como un acto de violencia a la defensiva: "Seguimos desplazándonos durante el resto de la noche, con mi sexo primeramente a quemaropa, y luego casi a cuerpo traviesa, único dato seguro sobre mí que podría ofrecerle por el momento". 

2) El recuerdo hipocondríaco de una escena de su juventud. Cuando trabajaba de botones en un hotel, un hombre le dio ola mano húmeda junto con el dinero para el transporte público. El protagonista sintió asco, miedo a la contaminación bacteriológica, lo que Jason A. Bartles en su artículo  'La ética de exponerse en De miedo en miedo de Armonía Somers' llama "amenaza de infectar la pureza esencial del yo". 

En el presente de la novela, el narrador es un adulto casado con un hijo y trabaja en una librería. Una clienta se acerca al mostrador y le dice (frase de un simbolismo romántico): "busco cierto libro raro". Esa intervención supone el inicio de un diálogo entre dos personajes hipocondríacos que comparten la misma hipocondría: el miedo el miedo a mostrarse, a ser contactado, el miedo a mostrarse vulnerable frente a los demás. 

Bartles define este proceso de los dialogantes como "la ética de exponerse", ya que estos dos personajes deciden romper las reglas que cada uno utiliza para protegerse y, por el camino (y aquí entra una interpretación política del amor), aprenden (o más bien se predisponen) a destruir el concepto de individualidad pura hacia la construcción de una comunidad. 

Además, en relación con su primera novela, La mujer desnuda, el texto nos habla de cómo las experiencias pasadas configuran el presente y sobre la necesidad de reconstruirlo para iniciar un proceso (no necesariamente amoroso) en comunidad. Si el matrimonio del protagonista se basa en la protección y la ocultación del yo, el narrador, en un momento de la novela, le dice a su esposa (a quien nunca conocemos): 

Quiero que hablemos ahora mismo - le supliqué- de esas cosas sin importancia que nos han sucedido alguna vez, pero que siguen provocando destrucción como la bomba de Hiroshima". 


Más información: 

Jason A. Bartles: 'la ética de exponerse en De miedo en miedo de Armonía Sommers'. 

La escritura de Armonía Somers Pulsión y riesgo. María Cristina Dalmagro (coord.) Editorial Universidad de Sevilla. Colección escritores del cono sur. 

Un libro cada día

Lissardi y Grynbaum

El blog de Claudio Paolini






 

lunes, 8 de julio de 2024

Diálogos de los muertos. Luciano de Samostata


Esta obra corresponde a una época extraña para nosotros. En el siglo II después de Cristo comienza una era de indeterminación en la que Roma (como imagen ideal y como imperio), se descompone o se transforma en otro paradigma social que tardará casi un milenio en materializarse: la Edad media. 

Nacido en Siria, Luciano de Samóstata pertenece a esa Roma que ya es más un concepto de referencia que un imperio. Como un postmoderno de la antigüedad su objetivo es destruir los pilares culturales de la antigua Roma desde dentro. 

La bajada a los infiernos, al inframundo, el regreso del reino de la muerte, se conoce en la poesía grecolatina como la nekyia (literalmente 'evocación de los muertos'). En realidad, supone un episodio simbólico en la construcción y el desarrollo del personaje mítico que cohesionará una cultura. El viaje del héroe al hades (Heracles, Teseo, Odiseo, Orfeo, Osiris, Cristo...) se nos plantea al mismo tiempo como una aventura iniciática y como una transmisión de un conocimiento espiritual simbólico, que implica una experiencia transformadora


En los Diálogos de los muertos, conversan (como en piezas de microteatro) estos habitantes del inframundo, pero el nihilismo, el descreimiento o el cinismo de Luciano de Samostata le llevan a atacar cualquier resto de vanidad y ambición que le quede a cualquiera los personajes que se encuentra en el averno: Diógenes, Pólux, Plutón, Menipo, o Caronte y Hermes, entre otros. 

Porque Luciano parte de un ateísmo materialista para enfrentarse (en estos diálogos humorísticos no exentos de poética, belleza y sabiduría) contra la superstición religiosa y ofrecernos, quizás de un modo consciente o involuntario, una entrada (casi dos siglos después del nacimiento del Cristo y de los cristianos) a un mundo que se aleja cada vez más de Homero, aunque nunca se aleje, porque Homero le da forma y lo determina. 

Caronte, Hermes y varios muertos. 

Caronte.- Mirad cuál es nuestra situación. Como podéis observar, nuestra barquichuela es muy pequeña, carcomida y llena de agujeros, y, sólo que se incline un poco más, volcaremos; y vosotros, habéis llegado todos a la vez, y además con mucho equipaje. Así que si embarcáis con todo, luego os podéis arrepentir, especialmente los que no saben nadar. 
Hermes.- ¿Y qué podemos hacer para llegar a buen puerto? 
Caronte.- Yo os aconsejo que dejéis en la orilla toda esa carga inútil y subáis sin nada, y aún así no será fácil que la embarcación aguante. A ti, Hermes, te ordeno que no permitas la entrada a aquellos que antes no hayan dejado su equipaje en tierra. De pie junto a la escalera, pásales revista y no los aceptes si antes no se han despojado de todo el equipaje. 
Hermes.- Tienes mucha razón, así que acataré tus órdenes. Vamos a ver, ¿quién es el primero?
Menipo.- Soy Menipo. Mira, Hermes ha lanzado al agua mi alforja y mi bastón. Menos mal que el manto lo dejé, y bien que hice. 
Hermes.- Entra, Menipo, gran hombre. Puedes escoger tu asiento, junto al piloto, y en la parte más alta, para que puedas ver a todos. Y aquel joven tan hermoso de allí, ¿quién es? 
Carmóleo.- Ese es Carmoleo de Mégara, el irresistible, cada uno de sus besos valía dos talentos.
Hermes.- Ya puedes ir deshaciéndote de tu belleza, de tus labios besucones, y de tu larga cabellera, también de tus mejillas sonrojadas y del resto de la piel. Está bien así; ya puedes entrar, ahora pesas mucho menos. ¡Tú, el del manto púrpura, la diadema, y el rostro terrible! ¿Quién eres? Lampico.- Me llamo Lampico, y soy tirano de Gela. 
Hermes.- ¿Y te presentas aquí con toda esta pompa, Lampico? 
Lampico.- No sé por qué razón te extraña tanto, ¿es que un tirano tiene la obligación de llegar desnudo, Hermes? 
Hermes.- Un tirano, claro que no, pero tú ahora eres un muerto, y éstos sí la tienen. Venga, desnúdate.
Lampico.- Mírame, ya no me queda nada. 
Hermes.- Ahora debes abandonar también la soberbia y el orgullo, Lampico. Pesan demasiado para entrar contigo en la barca. 
Lampico.- ¿No podría al menos conservar la diadema y el manto? 
Hermes.- De ninguna manera. Debes dejarlo todo. 
Lampico.- Haré lo que me dices. ¿Qué más? Porque todo lo he soltado ya, como puedes comprobar.
Hermes.- Despójate también de la crueldad, la locura, la insolencia y la cólera. 
Lampico.- Al fin, desnudo estoy. 
Hermes.- Está bien, sube ya. Y tú, grueso y musculoso, ¿cuál es tu nombre? 
Damasias.- Damasias, el atleta. 
Hermes.- Sí, ya me lo parecía. Te reconozco, pues te veía a menudo en las palestras. 
Damasias.- Así es, Hermes. Puedes dejarme entrar ya, pues estoy totalmente desnudo. 
Hermes.- A mí no me lo parece, amigo mío, pues son muchas las carnes que te rodean. Así que, deshazte de ellas, o de lo contrario la barca se hundirá al poner en ella un solo pie. Y también tira las coronas y trofeos que vas luciendo. 
Damasias.- Heme totalmente desnudo, como puedes ver peso lo mismo que cualquier muerto.
Hermes.- Ahora ya está mejor. Puedes subir. Y tú, Cratón, abandona tus riquezas, placeres y esa buena vida que llevas. No puedes subir tampoco con las pompas fúnebres ni los títulos de tus antepasados. Olvídate del linaje y la gloria, y arroja todos aquellos elogios que recibiste de algunas ciudades, y también esas inscripciones de las estatuas a ti dedicadas. No debes mencionar el gran sepulcro erigido en tu nombre, pues ya sólo el recuerdo de todo ello, pesa mucho. 
Craton.- Aunque me cueste, lo haré. Pues, ¿qué otra cosa puedo hacer si no? 
Hermes.- ¡Oye, tú! ¿A dónde vas tan armado? ¿Por qué llevas ese trofeo? 
Un General.- Lo traigo porque vencí, Hermes, y la ciudad me colmó de honores por mi sobresaliente valentía en la guerra. 
Hermes.- Suelta ese trofeo. En el Hades no te hará ninguna falta, pues allí reina la paz. Y ese de grave expresión, altivo gesto, de arqueadas cejas y abundante barba, que va totalmente sumido en sus meditaciones, ¿cuál es su nombre? 
Menipo.- Un filósofo, aunque de hecho, puedes llamarlo impostor o charlatán. Cuando le desnudes, descubrirás bajo su capa muchos objetos ocultos, dignos de risa. 
Hermes.- Primero, quítate el vestido, y después todo lo demás. ¡Oh Zeus! ¡Cuánta vanidad traes!, ¡cuánta ignorancia, vanagloria, espíritu de contradicción y problemas inextricables, espinosos discursos y liosos pensamientos! Y, por si no bastara, muchísimo trabajo inútil, y excesiva charlatanería, frivolidad y gran cantidad de palabras sin sustancia y, ¡por Zeus! También traes montones de oro, sensualidad, desvergüenza, ira, y voluptuosidad. Aquí nada pasa inadvertido, por mucho que quieras ocultarlo. Deja también tu falsedad, después tu presunción y superioridad. Con toda esa carga, ni una nave de cincuenta remos soportaría tu peso. 
Filósofo.- Me desharé de todo ello, si tú me lo pides. 
Menipo.- También debería afeitarse esa barba tan pesada y espesa, Hermes, por lo menos hay cinco minas de pelos. 
Hermes.- Tienes razón: ¡Quítatela también! 
Filósofo.- ¿Y quién me afeitará? 
Hermes.- Menipo lo hará con el hacha que usan los constructores de naves. Y utilizará la pasarela como tajo. 
Menipo.- No, Hermes. Será más divertido con una sierra. 
Hermes.- Con el hacha será suficiente ... ¡Bien! Ahora, sin esa peste a animal, pareces más humano.
Menipo.- ¿Te parece si le retoco también las cejas? 
Hermes.- Es una buena idea, pues las tiene arqueadas en lo alto de la frente, dándole un aspecto soberbio, no sé por qué. ¿Qué es eso? ¿Ahora lloras, canalla?, ¿es que te asusta la muerte? Embarca ya de una vez. 
Menipo.- Sin embargo, aún guarda lo peor debajo del brazo. 
Hermes.- ¿A qué te refieres, Menipo? 
Menipo.- A la adulación, Hermes, con la que ganó todo lo que tiene. 
Filósofo.- Entonces tú, Menipo, debes dejar tu libertad, sinceridad y despreocupación, también tu alma noble y tu risa: pues eres el único que no para de reírse. 
Hermes.- Ni hablar. Consérvalas. Pues todas ellas son ligeras, fácilmente transportables y muy útiles para el viaje. En cuanto a ti, orador, ya puedes ir descargando toda esa engañosa verborrea, repleta de contradicciones, comparaciones, barbarismos, además de otras muchas pesadas cargas del lenguaje.
Orador.- Está bien, lo dejo todo. 
Hermes.- Pues ahora, barquero, ya puedes quitar las amarras, recoger la pasarela y levar el ancla; después, despliega la vela y hazte cargo del timón. Espero que tengamos un buen viaje. ¿Por qué os lamentáis ahora, imbéciles, en especial tú, filósofo, a quien acabamos de afeitar la barba? 
Filósofo.- Lloro, Hermes, pues creía que el alma era inmortal. 
Menipo.- Te engaña; son otros motivos los que le afligen. 
Hermes.- ¿Cuáles son? 
Menipo.- Que ya no podrá nunca más disfrutar de magníficos banquetes, ni tampoco podrá escapar por la noche a escondidas de la gente, tapándose la cara con la capa, y así poder ir de burdel en burdel hasta el día siguiente, ni los jóvenes serán engañados y ni le ofrecerán ya más dinero a cambio de su charlatanería disfrazada de falsa sabiduría. Eso es lo que más le duele. 
Hermes.- ¿Y a ti, Menipo, no te apena estar muerto? 
Menipo.- No tengo ninguna razón para estar afligido, pues, como bien sabes me adelanté a la muerte, sin que nadie viniese a buscarme (1). Oye, perdona, ¿no oyes un clamor, como gritos que provienen de la tierra? 
Hermes.- Tienes razón, Menipo, y no vienen de un solo lugar. Los de Gela se han reunido en la asamblea y celebran gozosos la muerte de Lampico, mientras las mujeres sujetan a su esposa, y sus hijos, muy jóvenes aún, pasan por lo mismo, como presa de otros niños, son apedreados continuamente. En Sición aplauden al orador Diofanto, pues pronunció un discurso fúnebre en honor a Cratón. Y, ¡por Zeus!, también está presente la madre de Damasias que inicia, gimiendo, las lamentaciones de un grupo de mujeres por la muerte de su hijo. En cambio, a ti Menipo, nadie te llora; así tus restos pueden descansar en una paz absoluta. 
Menipo.- No lo creas. Si escuchas con atención, oirás a los perros aullar lastimosamente y también el batir de alas de los cuervos, cuando estén reunidos en mi entierro. 
Hermes.- Eres único, Menipo. Al fin hemos llegado a la otra orilla: presentaos vosotros ante el tribunal, seguid recto ese camino; el barquero y yo debemos ir a buscar otros muertos. 
Menipo.- Buen viaje, Hermes. Sigamos adelante. ¿A qué estáis esperando? Seremos juzgados de todas formas. Se dice que los castigos impuestos son verdaderamente crueles: ruedas, piedras, aves carroñeras (2). Y la vida que habéis llevado quedará evidenciada en cada uno de vosotros.
(1) Hace referencia al suicidio de este personaje.
(2) El autor hace referencia a castigos impuestos a diferentes personajes mitológicos como el de la roca y el buitre, sufrido por Prometeo, Sísifo, o Ticio. 


Más información: 

patriciadamiano.blogspot.com

www.elindependientedegranada.es

Pliego suelto 

El vuelo de la lechuza

Mitología a través del arte 




domingo, 30 de junio de 2024

Hambre. Knut Hamsun (II)

Las imágenes que ilustran esta entrada pertenecen a la versión en cómic de Martin Ernsten editada por Nordica libros.
Las imágenes que ilustran esta entrada pertenecen a la versión en cómic de Martin Ernsten editada por Nordica libros. 

La novela inaugura el siglo XX y la narrativa contemporánea. Lo dice el propio escritor: 

Un libro sobre las delicadas oscilaciones de una vulnerable alma humana, sobre esa extraña vida de la mente, sobre los misterios de los nervios en un cuerpo consumido por el hambre.

Hambre se aleja del realismo a través de subjetividad extrema y describe lo que ocurre en la mente de un personaje extremista, idealista y loco. No obstante, se aleja del Romanticismo porque el narrador no describe, sino que construye la realidad, el universo, desde su perspectiva. Como Picasso o Kandinsky. 

Si Cervantes reinventa la novela como herramienta de indagación a través del choque de perspectivas y la relación dialéctica entre los personajes y el entorno, Hamsun recrea el proceso en el que los sentimientos más profundo de un ser humano generan, como una divinidad un mundo a su imagen y semejanza, de acuerdo a sus necesidades de gozo y castigo.


Algunos ejemplos. Casi al comienzo de la novela ocurre el encuentro con la heroína romántica, un personaje antagonista femenino del que nunca sabemos nada. Ni siquiera su nombre. Simbólicamente, el narrador protagonista la bautiza simbólicamente como 'Ylayali', es decir, la reinventa, le da forma y sentido a su existencia. 

Me detuve y dejé que me adelantara de nuevo; no podía seguir caminando, todo me parecía muy extraño. estaba muy irascible, irritado conmigo mismo por lo que había sucedido con el lápiz y exultante en extremo por toda esa comida con que había obsequiado a mi vacío estómago. De repente, mi pensamiento toma caprichosamente una extraña dirección, se apodera de mí una curiosa inclinación a infundir temor a esa dama, a seguirla e incomodarla de algún modo. La alcanzo de nuevo y la adelanto, me vuelvo de repente y me encuentro con ella cara a cara. me quedo mirando sus ojos azules y en ese mismo instante invento un nombre que jamás había oído, un nombre con un sonido melódico y nervioso: Ylayali. 


Durante todo el texto, la realidad que explica el protagonista refleja un desequilibrio entre su autoconciencia en soledad y su inseguridad en sociedad. Lo vemos cuando describe sus proyectos literarios que le darán renombre y le confirmarán como un genio, sacándole del pozo en el que se encuentra actualmente. Pero especialmente en su encuentro con una prostituta. El protagonista lo narra, siempre desde su perspectiva, pero al leerlo, nos efrece la sensación de que a realidad podría ser algo diferente: 

En Stortingsplass me topé con una muchacha que me miraba fijamente conforme me iba acercando a ella. ¡Buenas noches!, dije. ¡buenas noches!, y se paró. Hum. ¿Cómo andaba sola tan tarde? ¿No era un poco arriesgado para una joven pasear por karl Johan a esas horas? Ah, no? Bueno, pero no la importunaban nunca, quiero decir, no la invitaban a ir con ellos? La muchacha me miró extrañada, escruto mi rostro preguntándose que qué quería decir con eso. De repente me cogió del brazo y dijo: ¡Vámonos!

La seguí. Cuando hubimos dado algunos pasos junto a la estación de coches, me detuve, logré desprenderme de su brazo y dije: Escucha, amiga mía, no tengo ni un øre. Y me dispuse a marcharme. 

Al principio no quiso creerme, pero después de palpar mis bolsillos y no encontrar nada, se enfadó, echó la cabeza hacia atrás y me llamó tonto. Buenas noches!, le dije. ¡Espere un poco!, gritó. ¿Son de oro sus gafas? No. ¡Váyase al infierno, entonces! y fui. 

AL poco rato echó a correr tras mis pasos y volvió a llamarme. Puede venir conmigo aunque no tenga nada, dijo. me sentí humillado por la oferta de una pobre prostituta y dije que no. Además era muy tarde y tenía que acudir a otro sitio y, por otra parte, ella tampoco podía permitirse sacrificios de esa clase. 

Sí, ahora quiero que venga conmigo. Pero yo no quiero ir con usted así. Entonces seguro que va a ver a otra, dijo. No, contesté. ¡Ay!, no había mí ninguna chispa aquellos días, las muchachas se habían vuelto como hombres para mí. La miseria me había dejado seco. Pero tuve la sensación de encontrarme ante una situación lastimosa ante esa prostituta poco común y decidí salvar mi honor. 

¿Cómo se llama usted?, pregunté. ¿María? ¡Ahora escúcheme, María! Y me puse a explicar mi conducta. La muchacha estaba cada vez más asombrada. ¿Había creído acaso que era de esos que recorrían las calles por las noches a la caza y captura de muchachas? ¿De veras pensaba tan mal de mí?¿Le había dicho algo indecoroso? Se comportaba como yo la gente de malas intenciones? Tan solo le había hablado y seguido un par de pasos para ver hasta dónde llegaba. Por cierto, me llamaba Fulano de tal, pastor tal. buenas noches! ¡Vete y no peques más! 


Más información: 

Podcast. Club de lectura

librosarcanos.es

La plaza de Poe

lahierbaroja.com

Versión cómic de Nordica libros.

zendalibros.com

Ni un solo libro 





jueves, 27 de junio de 2024

Ritos de jaima. Liman Boisha

Imagen: La generación de la amistad. Poetas saharauis. 

Poca gente lo sabe: en el Sáhara Occidental todavía se nombran en castellano objetos como 'cuchara', 'chaleco', 'jarro', 'sábana' o 'mesa'. Un recuerdo de la cotidianeidad de otro tiempo, cuando los territorios ocupados por Marruecos constituían la provincia española número 53. 

En los campamentos de Tinduf en Argelia (un refugio para los saharauis abandonados por España en 1976), el castellano supone el recuerdo de una herida conservada por quienes han vivido más de medio siglo en el desierto. Pero una herida que refuerza la identidad cultural de un pueblo más allá de idiomas y fronteras. 

Quizás sorprende el dato, pero entre las jaimas y en las aldeas del desierto se transmiten leyendas, cánticos y arraigo en castellano. Lo dice el poeta sharaui Liman Boisha: pocos pueblos tan generosos, aman la lengua de aquel que un día les traicionó. Existe literatura en castellano en África del norte y la conservan la Generación de la amistad, un grupo de poetas saharauis que escriben castellano: Liman Boisha (1972), Ali Salem Iselmu (1970), Bahia Mahmud Awah (1960), Zahra Hasnaui (1964), Sukeina Aali-Taleb Fernández (1975), entre otros. 

No solo les une idioma, identidad y origen, sino el respeto y el deseo de dignificar su cultura. Aunque la mayoría de la generación vive en diferentes lugares de España, nacieron en el Sáhara Occidental cuando era colonia española, estudiaron en Cuba y regresaron a los campamentos de refugiados en Argelia.

Liman es uno de los poetas más aventajados de su generación y Ritos de jaima una obra de gran belleza que trasmite amor por una cultura nómada bajo el amparo simbólico de la jaima. Un amor que se trasmite a través del conocimiento de los ritos cotidianos. Poemas y explicaciones que permiten entender y por lo tanto valorar la forma de vida en los campamentos que que se basa en la importancia de la comunidad. 


La 'gente del bismilah rahmani rahim'

Es la hora de la oración

y me descalzo.

detrás busco un lugar limpio, 

y sobre la arena me postro,

y con arena purifico mis manos, 

mi rostro, 

mis antebrazos. 

En el nombre de Dios,

me levanto y elevo mis manos

en señal de rendición,

dejo mi mente desnuda

y recito la sura de Al Fat-ha.

De improviso estoy frente a un rebaño, 

invitado al pago de una deuda,

o converso con mi mujer sobre el próximo viaje. 

¡Y qué ojos hacían el té al lado del pozo!

Pero ¿quién me distrae de la oración?

¿Es un yinn?...

Debe ser blis, sheitan, el infame, el provocador, 

que enreda con sus deleites. 

Es él quien fomenta las enfermedades, 

arruina los pastos, 

el que seca los pozos, 

y envía sus oleadas de "gente del bismilah rahmani rahim

con tentaciones y pactos perversos. 

En la plegaria consciente,

en las escrituras y en las plantas, 

están los remedios

para neutralizar sus fechorías. 

¡Qué ojos

hacian el té al lado del pozo!

Pero ¿quién me distrae?...




Más información: 

peonza.es

Generación de a amistad saharaui

literafricas.com

trasdemar.com