viernes, 26 de julio de 2024

Viajes y Re-conocimientos. Rodolfo Privitera


Poeta y traductor, nunca habría llegado a Privitera si no es gracias a cierta obsesión por el escritor argentino Néstor Sánchez

En su novela Siberia Blues, Sanchez narra la desaparición de su amigo Rodolfo (oculto bajo el personaje del 'Obispo', así llamado por su renuncia al trabajo ("el fuego sagrado del ocio", dice). 

Viajes y Re-conocimientos supone, si no una antología (aunque en realidad no sé si es una antología), sí un resumen de la vida del autor desde el punto de visto del aprendizaje, el conocimiento y las experiencias duraderas. 

Poemas sobre la infancia ('Comienzos'), sobre la sexualidad ('Las formas del cuerpo o cuerpo de Eros'), pseudo misticismo y lecturas orientalistas ('Re-conocimientos') y libro poético de viajes. Parece que Privitera viva para transformar su experiencia en poesía (pero sin la altura de Cernuda) o que más que busque en su experiencia directa algo que le permita escribir poesía. 

Él mismo describe la sensación que produce su obra, supongo que sin querer referirse a sí mismo (o quizás sí, consciente de su capacidad). En un texto en prosa de carácter crítico añadido al final del libro, 'Desinosuidades', escribe: 

Un aspecto del arte de algunos artistas contemporáneos es la representación de una visión personal, arbitraria pero desconectada de los otros "otros". Pareciera ser que en algunos de ellos la comunicación es la imposibilidad de comunicarse como si cada uno de nosotros perteneciera a planetas distintos e inconciliables. La inocente visión de creer que hay secretos que podemos mantener secretos en este tipo de sociedad que es el magma de las repeticiones. Sin embargo, ese disparo ingenuo a ninguna parte, puede alcanzar su destino en cualquiera que tiene una pregunta. 

Estamos en el tiempo en el que los poetas se hacen prescindibles, lo cual no está mal, pero me pregunto quién los va a remplazar, si es que entendemos que algunos de ellos son algo más que una conciencia moral de nuestras sociedades. 


Sobre Néstor y Rodolfo: 

cuartaprosa.com

palabrasamarillas.blogspot.com

eneabiumi.com

eltriunfodearciniegas.blogspot.com

triunfo-arciniegas.blogspot.com

sábado, 13 de julio de 2024

De miedo en miedo. Armonía Somers


Leonard Cohen escribió que el corazón envejece al contacto con los demás. Esta frase se relaciona con la segunda novela de la escritora uruguaya Armonía Somers, De miedo en miedo. Los manuscritos del río

El texto comienza con dos recuerdos del  narrador protagonista:

 1) Un encuentro íntimo con una mujer descrito como un acto de violencia a la defensiva: "Seguimos desplazándonos durante el resto de la noche, con mi sexo primeramente a quemaropa, y luego casi a cuerpo traviesa, único dato seguro sobre mí que podría ofrecerle por el momento". 

2) El recuerdo hipocondríaco de una escena de su juventud. Cuando trabajaba de botones en un hotel, un hombre le dio ola mano húmeda junto con el dinero para el transporte público. El protagonista sintió asco, miedo a la contaminación bacteriológica, lo que Jason A. Bartles en su artículo  'La ética de exponerse en De miedo en miedo de Armonía Somers' llama "amenaza de infectar la pureza esencial del yo". 

En el presente de la novela, el narrador es un adulto casado con un hijo y trabaja en una librería. Una clienta se acerca al mostrador y le dice (frase de un simbolismo romántico): "busco cierto libro raro". Esa intervención supone el inicio de un diálogo entre dos personajes hipocondríacos que comparten la misma hipocondría: el miedo el miedo a mostrarse, a ser contactado, el miedo a mostrarse vulnerable frente a los demás. 

Bartles define este proceso de los dialogantes como "la ética de exponerse", ya que estos dos personajes deciden romper las reglas que cada uno utiliza para protegerse y, por el camino (y aquí entra una interpretación política del amor), aprenden (o más bien se predisponen) a destruir el concepto de individualidad pura hacia la construcción de una comunidad. 

Además, en relación con su primera novela, La mujer desnuda, el texto nos habla de cómo las experiencias pasadas configuran el presente y sobre la necesidad de reconstruirlo para iniciar un proceso (no necesariamente amoroso) en comunidad. Si el matrimonio del protagonista se basa en la protección y la ocultación del yo, el narrador, en un momento de la novela, le dice a su esposa (a quien nunca conocemos): 

Quiero que hablemos ahora mismo - le supliqué- de esas cosas sin importancia que nos han sucedido alguna vez, pero que siguen provocando destrucción como la bomba de Hiroshima". 


Más información: 

Jason A. Bartles: 'la ética de exponerse en De miedo en miedo de Armonía Sommers'. 

La escritura de Armonía Somers Pulsión y riesgo. María Cristina Dalmagro (coord.) Editorial Universidad de Sevilla. Colección escritores del cono sur. 

Un libro cada día

Lissardi y Grynbaum

El blog de Claudio Paolini






 

lunes, 8 de julio de 2024

Diálogos de los muertos. Luciano de Samostata


Esta obra corresponde a una época extraña para nosotros. En el siglo II después de Cristo comienza una era de indeterminación en la que Roma (como imagen ideal y como imperio), se descompone o se transforma en otro paradigma social que tardará casi un milenio en materializarse: la Edad media. 

Nacido en Siria, Luciano de Samóstata pertenece a esa Roma que ya es más un concepto de referencia que un imperio. Como un postmoderno de la antigüedad su objetivo es destruir los pilares culturales de la antigua Roma desde dentro. 

La bajada a los infiernos, al inframundo, el regreso del reino de la muerte, se conoce en la poesía grecolatina como la nekyia (literalmente 'evocación de los muertos'). En realidad, supone un episodio simbólico en la construcción y el desarrollo del personaje mítico que cohesionará una cultura. El viaje del héroe al hades (Heracles, Teseo, Odiseo, Orfeo, Osiris, Cristo...) se nos plantea al mismo tiempo como una aventura iniciática y como una transmisión de un conocimiento espiritual simbólico, que implica una experiencia transformadora


En los Diálogos de los muertos, conversan (como en piezas de microteatro) estos habitantes del inframundo, pero el nihilismo, el descreimiento o el cinismo de Luciano de Samostata le llevan a atacar cualquier resto de vanidad y ambición que le quede a cualquiera los personajes que se encuentra en el averno: Diógenes, Pólux, Plutón, Menipo, o Caronte y Hermes, entre otros. 

Porque Luciano parte de un ateísmo materialista para enfrentarse (en estos diálogos humorísticos no exentos de poética, belleza y sabiduría) contra la superstición religiosa y ofrecernos, quizás de un modo consciente o involuntario, una entrada (casi dos siglos después del nacimiento del Cristo y de los cristianos) a un mundo que se aleja cada vez más de Homero, aunque nunca se aleje, porque Homero le da forma y lo determina. 

Caronte, Hermes y varios muertos. 

Caronte.- Mirad cuál es nuestra situación. Como podéis observar, nuestra barquichuela es muy pequeña, carcomida y llena de agujeros, y, sólo que se incline un poco más, volcaremos; y vosotros, habéis llegado todos a la vez, y además con mucho equipaje. Así que si embarcáis con todo, luego os podéis arrepentir, especialmente los que no saben nadar. 
Hermes.- ¿Y qué podemos hacer para llegar a buen puerto? 
Caronte.- Yo os aconsejo que dejéis en la orilla toda esa carga inútil y subáis sin nada, y aún así no será fácil que la embarcación aguante. A ti, Hermes, te ordeno que no permitas la entrada a aquellos que antes no hayan dejado su equipaje en tierra. De pie junto a la escalera, pásales revista y no los aceptes si antes no se han despojado de todo el equipaje. 
Hermes.- Tienes mucha razón, así que acataré tus órdenes. Vamos a ver, ¿quién es el primero?
Menipo.- Soy Menipo. Mira, Hermes ha lanzado al agua mi alforja y mi bastón. Menos mal que el manto lo dejé, y bien que hice. 
Hermes.- Entra, Menipo, gran hombre. Puedes escoger tu asiento, junto al piloto, y en la parte más alta, para que puedas ver a todos. Y aquel joven tan hermoso de allí, ¿quién es? 
Carmóleo.- Ese es Carmoleo de Mégara, el irresistible, cada uno de sus besos valía dos talentos.
Hermes.- Ya puedes ir deshaciéndote de tu belleza, de tus labios besucones, y de tu larga cabellera, también de tus mejillas sonrojadas y del resto de la piel. Está bien así; ya puedes entrar, ahora pesas mucho menos. ¡Tú, el del manto púrpura, la diadema, y el rostro terrible! ¿Quién eres? Lampico.- Me llamo Lampico, y soy tirano de Gela. 
Hermes.- ¿Y te presentas aquí con toda esta pompa, Lampico? 
Lampico.- No sé por qué razón te extraña tanto, ¿es que un tirano tiene la obligación de llegar desnudo, Hermes? 
Hermes.- Un tirano, claro que no, pero tú ahora eres un muerto, y éstos sí la tienen. Venga, desnúdate.
Lampico.- Mírame, ya no me queda nada. 
Hermes.- Ahora debes abandonar también la soberbia y el orgullo, Lampico. Pesan demasiado para entrar contigo en la barca. 
Lampico.- ¿No podría al menos conservar la diadema y el manto? 
Hermes.- De ninguna manera. Debes dejarlo todo. 
Lampico.- Haré lo que me dices. ¿Qué más? Porque todo lo he soltado ya, como puedes comprobar.
Hermes.- Despójate también de la crueldad, la locura, la insolencia y la cólera. 
Lampico.- Al fin, desnudo estoy. 
Hermes.- Está bien, sube ya. Y tú, grueso y musculoso, ¿cuál es tu nombre? 
Damasias.- Damasias, el atleta. 
Hermes.- Sí, ya me lo parecía. Te reconozco, pues te veía a menudo en las palestras. 
Damasias.- Así es, Hermes. Puedes dejarme entrar ya, pues estoy totalmente desnudo. 
Hermes.- A mí no me lo parece, amigo mío, pues son muchas las carnes que te rodean. Así que, deshazte de ellas, o de lo contrario la barca se hundirá al poner en ella un solo pie. Y también tira las coronas y trofeos que vas luciendo. 
Damasias.- Heme totalmente desnudo, como puedes ver peso lo mismo que cualquier muerto.
Hermes.- Ahora ya está mejor. Puedes subir. Y tú, Cratón, abandona tus riquezas, placeres y esa buena vida que llevas. No puedes subir tampoco con las pompas fúnebres ni los títulos de tus antepasados. Olvídate del linaje y la gloria, y arroja todos aquellos elogios que recibiste de algunas ciudades, y también esas inscripciones de las estatuas a ti dedicadas. No debes mencionar el gran sepulcro erigido en tu nombre, pues ya sólo el recuerdo de todo ello, pesa mucho. 
Craton.- Aunque me cueste, lo haré. Pues, ¿qué otra cosa puedo hacer si no? 
Hermes.- ¡Oye, tú! ¿A dónde vas tan armado? ¿Por qué llevas ese trofeo? 
Un General.- Lo traigo porque vencí, Hermes, y la ciudad me colmó de honores por mi sobresaliente valentía en la guerra. 
Hermes.- Suelta ese trofeo. En el Hades no te hará ninguna falta, pues allí reina la paz. Y ese de grave expresión, altivo gesto, de arqueadas cejas y abundante barba, que va totalmente sumido en sus meditaciones, ¿cuál es su nombre? 
Menipo.- Un filósofo, aunque de hecho, puedes llamarlo impostor o charlatán. Cuando le desnudes, descubrirás bajo su capa muchos objetos ocultos, dignos de risa. 
Hermes.- Primero, quítate el vestido, y después todo lo demás. ¡Oh Zeus! ¡Cuánta vanidad traes!, ¡cuánta ignorancia, vanagloria, espíritu de contradicción y problemas inextricables, espinosos discursos y liosos pensamientos! Y, por si no bastara, muchísimo trabajo inútil, y excesiva charlatanería, frivolidad y gran cantidad de palabras sin sustancia y, ¡por Zeus! También traes montones de oro, sensualidad, desvergüenza, ira, y voluptuosidad. Aquí nada pasa inadvertido, por mucho que quieras ocultarlo. Deja también tu falsedad, después tu presunción y superioridad. Con toda esa carga, ni una nave de cincuenta remos soportaría tu peso. 
Filósofo.- Me desharé de todo ello, si tú me lo pides. 
Menipo.- También debería afeitarse esa barba tan pesada y espesa, Hermes, por lo menos hay cinco minas de pelos. 
Hermes.- Tienes razón: ¡Quítatela también! 
Filósofo.- ¿Y quién me afeitará? 
Hermes.- Menipo lo hará con el hacha que usan los constructores de naves. Y utilizará la pasarela como tajo. 
Menipo.- No, Hermes. Será más divertido con una sierra. 
Hermes.- Con el hacha será suficiente ... ¡Bien! Ahora, sin esa peste a animal, pareces más humano.
Menipo.- ¿Te parece si le retoco también las cejas? 
Hermes.- Es una buena idea, pues las tiene arqueadas en lo alto de la frente, dándole un aspecto soberbio, no sé por qué. ¿Qué es eso? ¿Ahora lloras, canalla?, ¿es que te asusta la muerte? Embarca ya de una vez. 
Menipo.- Sin embargo, aún guarda lo peor debajo del brazo. 
Hermes.- ¿A qué te refieres, Menipo? 
Menipo.- A la adulación, Hermes, con la que ganó todo lo que tiene. 
Filósofo.- Entonces tú, Menipo, debes dejar tu libertad, sinceridad y despreocupación, también tu alma noble y tu risa: pues eres el único que no para de reírse. 
Hermes.- Ni hablar. Consérvalas. Pues todas ellas son ligeras, fácilmente transportables y muy útiles para el viaje. En cuanto a ti, orador, ya puedes ir descargando toda esa engañosa verborrea, repleta de contradicciones, comparaciones, barbarismos, además de otras muchas pesadas cargas del lenguaje.
Orador.- Está bien, lo dejo todo. 
Hermes.- Pues ahora, barquero, ya puedes quitar las amarras, recoger la pasarela y levar el ancla; después, despliega la vela y hazte cargo del timón. Espero que tengamos un buen viaje. ¿Por qué os lamentáis ahora, imbéciles, en especial tú, filósofo, a quien acabamos de afeitar la barba? 
Filósofo.- Lloro, Hermes, pues creía que el alma era inmortal. 
Menipo.- Te engaña; son otros motivos los que le afligen. 
Hermes.- ¿Cuáles son? 
Menipo.- Que ya no podrá nunca más disfrutar de magníficos banquetes, ni tampoco podrá escapar por la noche a escondidas de la gente, tapándose la cara con la capa, y así poder ir de burdel en burdel hasta el día siguiente, ni los jóvenes serán engañados y ni le ofrecerán ya más dinero a cambio de su charlatanería disfrazada de falsa sabiduría. Eso es lo que más le duele. 
Hermes.- ¿Y a ti, Menipo, no te apena estar muerto? 
Menipo.- No tengo ninguna razón para estar afligido, pues, como bien sabes me adelanté a la muerte, sin que nadie viniese a buscarme (1). Oye, perdona, ¿no oyes un clamor, como gritos que provienen de la tierra? 
Hermes.- Tienes razón, Menipo, y no vienen de un solo lugar. Los de Gela se han reunido en la asamblea y celebran gozosos la muerte de Lampico, mientras las mujeres sujetan a su esposa, y sus hijos, muy jóvenes aún, pasan por lo mismo, como presa de otros niños, son apedreados continuamente. En Sición aplauden al orador Diofanto, pues pronunció un discurso fúnebre en honor a Cratón. Y, ¡por Zeus!, también está presente la madre de Damasias que inicia, gimiendo, las lamentaciones de un grupo de mujeres por la muerte de su hijo. En cambio, a ti Menipo, nadie te llora; así tus restos pueden descansar en una paz absoluta. 
Menipo.- No lo creas. Si escuchas con atención, oirás a los perros aullar lastimosamente y también el batir de alas de los cuervos, cuando estén reunidos en mi entierro. 
Hermes.- Eres único, Menipo. Al fin hemos llegado a la otra orilla: presentaos vosotros ante el tribunal, seguid recto ese camino; el barquero y yo debemos ir a buscar otros muertos. 
Menipo.- Buen viaje, Hermes. Sigamos adelante. ¿A qué estáis esperando? Seremos juzgados de todas formas. Se dice que los castigos impuestos son verdaderamente crueles: ruedas, piedras, aves carroñeras (2). Y la vida que habéis llevado quedará evidenciada en cada uno de vosotros.
(1) Hace referencia al suicidio de este personaje.
(2) El autor hace referencia a castigos impuestos a diferentes personajes mitológicos como el de la roca y el buitre, sufrido por Prometeo, Sísifo, o Ticio. 


Más información: 

patriciadamiano.blogspot.com

www.elindependientedegranada.es

Pliego suelto 

El vuelo de la lechuza

Mitología a través del arte 




domingo, 30 de junio de 2024

Hambre. Knut Hamsun (II)

Las imágenes que ilustran esta entrada pertenecen a la versión en cómic de Martin Ernsten editada por Nordica libros.
Las imágenes que ilustran esta entrada pertenecen a la versión en cómic de Martin Ernsten editada por Nordica libros. 

La novela inaugura el siglo XX y la narrativa contemporánea. Lo dice el propio escritor: 

Un libro sobre las delicadas oscilaciones de una vulnerable alma humana, sobre esa extraña vida de la mente, sobre los misterios de los nervios en un cuerpo consumido por el hambre.

Hambre se aleja del realismo a través de subjetividad extrema y describe lo que ocurre en la mente de un personaje extremista, idealista y loco. No obstante, se aleja del Romanticismo porque el narrador no describe, sino que construye la realidad, el universo, desde su perspectiva. Como Picasso o Kandinsky. 

Si Cervantes reinventa la novela como herramienta de indagación a través del choque de perspectivas y la relación dialéctica entre los personajes y el entorno, Hamsun recrea el proceso en el que los sentimientos más profundo de un ser humano generan, como una divinidad un mundo a su imagen y semejanza, de acuerdo a sus necesidades de gozo y castigo.


Algunos ejemplos. Casi al comienzo de la novela ocurre el encuentro con la heroína romántica, un personaje antagonista femenino del que nunca sabemos nada. Ni siquiera su nombre. Simbólicamente, el narrador protagonista la bautiza simbólicamente como 'Ylayali', es decir, la reinventa, le da forma y sentido a su existencia. 

Me detuve y dejé que me adelantara de nuevo; no podía seguir caminando, todo me parecía muy extraño. estaba muy irascible, irritado conmigo mismo por lo que había sucedido con el lápiz y exultante en extremo por toda esa comida con que había obsequiado a mi vacío estómago. De repente, mi pensamiento toma caprichosamente una extraña dirección, se apodera de mí una curiosa inclinación a infundir temor a esa dama, a seguirla e incomodarla de algún modo. La alcanzo de nuevo y la adelanto, me vuelvo de repente y me encuentro con ella cara a cara. me quedo mirando sus ojos azules y en ese mismo instante invento un nombre que jamás había oído, un nombre con un sonido melódico y nervioso: Ylayali. 


Durante todo el texto, la realidad que explica el protagonista refleja un desequilibrio entre su autoconciencia en soledad y su inseguridad en sociedad. Lo vemos cuando describe sus proyectos literarios que le darán renombre y le confirmarán como un genio, sacándole del pozo en el que se encuentra actualmente. Pero especialmente en su encuentro con una prostituta. El protagonista lo narra, siempre desde su perspectiva, pero al leerlo, nos efrece la sensación de que a realidad podría ser algo diferente: 

En Stortingsplass me topé con una muchacha que me miraba fijamente conforme me iba acercando a ella. ¡Buenas noches!, dije. ¡buenas noches!, y se paró. Hum. ¿Cómo andaba sola tan tarde? ¿No era un poco arriesgado para una joven pasear por karl Johan a esas horas? Ah, no? Bueno, pero no la importunaban nunca, quiero decir, no la invitaban a ir con ellos? La muchacha me miró extrañada, escruto mi rostro preguntándose que qué quería decir con eso. De repente me cogió del brazo y dijo: ¡Vámonos!

La seguí. Cuando hubimos dado algunos pasos junto a la estación de coches, me detuve, logré desprenderme de su brazo y dije: Escucha, amiga mía, no tengo ni un øre. Y me dispuse a marcharme. 

Al principio no quiso creerme, pero después de palpar mis bolsillos y no encontrar nada, se enfadó, echó la cabeza hacia atrás y me llamó tonto. Buenas noches!, le dije. ¡Espere un poco!, gritó. ¿Son de oro sus gafas? No. ¡Váyase al infierno, entonces! y fui. 

AL poco rato echó a correr tras mis pasos y volvió a llamarme. Puede venir conmigo aunque no tenga nada, dijo. me sentí humillado por la oferta de una pobre prostituta y dije que no. Además era muy tarde y tenía que acudir a otro sitio y, por otra parte, ella tampoco podía permitirse sacrificios de esa clase. 

Sí, ahora quiero que venga conmigo. Pero yo no quiero ir con usted así. Entonces seguro que va a ver a otra, dijo. No, contesté. ¡Ay!, no había mí ninguna chispa aquellos días, las muchachas se habían vuelto como hombres para mí. La miseria me había dejado seco. Pero tuve la sensación de encontrarme ante una situación lastimosa ante esa prostituta poco común y decidí salvar mi honor. 

¿Cómo se llama usted?, pregunté. ¿María? ¡Ahora escúcheme, María! Y me puse a explicar mi conducta. La muchacha estaba cada vez más asombrada. ¿Había creído acaso que era de esos que recorrían las calles por las noches a la caza y captura de muchachas? ¿De veras pensaba tan mal de mí?¿Le había dicho algo indecoroso? Se comportaba como yo la gente de malas intenciones? Tan solo le había hablado y seguido un par de pasos para ver hasta dónde llegaba. Por cierto, me llamaba Fulano de tal, pastor tal. buenas noches! ¡Vete y no peques más! 


Más información: 

Podcast. Club de lectura

librosarcanos.es

La plaza de Poe

lahierbaroja.com

Versión cómic de Nordica libros.

zendalibros.com

Ni un solo libro 





jueves, 27 de junio de 2024

Ritos de jaima. Liman Boisha

Imagen: La generación de la amistad. Poetas saharauis. 

Poca gente lo sabe: en el Sáhara Occidental todavía se nombran en castellano objetos como 'cuchara', 'chaleco', 'jarro', 'sábana' o 'mesa'. Un recuerdo de la cotidianeidad de otro tiempo, cuando los territorios ocupados por Marruecos constituían la provincia española número 53. 

En los campamentos de Tinduf en Argelia (un refugio para los saharauis abandonados por España en 1976), el castellano supone el recuerdo de una herida conservada por quienes han vivido más de medio siglo en el desierto. Pero una herida que refuerza la identidad cultural de un pueblo más allá de idiomas y fronteras. 

Quizás sorprende el dato, pero entre las jaimas y en las aldeas del desierto se transmiten leyendas, cánticos y arraigo en castellano. Lo dice el poeta sharaui Liman Boisha: pocos pueblos tan generosos, aman la lengua de aquel que un día les traicionó. Existe literatura en castellano en África del norte y la conservan la Generación de la amistad, un grupo de poetas saharauis que escriben castellano: Liman Boisha (1972), Ali Salem Iselmu (1970), Bahia Mahmud Awah (1960), Zahra Hasnaui (1964), Sukeina Aali-Taleb Fernández (1975), entre otros. 

No solo les une idioma, identidad y origen, sino el respeto y el deseo de dignificar su cultura. Aunque la mayoría de la generación vive en diferentes lugares de España, nacieron en el Sáhara Occidental cuando era colonia española, estudiaron en Cuba y regresaron a los campamentos de refugiados en Argelia.

Liman es uno de los poetas más aventajados de su generación y Ritos de jaima una obra de gran belleza que trasmite amor por una cultura nómada bajo el amparo simbólico de la jaima. Un amor que se trasmite a través del conocimiento de los ritos cotidianos. Poemas y explicaciones que permiten entender y por lo tanto valorar la forma de vida en los campamentos que que se basa en la importancia de la comunidad. 


La 'gente del bismilah rahmani rahim'

Es la hora de la oración

y me descalzo.

detrás busco un lugar limpio, 

y sobre la arena me postro,

y con arena purifico mis manos, 

mi rostro, 

mis antebrazos. 

En el nombre de Dios,

me levanto y elevo mis manos

en señal de rendición,

dejo mi mente desnuda

y recito la sura de Al Fat-ha.

De improviso estoy frente a un rebaño, 

invitado al pago de una deuda,

o converso con mi mujer sobre el próximo viaje. 

¡Y qué ojos hacían el té al lado del pozo!

Pero ¿quién me distrae de la oración?

¿Es un yinn?...

Debe ser blis, sheitan, el infame, el provocador, 

que enreda con sus deleites. 

Es él quien fomenta las enfermedades, 

arruina los pastos, 

el que seca los pozos, 

y envía sus oleadas de "gente del bismilah rahmani rahim

con tentaciones y pactos perversos. 

En la plegaria consciente,

en las escrituras y en las plantas, 

están los remedios

para neutralizar sus fechorías. 

¡Qué ojos

hacian el té al lado del pozo!

Pero ¿quién me distrae?...




Más información: 

peonza.es

Generación de a amistad saharaui

literafricas.com

trasdemar.com

sábado, 9 de mayo de 2015

La joya del discernimiento (Viveka Chudamani). Sankara


Adi Sankara (o Shankara) fue uno de los pensadores más importantes de la india en el siglo IX, fundamentales para fijar los conceptos de Brahman (Lo unitario exterior) y el proceso de su descubriemto en el Atman (lo unitario interior).

No me atrevería a explicar qué es el Brahman, tampoco Sankara, solamente ilumina un camino, que no tiene por qué conducir a la sabiduría, sino que sirve para medirte frente a ese otro modo de comprender el mundo: el modo oriental, el contemplativo el sentido más paralizante del término, el que no se practica a través de la acción o el que persigue la muerte en vez de huir de ella.

También el modo condescendiente, el que acepta la calamidad con la misma actitud que la alegría.

Es decir, el modo que define la cosmovisión occidental por mostrar su reflejo contrario.

Sorprende, para un occidental, la concepción de Sankara del mundo y las percepciones, el fenómeno, como una ilusión, idea que tardaría más de diez siglos en asumirse en el mundo que nació que nació en la vieja Europa y su interpretación del sueño como algo que es verdad y mentira que expresa lo aprendido y lo experimentado durante la vigilia.


Dice Sankara:


El sueño es un estado diferente al de la vigilia en el que el ser brilla por sí mismo. En ese estado, el órgano interno empujado por las impresiones recibidas durante el estado de vigilia actúa por sí solo desempeñando los distintos papeles, tanto de sujeto como de objeto, usando la energía que extrae del Atman, que brilla en su propia gloria, siendo el testigo de todo sin verse afectado por nada de lo que en ese estado el budhi, que es su única sobreimposición, pueda hacer. Los sueños no pueden mancillar el Atman.

137

La atadura de un hombre es debida a la sumisión de su propia ignorancia que le lleva a identificar el Ser con este no-Ser, lo cual trae como consecuencia las interminables miserias del nacimiento y la muerte. Es debido a esta ignorancia que el hombre considera este cuerpo como real y se identifica con él; nutriéndolo, bañándolo y complaciéndolo con todo tipo de agradables objetos sensuales; lo cual crea el apego que le ata, igual que el gusano queda atrapado en las hebras de su propio capullo.

140

Cuando se pierde la visión del propio Ser, que brilla en el más puro resplandor, el hombre, impulsado por su ignorancia, se identifica erróneamente con este cuerpo, que es el no-Ser, y entonces, el gran poder de rajas, llamado el poder de proyección, fustiga cruelmente a este hombre atándole con las cadenas de la lujuria, el odio, la ira etcétera.

El apego del hombre es consecuencia de su sumisión al poder de esas dos fuerzas (la que nubla y la que proyecta) y engañado por ellas, él confunde el cuerpo físico con el Ser, lo cual le obliga a seguir vagando de cuerpo en cuerpo

Solamente es libre aquel que puede discernir los objetos de los sentidos y el Ser, que morando dentro de todos los seres, permanece separado e inactivo -igual que se puede separar un tallo de hierba de todo el ramillete que le rodea- y sumergiéndolo todo eso, permanecer en estado de intensidad con su Ser.

Este cuerpo no existía antes del nacimiento ni tampoco existirá después de la muerte; sólo dura un corto periodo de tiempo. Sus cualidades son transitorias y su naturaleza es estar en continuo cambio. Es una masa inerte compuesta y sujeta a diversas transformaciones; no es más que un objeto de los sentidos, igual que una jarra. ¿Cómo puede ser el cuerpo nuestro propio Ser, que es el único testigo permanente de todos los cambios en los tres estados?

Este cuerpo compuesto de manos, piernas, cabeza, tronco, etcétera, no puede ser el Atman, porque aunque le faltasen algunos o varios de sus miembros y órganos el resto del organismo sigue funcionando y e hombre puede seguir viviendo. este cuerpo que está gobernado por el cerebro no puede Ser, pues El es el gobernador de todo.

160

El necio piensa qu eél es su cuerpo, el erudito que ha extraído su conocimiento de los libros se identifica con la mezcla de cuerpo y el alma, mientras que el sabio que ha experimentado su Ser mediante la práctica del Conocimiento, reconoce que el eterno Atman es su Ser y para sí piensa: "Yo soy Brahman".

Igual que tú no te identificas con la sombra de tu cuerpo ni con la imagen de tu cuerpo que se refleja en el espejo, ni tampoco con este cuerpo que ves en tus sueños, ni con el cuerpo que adoptas en tus imaginaciones; de la misma manera no debes identificarte tampoco con este cuerpo vivo.

La experiencia universal nos enseña que en el estado de sueño profundo, cuando la mete queda reducida a su estado causal, para que ese individuo que está dormido, nada existe. De lo cual podemos deducir que esa experiencia relativa en la que el hombre vive, no es más que la creación de su propia mente y carece de realidad objetiva. 

Primero la mente crea en el hombre el apego pro su propio cuerpo y por los demás objetos de lso sentidos, lo cual le deja atado como una soga ata a un animal. Pero es esa misma mente la que más arde crea en el individuo un fuerte sentimiento de desagrado por esos mismos objetos sensuales, poniendo en evidencia su volubilidad, su inconstancia y su falta de objetividad. El sufrimiento que provoca en el individuo, este constante desdoblamiento provocado pro la dualidad mental, impulsa al individuo a buscar una realidad superior al comprobar que la mente no es digna de confianza. 

En la selva de los placeres sensuales mora un terrible llamado mente: que los hombres buenos que anhelan profundamente alcanzar la liberación jamás vayan allí. 

183

La envoltura mental tampoco puede ser el Ser Supremo, porque tiene un principio y un fin, está sujeta a cambios y se ve afectada por experiencias de sufrimiento y dolor. Además es un objeto reconocible por el Ser, que es el eterno sujeto que jamás puede ser identificado con un objeto que pueda llegar a conocerse con el intelecto. 

227

Todo este universo que en su multiplicidad es percibido pro el ignorante bajo diferentes formas separadas e independientes, no es más que Brahman que permanece absolutamente libre de todas las limitaciones de las que adolece el pensamiento humano. 

228

Una jarra, a pesar de ser una modificación del barro, no es algo diferente de él; en todas sus partes la jarra es esencialmente idéntica al barro, y a pesar de que se la llame jarra, esto no es más que una identidad ficticia, un nombre que induce a la fantasía. 

252

Al igual que es irreal todo cuanto aparece en un sueño, los objetos, el lugar, etc, también es irreal el mundo que experimentamos así, en estado de vigilia, porque no es más que el efecto de nuestra propia ignorancia. De la misma manera, este cuerpo, los órganos, los pranas, el ego... son también irreales, pues tú eres el sereno, puro, supremo Brahman, el primero sin segundo. 



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domingo, 12 de abril de 2015

En busca del tiempo perdido. 1. El camino de Swann




"Los hechos no penetran en el mundo donde viven nuestras creencias 
y como no les dieron vida no las pueden matar".


La literatura que supera la historia y la simple narración de una historia. Es decir la escritura (la transcripción) de una mentira que es más real que la realidad en cuanto a la emoción expresada.

Por el camino de Swann inicia el macrorelato En busca del tiempo perdido, escrito durante su encierro de 14 años en una habitación con la sola herramienta de la escritura para recuperar (recrear) su historia a través de sus impresiones.

Para algunos es una biografía cifrada donde el narrador es el autor y los acontecimientos y personajes tienen equivalencias directas en la vida real, una especie de biografía que se extiende en páginas y párrafos asfixiantes. Pero es una novela de ficción y como tal está escrita.

No obstante, a un nivel estructural, la única realidad de la novela es una masa de consciencia apropiándose del entorno y una consciencia, también, que intenta definirse fijando su experiencia, aunque sabe que sus percepciones, sus recuerdos no son una colección de historias que uno lleva sobre sí mismo, sino la misma individualidad que se transforma constantemente pero que desde lejos es siempre lo mismo: como, aunque suene a simbolismo barato, las mareas y la orilla del mar.

Este primer tomo asienta las bases temáticas y estilísticas que desarrollará Proust a los largo de 14 años de escritura sin apenas ninguna variación ni progresión: todo el libro es lo mismo, como dijo Cortázar, todos los fuegos el fuego: la descripción impresionista poética de los paisajes y construcciones que no explica nada sobre el paisaje sino sobre la consciencia de quien los observa, y el análisis psicológico de las motivaciones humanas a través de las anécdotas y el comportamiento :

y el amor y los celos como el momento en el que la consciencia se da cuenta de sí misma al descubrir al otro: el desconocimiento sobre el otro, el saber que es igual que nosotros y descubrir en el desconocimiento de ellos lo oculto de nosotros mismos.

Y por supuesto, el concepto bersoginano del tiempo y de la memoria, el estado del alma que cambia a cada instante, y la no posibilidad de la existencia de la consciencia sin la memoria y de la memoria sin la adición al sentimiento presente del recuerdo de los momentos pasados. La vida interior que es un continuo no una sucesión de estados y la constatación de que sin esta duración del pasado en el presente no habría posibilidad de consciencia sino solamente instantaneidad. 

Este primer tomo incluye la historia 'Unos amores de Swann' que a veces se publica separado por su independencia temporal (incluso hay una película), y que en cierto sentido puede ser un pequeño En busca del tiempo perdido. Swan, hombre elegante y sabio, admirable en cierto sentido en su enfermedad: los celos (uno de los temas más importantes del libro) que representan no el engaño amoroso ni la ruptura del ideal, sino la necesidad de conocer (lo desconocido, entendiendo por celos aquello que no es verdad, porque se desconoce, pero que surge en el mundo interior como una verdad completa que de ser conocida acabaría con el sufrimiento. 

En fin, subrayados:

La pared de la escalera por donde yo vi vi ascender el reflejo de la bujía, ha largo tiempo que ya no existe. En mí, también se han deshecho muchas cosas que yo creí que durarían siempre, y se han alzado otras nuevas preñadas de penas y alegrías nuevas que entonces no sabía prever, lo mismo que hoy me son difíciles de comprender muchas de las antiguas. Hace mucho tiempo también que mi padre ya no puede decir a mamá: "Vete con el niño". Para mí nunca volverán a ser posible horas semejantes. Pero desde hace poco otra vez empiezo a percibir, si escucho atentamente, los sollozos de aquella noche, los sollozos que tuve valor para contener en presencia de mi padre, y que estallaron cuando me vi a solas con mamá. En realidad, esos sollozos no cesaron nunca; y porque la vida va callándose cada vez más en torno mío, es por lo que los vuelvo a oír, como esas campanillas de los conventos tan bien veladas durante el día por el rumor de la ciudad, que parece que se pararon, pero que tornan a tañer en el silencio de la noche". 

Considero muy razonable la creencia céltica de que las almas de los seres perdidos están sufriendo cautiverio en el cuerpo de un ser inferior, un animal, un vegetal o una cosa inanimada, perdidas para nosotros hasta el día, que para muchos nunca llega, en que suceda que pasamos al lado el árbol, o que entramos en posesión del objeto que las sirve de cárcel. Entonces se estremecen, nos llaman, y en cuanto las reconocemos se rompe el maleficio. Y liberadas por nosotros, vencen a la muerte y tornan a vivir en nuestra compañía. 
Así ocurre con nuestro pasado. Es trabajo perdido el querer evocarlo, e inútiles todos los afanes de nuestra inteligencia. Ocúltase fuera de sus dominios y de su alcance, en un objeto material (en la sensación que ese objeto material nos daría) que no sospechamos. Y del azar depende que nos encontremos con ese objeto antes de que nos llegue la muerte, o que no le encontremos nunca...

(...) obras de esas ingenuas como lo eran mis propias impresiones, obras que indignaba a las hermanas de mi abuela el que yo admirara. Creían ellas que deben presentarse a los niños obras de arte de las que admiramos definitivamente cuando somos hombres maduros, y que os niños demuestren buen gusto si las encuentran agradables desde un principio Y es porque, sin duda, se representaban los méritos estéticos como objetos materiales que unos ojos abiertos no tienen más remedio que percibir, sin necesidad de haber ido madurando lentamente sus equivalentes dentro del propio corazón. 

al fijarme en las formas de sus agujas, en lo movedizo de sus líneas, en lo soleado de su superficie, me di cuenta de que no llegaba hasta lo hondo de mi impresión, y que detrás de aquel movimiento, de aquella claridad, había algo que estaba en ellos y que ellos negaban a la vez. 

(...) y muy pronto sus líneas y sus superficies soleadas se desgarraron, como si no hubieran sido más que una corteza; algo que en ellas se me ocultaba surgió; tuve una idea que no existía para mí en el momento antes, que se formulaba en palabras dentro de mi cabeza, y el placer que me ocasionó la vista de los campanarios creció tan desmesuradamente, que, dominado, por una especie de borrachera ya no pude pensar en otra cosa. 

Y de ese modo, por el lado de Guermantes, he aprendido a distinguir esos estados que se suceden en mi ánimo, durante ciertos periodos, y que se reparten cada día uno de mis días, llegando uno de ellos a echar al otro con la puntualidad e la fiebre; estados contiguos, pero tan ajenos entre sí, tan faltos de todo medio de intercomunicación, que cuando me domina uno de los no puedo comprender ni siquiera representarme, lo que deseé, temí o hice cuando me poseía el otro. 

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