sábado, 26 de enero de 2013

Poesía española. Notas y estudios de crítica literaria. José María de Cossío.


Este libro lo rescaté sin permiso de la biblioteca de mi abuela y es una corroída joyita que hay que abrir con cuidado para que no crujan sus páginas secas y amarillentas. Un libro editado en Madrid en la sangrante fecha de 1936 como resumen de lo que fue una época (los primeros treinta años del siglo XX) en la que la poesía tenía un lugar en la sociedad.

Viendo la fecha de edición sorprende que se editase un libro así, con lo que venía por delante o ya había empezado. Parece, entonces, la poesía y el Siglo de Oro español un simple escapismo diletante fuera de lugar... Como excusa, Cossío simplemente recopiló una serie de notas que venía publicando en diversas revistas donde reflexionaba sobre algunos aspectos poéticos de la literatura clásica española.

Tiene su encanto el libro más que por la profundidad de sus reflexiones, por el amor que este hombre le tenía a los poetas. Pero no seamos injustos, también por los conocimientos que demuestra. Cossío analiza a escritores para los que la poesía era una estructura artística tan complicada como una obra de ingeniería y donde se ponían en juego factores que hoy apenas se tienen en cuenta y que no vendría mal empezar a recuperarlos si quieren los poetas ser algo más que impresiones mas o menos originales.

Autor del monumental Tratado Taurino conocido como "El Cossio", era una figura habitual de las tertulias madrileñas y participó en la fundación de la revista Cruz y Raya junto a José Bergamín. Amigo de todos y hombre comedido, tras la guerra civil, bien relacionado con el bando de los vencedores, utilizó sus influencias para que se le conmutase la condena a muerte por cadena perpetua a Miguel Hernández (no sé qué sería mejor para el poeta), quien fuera además de amigo, uno de los colaboradores más importante de su gigante obra sobre tauromaquia.


Os transcribo uno de los pequeños ensayos para que veáis de lo que hablo (no estaría mal transcribirlos todos):


Transito itálico. Cancioneros, Silvestre, Castillejo y Cetina.

Por un apotegma de Juan Rufo sabemos que en su tiempo se cantaba una cancioncilla, tenida entonces ya por antigualla, que comenzaba: ojos claros y serenos.

Al sabidor de esto ha de venirle, por fuerza, a la memoria en seguida el ojos claros, serenos, del madrigal de Cetina; más de uno a otro verso con sólo haber de diferencia una sílaba, se ha recorrido una enorme distancia. El buen catador de ritmos sabe que con la supresión de esa sílaba se ha vuelto el puente que separa nuestra poesía popular de la poesía renaciente; la justa uniformidad de las coplas de nuestros cancioneros, del estudiado y medido refinamiento del itálico modo.

El verso octosílabo da la sensación de entidad rítmica redonda y perfecta. Esa sílaba, en este caso la conjunción "y", le viene a servir como de puntal, o más hiperbólicamente, columna, que sostiene la bóveda del verso, mientras que el heptasílabo de Cetina, incapaz para mantenerse por sí solo erguido, pide apoyo del siguiente endecasílabo. Nuestro metro nacional se ofrece en su llana perfección para la expresión clara y sencilla, mientras el heptasílabo, insuficiente y claudicante, se presta a todas las malicias retóricas, a los más complicados arabescos sintácticos.

Así lo sintieron, al ver estrenar a nuestra lengua los metros italianos, los poetas de la vieja escuela, y a ello apuntan las censuras todas, en las que acaso tenían alguna razón, aunque desde luego les faltaba toda en querer eliminar por antiartístico el artificio que censuraban. Pero que conste que el artificio era real y verdadero. 

Gregorio Silvestre los tilda así a los nuevos ritmos:

Unas coplas muy cansadas,
con muchos pies arrastrando,
a lo toscano imitadas entró un amador cantando
enojosas y pesadas.

Y añade a estas acusaciones:

¿donde se aprende
este metro tan prolijo...?

Y, como resultado de todos los rodeos y prolijidades, esta conclusión:

El estilo tan oscuro,
que la dama en quien se emplea
duda, por sabía que sea,
si es requiebro o es conjuro.

Esta aptitud de los metros italianos para la afectación la nota aún mejor Castillejo. Así hace decir a Jorge Manrique, en aquella fantasía en que los viejos trovadores acuden a juzgar las novedades italianas:

Don Jorge dijo: -no veo
necesidad ni razón
de vestir nuestro deseo
de coplas que, por rodeo,
van diciendo su intención.
Nuestra lengua es muy devota
de la clara brevedad,
y esta trova, a la verdad,
por el contrario denota
oscura prolijidad.

Tardas de relación le parecen a Cartajena en esta misma fantasía, y a Torres Naharro:

que corren con pies de plomo,
muy pesadas de caderas.

Esta vocación distinta de las coplas castellanas y los ritmos italianos condicionan el carácter y calidad de la materia poética, que es fundamentalmente la que padece variación arrastrando tras de sí su exterior vestidura. En el caso con que empezaba esta nota puede comprobarse.

No conocemos la idea del viejo cantar citado por Rufo y, naturalmente, cualquiera conjetura sobre su carácter resultaría necia e inútil; pero conocemos, si no es el mismo, un estribillo que comienza con idéntico verso, y lo es de uno de los madrigales publicados con su música por Juan Brudieu, en 1585. El pensamiento tiene parentesco con el de Cetina; es una queja sencillamente expresada:

Ojos claros y serenos,
caros me costáis si os vi,
pues para todos sois buenos
y tan malos para mí.

Esto es algo dicho con agradable sencillez. La idea del madrigal de Cetina late en esta coplilla, pero no se alambica ni adelgaza hasta alcanzar el grado de excepción que notamos en el poeta italianizante. Que la idea de éste es afectada podrían probarlo experiencias de amadorers, pero tales testimonios subjetivos no han de tener aquí lugar. Sirva, aunque substancialmente padece la misma limitación, otro cantillo popular como prueba, sito en el Cancionero que fué de Herberay des Essart, pues en él se da la norma de la actitud lógica y sincera ante el enojo reflejado en los serenos y claros ojos.

Pues mi pena veis,
miradme sin saña
o no me miréis.

Prueba esto, a mi ver, que a un metro popular no le iría bien un pensamiento afectado, ni aún tan celestialmente afectado, como el de Cetina. Bien se está en sus formas italianas.

Y conste que no he tratado en este experimento de señalar una preferencia, que este caso siempre sería litigiosa, sino de subrayar una instructiva diferencia. 










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domingo, 20 de enero de 2013

Sueño de un hombre ridículo. Dostoiewski.


Dostoiewski no sabía hacer otra cosa más que ponerlo todo encima de la mesa cuando escribía, y eso es algo que no es fácil de digerir. Sinónimo hoy día de escritor sesudo y complicado, no es precisamente la complejidad su mayor barrera. Más bien, el alcance de sus percepciones (mucho más profundas de lo que el mismo escritor creía) a la hora de definir y expresar los conflictos de los seres humanos en relación con la sociedad. Y la verdad es que a veces da vértigo.

Este volumen lo componen cuatro cuentos, dos de ellos tienen especial interés literario.


El sueño de un hombre ridículo.

Si, en aquel tiempo tuve un sueño, el sueño del 3 de noviembre. Ahora me saldrán ustedes diciendo que sólo se trató de un sueño. Pero ¿qué importa que fuera un sueño o no lo que me reveló la verdad? Porque una vez conocida la verdad, sabéis que la verdad no puede ser otra, tanto si estáis dormidos como despiertos. Que sea un sueño, bueno, pero esta vida real a que dais tanta importancia, tenía yo el propósito de extinguirla, mientras que mi sueño, mi sueño..¡oh, mi sueño me reveló una vida nueva, grande y maravillosa! Escuchad.

Un cuento entre pre-surrealismo y utopía sobre un viaje a una etapa del mundo en la que la tierra no ha sido manchada aún por el pecado y donde los seres humanos son inocentes y felices. La ciencia no es necesaria, no existe la propiedad privada y la muerte es afrontada sin temor, con la certeza de una comunión con un todo que no se elabora en base a ninguna religión. En este entorno, el protagonista del relato permanece durante años y finalmente termina siendo el responsable de la caída del paraíso perdido. Los habitantes aprenden de él a mentir, y a partir del egoísmo, todos los problemas: el honor, los celos, la crueldad... poco después, el homicidio. Los seres humanos se separan, se vuelven egoístas, individualistas y solitarios, sufren y aprenden a festejar el dolor. El narrador lo sabe, se siente culpable, pero cuando pide el castigo, los demás le tratan como a un loco ridículo.

Un interesante relato sobre esa remota nostalgia de la felicidad perdida que no nos podemos quitar de la cabeza.




El siguiente cuento es directamente espectacular.

Era mansa y tímida.

Pocas veces un personaje literario adquiere tanto poder con tan poco. Solamente a través de lo que dicen de ella, un narrador en primera persona enloquecido por la tristeza y el remordimiento, conocemos al personaje femenino de este relato: una niña huérfana que acaba de quitarse la vida.

Dos hallazgos importantes se dan en esta narración: 1º, la transcripción experimental y psicológica de los desvaríos del narrador y 2º, la habilidad de Dostoiewski para conseguir que las imágenes descritas, que giran todas entorno de la malograda protagonista, consigan liberarse del punto de vista torzido del narrador. Como consecuencia de este conflicto de planos narrativos (las imágenes o secuencias y el narrador que las describe), se genera una suerte de ilusión tridimensional narrativa que potencia la fuerza del conflicto de la protagonista, mansa y tímida.

Un relato sobre la doble presión que sufre la mujer contemporánea: frente a la sociedad y frente a los hombres.

Declara Lukeria... ¡Ah, ahora por nada del mundo me separaría de Lukeria...! ¡Ella lo sabe todo, estuvo todo el invierno con nosotros, me lo contará todo! Dice que, aproximadamente unos veinte minutos antes de mi regreso, entró en la alcoba de la señora para preguntarle una cosa, no sé ya qué, y que se encontró conque ella estaba allí, y su icono (la imagen de la virgen) lo tenía delante de sí en la mesa y que señorita parecía estarle rezando.

-¿Qué tiene usted?
-Nada, Lukeria, vete... espera, Lukeria- y se acercó a Lukeria y la besó.
-¿Es usted feliz ahora, señorita?.
-si, Lukeria.
-Sí, sí, hace mucho tiempo- agregó la cocinera- que el señorito ha debido venir a pedirle perdón... gracias a Dios ya han hecho ustedes las paces.
-Está bien Lukeria- dijo ella- pero ahora vete.

Y sonrió, pero con una sonrisa extraña.... tan extraña que al cabo de diez minutos volvió Lukeria a ver lo que hacía la señorita.

-Miro y la veo de pie, pegadita a la pared, muy cerca de la ventana, apoyada la mano en la pared, y tan pensativa, y la cabeza en la mano, absorta en sus pensamientos. Y tan pensativa estaba que no reparó en que yo la miraba fijamente desde la otra habitación. La vi que tenía como una sonrisa, que reflexionaba de pie y que sonreía. Después de mirarla, me volví suavemente, reflexionando para mis adentros, cuando de pronto oí que abría la ventana. Estuve a punto de decirle: "tenga cuidado señorita, que hace frío, no vaya usted a pillar un catarro"; cuando de repente la vi que se subía al borde de la ventana, que se mantenía allí de pié, en el marco de la ventana abierta, vuelta de espaldas hacía mí y apretando el icono con las manos. El corazón me dio un vuelco y grité "señorita, señorita!".

(...)

En realidad, ¿Por qué se mató? ¿Por qué tenía que morir? He aquí la eterna pregunta. Esta pregunta zumba y zumba en mi cerebro. Si ella hubiese querido que la dejase en paz, yo la habría dejado en paz. Pero no me creyó capaz de ello. ¡Eso es todo! No, no. Miento. No es eso todo. Fue sencillamente porque, en lo futuro, hubiera tenido que amarme con lealtad absoluta, por completo y por entero, no como ella hubiera amado al comerciante. Pero como ella era demasiado honesta y pura para entregarse al género de afectos que necesita un tendero, no quiso engañarme. No quiso engañarme con un amor a medias o con una cuarta parte de amor, haciéndolo pasar por amor verdadero. Era demasiado leal, demasiado horada para eso. Eso es todo. ¿Recuerdan ustedes que yo quería inculcarle nobles sentimientos, infundirle generosidad? ¡Extraña idea!

Un ejemplo de la importancia de lo que no se dice, a pesar de que se digan muchas cosas. Completan el volumen los cuentos, Un ladrón honrado (muy ruso) y Bobok, otro desvarío surrealista y divertido sobre un cementerio.








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sábado, 12 de enero de 2013

El Aleph. Borges.

                                 Versión en cómic del cuento "Emma Zunz" por Laura Pérez Vernett














Dicen que los cuentos de Borges no requieren de la realidad para sostenerse: los sostienen las ideas. En cualquier caso, también lo hace su poderosa arquitectura narrativa y su estilo. Quienes le critican arguyendo que su obra "no es humana" encuentran la contra-réplica en quienes afirman que la obra de Borges trata sobre el asunto más humano de todos: el pensamiento. Aunque cabría preguntarse si es el pensamiento la característica definitoria del "humanismo" o no.

Aún así, resulta curioso que algunos de sus mejores cuentos (como "El sur", de Los jardines que se bifurcan o "Emma Zunz" en El Aleph) se alejan de los juegos filosóficos y se deslizan a una extraña realidad de bares nocturnos, alcohol, sexo y violencia donde apenas se encuentran muestras de ternura o amor. Desde que comenzó a escribir sus "falsificaciones literarias" con La historia universal de la infamia, la violencia irracional, la guerra y el egoísmo son sus referentes y sus imágenes recurrentes.


Leyendo algunos de sus cuentos uno se pregunta donde conoció Borges a sus arrabaleros que poco tardaban en empuñar una navaja o romper una botella, si Borges vivió toda su vida entre librerías y tertulias donde seguramente aunque discutieran sobre peronismo, nadie empuñaría un arma blanca.

¿Cuál es el sentido, entonces, de esa violencia? Teniendo en cuenta que cuando le preguntaban qué libros había leído últimamente respondía que solamente releía La Iliada una y otra vez, podemos afirmar que la violencia en Borges es simple estética, quizás imitación de sus lecturas. Todo escritor tiene sus imágenes a las que vuelve una y otra vez, escenas que le obsesionan sin poder explicar el por qué, aunque normalmente estén enraizadas en sus frustraciones y esperanzas y una de las imágenes de Borges es un cadáver, un revolver humeante o una navaja manchada de sangre. 


El contacto de Borges con su entorno y "la realidad" era el periódico y las novelas policíacas, es lógico que al escribir, al recrearse y profundizar en sus imágenes internas, el brillo del acero brillase manchado de sangre. Pero además, entre la paradoja y lo infinito, la obra de Borges esconde una triste y pesimista filosofía.

Por eso el infinito es uno de sus temas y también el asesinato. Su desconfianza y falta de fe en lo literario y en lo filosófico (hablando sobre Córtazar dijo una vez que profesaban credos políticos muy diferentes, pero para Borges, la ideología solo representa "la parte más superficial del hombre") era, decíamos, también una falta de fe en la humanidad. Un escepticismo radical que sería interesante conocer de dónde salía. 

Publicado en 1949, El Aleph es un ejemplo más de la obra madura de Borges: juegos literarios, conceptos, datos históricos y falsificaciones eruditas. Pero también cierto dramatismo poético en la estructura de sus historias y, sí, también en ese pesimismo vital que nos trasmite en la idea de la imposibilidad de terminar, de conocer y de abarcar.

Bueno, y también literatura ("tura de turas"). 


sábado, 29 de diciembre de 2012

Mujeres que corren con los lobos. Clarissa Pinkola Estés.


El primer trabajo de la carrera, de la asignatura Creatividad Publicitaria, consistía en tomar una fotografía del campus "diferente", así, entre comillas. No importaban las técnicas ni el tema, solamente que la fotografía expresase de alguna forma qué significaba para nosotros la creatividad.

Cuando los alumnos presentaron sus trabajos, me di cuenta de que casi todas las mujeres (o por lo menos un porcentaje bastante amplio) habían retratado infinitas puertas abiertas. Desde todas las perspectivas posibles, era el tópico femenino que más se repetía. He de decir que en su día me pareció el resultado de no estrujarse demasiado la cabeza, de quedarse con la primera idea que se les ocurrió (los hombres hicieron en su mayoría fotos de graffítis en el cuarto de baño y no preguntéis el motivo).

Hoy sé que no es así. Esa reiteración simbólica no se debía a una falta de creatividad, en absoluto. En cualquier caso podría deberse a una presión social. O siendo un poco más delicado, expresaba, quizás, el deseo de todas esas mujeres de respirar y liberarse de todos valores pesados que caen encima de ellas y que no les permiten vivir cómo realmente querrían vivir. En realidad, las puertas abiertas significaban muchísimas cosas más. 



Lo de las puertas abiertas se me quedó en la cabeza como un extraño símbolo femenino que no terminaba de entender. Y en cierto sentido, después de leer Mujeres que corren con los lobos, aparece de nuevo cargado de connotaciones y matices que lo enriquecen.

Me da miedo hablar de algo que me supera a tantos niveles, como el contenido de este libro, que a la vez es profundo, sencillo y muy importante. Mientras lo leía he pensado en mucha gente y en muchas situaciones y he sentido cómo algunos atascos mentales se diluían. Es uno de los pocos libros que querría recomendar a todo el mundo sin excepción y que debería de estar en los planes de estudio de todos los colegios.

Y aunque es un libro escrito por una mujer para otras mujeres, para ayudarlas a recuperar lo que han perdido por culpa de los esfuerzos milenarios de la "sociedad" por "civilizarlas" (otra vez entre comillas), por controlarlas, también es algo más: en el mejor sentido bergsoniano, es un libro sobre la recuperación del instinto como forma de conocimiento y de relación con nuestro entorno.

El instinto es algo frágil y poderoso, mucho más que la razón. Pero son pocos los afortunados (y menos las afortunadas) los que logran mantenerlo intacto en su vida adulta y que quizás, por ser más fuerte, o por lo menos intenso, en las mujeres que en los hombres, hemos construido (nosotros) un sistema que lo elimina, lo aparta y lo daña casi irreparablemente. 

Como bien explica Clarrisa, "casi", afortunadamente.

Decía Kafka que si al leer un libro no sentías como si te golpeasen con un martillo en la cabeza, no merecía la pena seguir leyendo. Mujeres que corren con los lobos no golpea, pero merece muchísimo la pena. Habla con serenidad, despacio y con ternura. Con la seguridad y la convicción de la que sabe que tiene algo importante que explicar.


sábado, 22 de diciembre de 2012

Por favor, mátame. Legs McNeil, Guillian McCain.


En 1975 Nueva York amaneció empapelada en carteles que anunciaban: "ya viene el punk". Nadie sabía a qué se refería. El punk vino y era otra cosa diferente a lo que sus creadores esperaban. Llegó incontrolable, enérgico y rabioso y pasó por encima de mucha gente que aún están preguntándose qué le pasó a la juventud entre 1975 y 1980. No pueden decir que no les avisaron.


Legs Mcneils, el primer punk, el punk residente tiene algo de culpa. En 1975, con 18 años, llegó a Nueva York y fundó la revista Punk! junto al dibujante John Holmstrom. Se emborrachó en el CBGB Club casi todas las noches, conoció a todos y fue testigo presencial, y partícipe, de la revolución musical que tuvo lugar a su alrededor. Para Legs, quien nunca entendió ni aceptó la versión británica, el punk era la vuelta a la desnudez y salvajismo del rocanrol, personalizado en grupos como Ramones y sobre todo Dictators: colocarse, comer hamburguesas, todo eso. Pero el punk era algo más. Se enraizaba en la desesperación de una generación completa sin futuro. Sobre eso trata Por favor mátame

Es el libro con el mayor porcentaje de locuras y disparates por páginas que he leído en mi vida y es un libro divertidísimo cuando te cuentan las historias aisladamente. Pero también son dramáticas y tristes, y  en conjunto, terribles: exclusión social, violencia, marginación, heroína, colapsos y colapsos... mucha gente quedándose por el camino sin motivo y cierta nobleza en algunos personajes que se dejaron arrastrar hasta la muerte, como Johnny Thunder, quien justo antes de morir al entrar en la habitación de hotel con un amigo se le cayó al suelo una bolsa de heroína y dijo: "nunca he tenido clase". Su amigo le respondió: "tienes muchísimo estilo, pero nunca has tenido clase".


Desde Velvet Underground, Lou Reed y la pandilla de adictos al speed que rodeaban a Andy Warhol, hasta la muerte de Sid Vicious, pasando por MC5, Nico, The doors, Television, Patie Smith, Iggy Pop, Bowie, New York Dolls, Malcon Mclaren...  y todos, en mayor y menor grado, desvariando. Porque el libro esta compuesto por transcripciones directas de miles y miles de horas de entrevistas. La historia del origen del punk contada por sus protagonistas... !y sin censura! 

Más de uno y una se echarán las manos a la cabeza.


Una lectura imprescindible si quieres entender algo de lo que ha pasado en los últimos años y al final se entiende bien qué era eso del Punk!. La revolución de los pardillos, de los perdedores, de los freaks, de los excluidos, de los que nadie esperaba nada, ni siquiera ellos mismos. La revolución de los marginados que cuando comenzaron a gritar se dieron cuenta de que no estaban solos y de que eran mejores que los demás.

La letra de esta canción creo que podría aplicarse a casi todos los "monstruitos" que aparecen en Por favor mátame y seguramente Lou Reed, cuando la escribió, pensaba en todos sus conocidos del CBGB y de los demás bares nocturnos, bohemios y creativos de Nueva York en los 70s.


lunes, 17 de diciembre de 2012

Nieve de primavera. Mishima.


Sorprende la cantidad obras que escribió Mishima. A sus 45 años dejó 49 novelas, 18 obras de teatro y 20 libros de ensayos, entre otras cosas. Muchos textos no tienen valor, los escribió deprisa pensando en los beneficios, pero aún así y viendo la calidad de algunas de sus obras, es envidiable.

A pesar de su nacionalismo y sus esfuerzos para conservar las tradiciones de su país, Yukio Mishima es el escritor japones más occidental de todos. Quizás por eso su obra sea tan leída en Europa y Estados Unidos: ofrece exotismo oriental y estética taoísta sin necesidad de cambiar los parámetros mentales, ya que Mishima en el fondo es un romántico peor que el Wether de Goethe. Un romántico de los que se suicidan por sus ideas. ¡Harakiri!

Nieve de primavera es la primera novela de la tetralogía "El mar de la fertilidad", que abarca la evolución del Japón desde comienzos del siglo XX hasta los años 70. La evolución de una sociedad que Mishima consideraba sumida en la decadencia moral y espiritual. 


La nieve de primavera es la pureza que tanto persiguen los personajes adolescentes de la novela. Algo que no durará mucho tiempo y por eso es frágil y hermoso. La búsqueda de la pureza en el amor y la imposibilidad de conservarla ante los cambios incesantes. Pero la nieve también representa la compasión por quienes no aceptan las presiones de una sociedad rígida y jerárquica.

Nieve de primavera es un tostón romántico y exageradamente dramático, que de no ser por la delicada y preciosista sensibilidad japonesa (y de Mishima) podría resultar una historia ridícula y excesiva... y aún así... las imágenes de la trágica historia de amor de los jóvenes Kiyoaki y Satoko permaecen en la memoria del lector durante mucho tiempo...


-Tienes razón -dijo Satoko-, yo no debería hablar así. No puedo pesar en lo que he hecho, porque es una cosa sucia. Kiyo y yo hemos cometido un horrible pecado, pero yo no me siento manchada en modo alguno. De hecho me siento como purificada. Mira, cuando vi esos pinos junto a la playa anoche, me di cuenta de que no volveré a verlos por muchos años que viva. Y cuando oí el ruido de la brisa que pasaba entre ellos, supe que nunca volveré a oírlo mientras viva. Pero cada momento que estuve allí me sentí tan pura que ahora no tengo remordimientos por nada de lo hecho. 

(...)

-En estos últimos días he estado luchando con el presentimiento de la muerte de la princesa Chan. En el periodo que se inició con su enfermedad y hasta su muerte he estado en ansiedad constante. Pero aún así, no teniendo idea de la verdad, vivía con suficiente calma. Veía con toda claridad el mar brillante y la playa. ¿Por qué no fui capaz de ver el cambio imperceptible que ocurría en la sustancia del universo? La brisa suave de la mañana, los árboles, los pájaros, todo estaba constantemente en mis ojos y mis oídos. Consideré que todo era la alegría de vivir, la esencia hermosa de la misma vida. Nunca se me ocurrió pensar que bajo esa superficie algo iba cambiando día a día, minuto a minuto...





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sábado, 15 de diciembre de 2012

Antología bilingüe. William Carlos Williams.


Salvo por un par de viajes a Europa en los años veinte, este amable y bondadoso médico de Rutherford permaneció durante toda su vida en la ciudad, dedicado a su trabajo, a su familia y a la escritura. Al contrario que los Rimbaud, su aventura fue interior, y fue un viaje lento, tranquilo, amable y comprensivo.

Aún así, es otro de esos poetas urbanos que mientras mantienen la existencia rutinaria y gris del asalariado -a modo de un destierro interior- su espíritu se mantiene libre y salvaje para vivir en plena comunión con el entorno, en una experiencia vital más enriquecedora.

Las macromagnitudes y las micromagnitudes. Lo concreto se universaliza. Por eso Williams, a través de la observación profunda y bienintencionada del mundo cercano que le rodeaba, llegó a cierta sabiduría existencial en la que podía aceptar, comprender y amar, todos los comportamientos humanos. Como Deborah Kerr en La noche de la iguana: "no hay nada humano que me repugne".

De hecho, al leer su obra poética parece que nos cuente la historia simultánea en un instante preciso en la vida de todos los habitantes de su pueblo y que, eliminando algunas concreciones costumbristas, es la historia de todos los pueblos.


Williams ve a sus semejantes, y el entorno que comparte con ellos, sin idealizarlos ni ensalzarlos y nos habla de ellos y de sí mismos en el mismo tono en el que ellos hablan: con una sensación de inmediatez y simpleza que solamente se consigue con una preocupación estilística, la brevedad y la depuración retórica.

Williams Carlos Williams es un poeta sencillo. Su experimentación formal, aunque sorprendente, carece de la brillantez de la de Eliot o Wallace Stevens, pero su obra expresa mejor la sensibilidad norteamericana y fue la primera desde Whitman que se sirvió de su habla y de su ritmo. Por eso, resulta casi imprescindible leerlo en inglés. No obstante, su simpleza acerca al lector la profundidad de sus percepciones.

El resultado es una poesía ágil, vivaz y tranquila y natural. Sus poemas no son obras perfectas sino artefactos verbales pensados para transmitir sensaciones y para hacer que lo ordinario parezca extraordinario.


La revelación.

Me desperté feliz, la casa
estaba rara, voces
por una abertura
a través de la cual una chica
llegó y se detuvo,
ofreciéndome ayuda...

Entonces recordé
lo que había soñado...
Una chica
a la que conozco bien
se agachaba junto a la puerta del coche
y me daba un golpecito en la mano...

Me cruzaré con ella
nos diremos trivialidades
el uno al otro,
pero jamás dejaré de buscar
en sus ojos
esa mirada tranquila...


La joven ama de casa.

A las diez a.m. la joven ama de casa
merodea en batín tras las paredes
de madera de la casa de su esposo.
Yo paso solitario en el coche.

Al poco sale hasta la verja de nuevo
a llamar al del hielo, al pescadero, y espera
tímida, sin corsé, recogiéndose
mechones sueltos de pelo, y la comparo
con una hoja caída.

Bajo las sigilosas ruedas de mi coche
hay un crujido de hojas secas
mientras saludo y paso sonriente.


Espíritu del 76

Su padre
construyó un puente
sobre el río de Chicago,
ella en cambio
construyó un puente
sobre la luna.


Esperando.

Cuando estoy solo soy feliz.
El aire es fresco. Un cielo
moteado y salpicado y herido
de color. Los falos encarnados
de las hojas del sasafrás
cuelgan ante mí en cúmulos
aglomerados en las grávidas ramas.
Pero cuando llego hasta la puerta de mi casa
y me dan la bienvenida mis hijos
a chillidos felices
se me cae el alma a los pies.
Me quedo hecho polvo.

¿Acaso no quiero a mis hijos tanto
como a las hojas caídas?
¿O es que uno tiene que volverse imbécil
para llegar a viejo?
Parece como si la Aflicción
me hubiera puesto la zancadilla.
¡Veamos, veamos!
¿Qué es lo que había pensado
decirle a ella
cuando me ocurriera
lo que me acaba de ocurrir?


El borrachuzo

Mendigo borracho
que vas dando tumbos

te juro por Dios
que a pesar de toda

tu inmundicia y sordidez
te envidio.

Se trata del rostro
del mismísimo amor

abandonado a semejante
impotente confinación

en la desesperanza.


Tener hambre es ser grandioso

La hierba pequeña y amarilla de la cebolla,
primer síntoma verde de la primavera
en el asfalto de Manhattan,
si se arranca tal cual brota, a puñados,
se lava, trocea y fríe
en una sartén, aunque propensa a saber
un poco a tierra, si está bien cocinada
y se sirve caliente con pan de centeno,
resulta el aperitivo perfecto con una cerveza...
y lo mejor de todo
es que crece en cualquier parte.


La dulce contraréplica.

Es en días así cuando querría
dejar mi trabajo y unirme
a los viejos que en una ocasión vi
en el muelle de Villefranche
pescando caracoles de mar
con un palo.

"Yo sé de otra cosa que podrías atrapar
igual de fácil -me dijo ella-
esta primavera, si es que quieres.
Pero lo más probable
es que no quieras ¿verdad?".







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