lunes, 5 de enero de 2026

Textos. Antonin Artaud


Poeta, dramaturgo o novelista. Genio de las vanguardias, clásico, loco o artista consumado. El libro recopila textos dispersos y un prólogo de Alejandra Pizarnik en una edición barata, pero supone una simple excusa para hablar de un artista de las letras que convirtió su nombre, su imagen, su simple presencia en una forma de arte. No obstante, su literatura emana una energía abrasiva que se trasmite más allá de las traducciones. Esta sorprendente fuerza interior crecía, eso dicen quienes le conocieron y quienes le escucharon, cuando sus versos o su profa se expresaban a través de su voz en recitales, performances o conferencias. 

Forma, contenido y expresión son los tres pilares de la obra de Artaud. La forma, para librarse de lo establecido (de las reglas del juego que decía Paul Valéry). El contenido, para retroceder hasta el pensamiento más primitivo posible y la expresión, no lo sé, parece que para Artaud la expresión suponía la encarnación del arte en su vida

Pizarnik nos explica a través de Arthur Adamov la materia indefinible de la obra de Artaud: 

1) La poesía de Artaud no tiene casi nada en común con la poesía clasificada y definida. 

2) La vida y la muerte de Artaud son inseparables de su obra en un grado único en la historia de la literatura. 

3) Los poemas de su último periodo son una suerte de milagro fonético que se renueva sin cesar. 

4) No se puede estudiar el pensamiento de Artaud como si se tratara de pensamiento, pues no es pensado que se forjó en Artaud. 

5) Numerosos poetas se rebelaron contra la razón para sustituirla por un discurso poético que pertenece exclusivamente a la Poesía .Pero Artaud está lejos de ellos. Su lenguaje no tiene nada de poético si bien no existe otro más eficaz. 

Así, diremos que la fuerza de Artaud no se limita la innovación (o a la simple libertad) formal, tampoco a la originalidad de su pensamiento y la profundidad de su contenido, ni a la sinceridad ni el atrevimiento de su expresión, sino a los efectos que produce el público. Esos efectos equivalen a un golpe físico y si se pregunta que de dónde proviene tanta fuerza, dice Pizarnik, que del más grande sufrimiento físico y moral. 

PRIMER FRAGMENTO: Van Gogh o el suicidado de la sociedad
Artaud escribió este ensayo al terminar nueve años de reclusión en manicomios franceses en los que padeció la terapia de electroshocks. Artaud se identifica con Van GoghEl pintor neerlandés es una víctima como lo fue él mismo. En este ensayo Artaud denuncia a la psiquiatría y propone una visión alternativa de la locura. Van Gogh (y por supuesto, él mismo) no era un loco, sino una persona "cuyo ángulo de visión" iba más allá de lo que es capaz de ver el conjunto de la sociedad. 

Dice Artaud que la sociedad no se limitó convertir al pintor holandés en un loco, sino que que (como le ocurrirá a él mismo poco después), le conducirá a la muerte. "Lo suicidó". 


El cuadro Trigal con cuervos (una de sus ultimas pinturas de Van Gogh) atrae de una manera especial al poeta francés. Literalmente, dice: "una inundación de cuervos negros en las fibras de su árbol interno lo sumergió en una última oleada, y tomando su lugar, lo mató". Artaud se siente cómplice de la genialidad de Van Gogh cuando le describe, para concluir su ensayo describiéndole (describiéndose) como "un pobre ignorante empeñado en no engañarse así mismo". 

No es frecuente ver a un hombre con, en el vientre, el tiro de fusil que lo mató, meter cuervos negros en un lienzo y, más abajo, un especie de llanura tal vez lívida, vacía en todo caso, en donde el color borra de vino de la tierra arrostra delirantemente el amarillo sucio de los trigos. 
Pero ningún pintor, si no Van Gogh, habría sabido encontrar como él, para pintar sus cuervos, ese negro de trufa, ese negro de "comilona lujosa" y a la vez como excremencial de las alas de los cuervos sorprendidos pro la luz descendente de la noche.
Y abajo, ¿de qué se lamenta  la tierra bajo las alas de los cuervos fastos, sin duda fastos solamente para Van Gogh y, por otra parte, fastuoso augurio de un mal que no habrá de tocar más a Van Gogh?
Pues hasta entonces nadie como él había hecho de la tierra esa ropa sucia, retorcida de vino y húmeda de sangre. 
El cuelo del cuadro es muy bajo, aplastado. Violáceo, como naves laterales de un rayo. 
La franja tenebrosa insólita del vacío subiendo a la manera del relámpago. 
Van Gogh ha soltado sus cuervos como los microbios negros de su bajo de suicidado a pocos centímetros de lo alto y como desde lo bajo del lienzo. 
Siguiendo el tajo negro de la línea en donde el latido de su rico plumaje hace pensar sobre el reborde de la tempestad terrestre las amenazas de una sofocación  de lo alto. 
Y no obstante, todo el cuadro es rico. 
Rico, suntuoso y calmo el cuadro.
Digno acompañamiento a la muerte de aquel que, durante su vida, hizo girar tantos soles ebrios sobre tantas parvas sublevadas y que, desesperado, con un tiro de fusil en el vientre, no supo no inundar un paisaje con sangre y con vino, sumergir la tierra con una última emulsión, alegre a la vez que tenebrosa, de un sabor a vino agrio y a vinagre corrompido. 

SEGUNDO FRAGMENTO: Tutuguri (el rito del sol negro)

Tutuguri es un rito de renovación del sol negro, un ritual de los indígenas mexicanos tarahumara, que evoca la muerte del sol. Pero si lo conocemos es gracias a Antonin Artaud. Tutuguri es también su último poema, publicado después de muerto, y supuso para el artista el resultado de una profunda experiencia con el pueblo Tarahumara en 1936. 

El rito nos habla de muerte eterna del sol, pero en el sentido de la negación de la luz, un sol que no debe amanecer para permitir la rebelión contra la luz y, por lo tanto, la rebelión contra el orden establecido.

Evidentemente la idea debió seducir al poeta francés, porque incluye conceptos como la liberación interior, el sol (un concepto importante para Artaud, recordemos su estudio sobre Heliogábalo), la búsqueda del lenguaje primordial o de un lenguaje nuevo que nos aleje del lenguaje solar (para Artaud el sol es el mal), la reconciliación con las sombras y la naturaleza, la búsqueda de medios de relación con el entorno alejadas del pensamiento occidental, el indigenismo o la renovación espiritual y poética.El rito nos habla de muerte eterna del sol, pero en el sentido de la negación de la luz, un sol que no debe amanecer para permitir la rebelión contra la luz y, por lo tanto, la rebelión contra el orden establecido.

 
cruelmente desesperado del corazón 
se abre el círculo de las seis cruces, 

muy abajo, 
como encastrado en la tierra madre, 
Y abajo, como en lo bajo del amargo declive,
desencastrado del inmundo abrazo de la madre que babea, 
la tierra de carbón negro
es el único emplazamiento húmedo
en esta hendidura de peñasco. 

El rito consiste en que el nuevo sol pase por siete puntos
antes de estallar en el orificio de la tierra. 
Y hay seis hombres, 
uno para cada sol
y un sçeptimo hombre
que es el sol totalmente crudo
vestido de negro y de roja carne. 
Ahora bien: este séptimo hombre
es un caballo, 
un caballo con un hombre que lo lleva. 


Pero es el caballo
el sol
y no el hombre. 
Sobre el desgarramiento de un tambor y de una larga trompeta, 
extraña, 
los seis hombres 
que estaban acostados, 
arrollados a ras de tierra
brotan sucesivamente como girasoles
no soles
sino suelos giratorios,
lotos de agua, y a cada brote
corresponde el gong más y más sombrío y recogido del tambor
hasta que de pronto se ve llegar a gran galope, 
con una velocidad de vé´rtigo, 
el çutimo sol, 
el primer hombre, 
el caballo negro con un 
hombre desnudo
absolutamente desnudo
y virgen
sobre él. 


Después del salto, 
meandros circulares
y el caballo de carne sangrante enloquece
y caracolea sin cesar
en la cima de su peñasco
hasta que lso seis hombres
acaben de cerca
completamente 
las seis cruces. 
Pues el tono mayor del rito es justamente


LA ABOLICIÓN DE LA CRUZ


Cuando acaban de girar
arrancan las cruces de tierra
y el hombre desnudo
sobre el caballo
enarbola
una inmensa herradura
que ha empapado en una grieta de su sangre. 

TERCER FRAGMENTO: El tiempo donde el hombre era un árbol
Alguien diría que se trata de un poema filosófico, pero en todo caso, nos encontramos ante un poema prefilosófico: Artaud, como buen rebelde inadaptado, siente la nostalgia por un estado de existencia nunca vivido (soñado, imaginado, deseado) anterior a la civilización, a la lógica y a la fragmentación del conocimiento. Si la filosofía se separa de la realidad material y, en el mejor de los casos la alumbra o la mira desde según qué perspectiva, Artaud añora un tiempo mítico en el que el pensamiento era la forma, sin distinción entre alma y cuerpo, un tiempo mítico en el que el que cuerpo no era la prisión del alma. 



Para Artaud, recuperar esa "naturaleza de árbol" no es precisamente una actividad pacífica; al contrario, implica un proceso doloroso que supone romper "la costra de la civilización" para volver a ser fibra vegetal y energía pura. Esta visión se consolidó en su viaje a México. Al observar los rituales del peyote (el Ciguri), Artaud creyó ver una humanidad que aún conservaba esa conexión mineral y vegetal. Vio en los signos de la naturaleza (las formas de las rocas y los árboles) un lenguaje sagrado que el hombre moderno ya no sabe leer.

El tiempo donde el hombre era un árbol sin órganos ni función,
y árbol de voluntad que avanza
volverá.
Ha sido y volverá.
Pues la gran mentira ha sido hacer del hombre un organismo
ingestión, asimilación,
incubación, excreción,
Lo que existía creó todo un orden de funciones latentes
y que escapan
al dominio de la voluntad
deliberadora.
La voluntad que decide de sí a cada instante;
pues era eso este árbol humano que avanza,
una voluntad que decide de sí a cada instante,
sin funciones ocultas, subyacentes, regidas por el inconsciente.
De lo que somos y de lo que queremos poco queda
ciertamente,
un polvo ínfimo sobrenada,
y el resto, Perre Loëb, qué es?
un organismo para ingurgitar,
pesado de carne,
y que excreta
y en cuyo campo
como una irisación,
lejana,
un arco iris de reconciliación con
dios,
sobrenadan,
nadan,
los átomos perdidos,
las ideas,
accidentes y azares en el conjunto de todo un cuerpo
qué fue Baudelaire,
qué fueron Edgar Poe, Nietzsche, Gérard de Nerval?
cuerpos
que comieron,
digirieron,
durmieron,
roncaron una vez por noche,
cagaron
entre 25 y 30.000 veces,
y frente a 30 o 40.000 comidas,
40 mil sueños,
40 mil ronquidos,
40 (mil) bocas amargas y agrias al despertar
tienen que presentar unos 50 poemas,
verdaderamente no basta
y el equilibrio entre la producción mágica y la producción automática está muy lejos de ser mantenido.
está absolutamente roto.
Pero la realidad humana, Pierre Loëb no es eso.
Somos 50 poemas,
el resto no somos nosotros sino la nada que nos reviste,
se ríe de nosotros primero,
vive de nosotros después.
Ahora bien, esta nada no es nada,
no es algo,
es algunos.
Digo algunos hombres.
Bestias sin voluntad ni pensamiento propio
es decir sin dolor propio,
sin la acepción en ellos de la voluntad de un dolor propio
y que no han encontrado otro medio de vivir
que falsificar la humanidad.
Y del árbol cuerpo,
pero voluntad pura que éramos,
han hecho este alambique de mierda.
Este tonel de destilación fecal,
causa de peste,
y de todas las enfermedades,
y de este lado de debilidad híbrida,
de tara congénita,
que caracteriza al hombre nato.
Antes, el hombre era virulento,
no era más que nervios eléctricos
llamas de un fósforo perpetuamente encendido,
pero eso ha pasado en la fábula,
porque los animales han nacido en ella,
los animales,
esas deficiencias de un magnetismo innato,
ese hoyo hueco entre los fuelles poderosos,
que no eran,
eran nada
y se volvieron algo
y la vida mágica del hombre ha caído,
el hombre ha caído de su roca imantada,
y la inspiración que era el fondo
se ha transformado en el ojo, el accidente,
la singularidad,
la excelencia,
excelencia tal vez
pero frente a tal montón de horrores
que más valdría no haber nacido nunca jamás.
No era el estado edénico,
era el estado maniobra,
obrero,
el trabajo sin rebordes, sin pérdidas,
en una inenarrable singularidad,
por qué ese estado no se ha conservado?
Por las razones por las cuales
El organismo animal hecho por y para animales,
que desde siglos ha continuado
va a estallar,
exactamente por las mismas razones.
Más ineluctables éstas que aquellas.
Más ineluctable el salto del organismo de las bestias
que el del trabajo único
en el esfuerzo de la única y muy hallable voluntad.
Porque en realidad el hombre árbol,
el hombre sin función ni órganos que justifiquen su humanidad.
Ese hombre ha continuado
bajo el revestimiento de lo ilusorio del otro
el revestimiento ilusorio del otro,
ha continuado en su voluntad,
pero escondida,
sin compromisos ni contactos con el otro.
Y lo que ha caído es aquello que ha querido rodearlo e imitarlo.
y luego
de un gran golpe,
de bomba,
revelará su inanidad.
Porque una criba debía crearse entre el primero de los hombres.
pero los otros, árboles y los otros, ha sido necesario el tiempo, siglos de tiempo para que
los hombres que han comenzado ganando sus cuerpos,
como el que no ha comenzado y no ha cesado de ganar su cuerpo,
pero en la nada
y no había nadie
y no había conmigo
entonces?
Entonces.
Entonces las deficiencias han nacido entre el hombre y el ávido trabajo de bloquear también la nada.
Pronto ese trabajo será terminado.
Y será preciso que el caparazón ceda.
El caparazón del mundo presente.
Construido sobre las mutilaciones digestivas de un cuerpo que diez mil guerras descuartizaron,
y el mal,
y la enfermedad
y la miseria,
y la escasez de alimentos, objetivos y sustancias de primera necesidad.
Los mantenedores del orden del beneficio,
de las instituciones sociales y burguesas
que jamás han trabajado,
pero han amontonado grano sobre grano desde millones de años el bien robado,
y lo mantienen en ciertas cavernas de fuerzas
defendido por toda la humanidad
exceptuando sólo algunos
van a verse constreñidos a restituir sus energías
y por eso a combatir y no podrán no combatir.
pues su cremación eterna está al término de la guerra,
aquélla, apocalíptica que viene
por eso creo que el conflicto entre América y Rusia
sigue multiplicado por las bombas atómicas,
es poca cosa frente al otro conflicto
que va
de un sólo golpe
a estallar
entre los mantenedores de una humanidad digestiva.
Por una parte,
por la otra
con el hombre de voluntad pura y sus muy raros adeptos y seguidores
pero que tienen la fuerza
sempiterna
para ellos.
Hay almas incurables y perdidas para el resto de la sociedad. Suprimidles un medio de locura, ellas inventarán diez mil otros. Ellas crearán medios más sutiles, más furiosos, medios absolutamente desesperados. La misma naturaleza es antisocial en el alma; es por una usurpación de poderes que el cuerpo social organizado reacciona contra la tendencia natural de la sociedad.

Pero de voluntad

CUARTO FRAGMENTO: Seguridad general. La liquidación del opio 

Enfermedad, locura, adicción, son palabras que utilizamos más o menos cotidianamente, pero que la mayoría no sabemos en realidad qué significan. Artaud las utiliza  para definir su identidad y como sistema conceptual de su obra, pero en su voz, enfermedad locura y adicción encierran significaciones profundas que nos convierte en simples mediocres. Una enfermedad que no tiene cura, porque curarse sería como morir. 

Artaud habla de la enfermedad como de un "medio para desencostrarse de la desesperación". Describe la desesperación como una costra que recubre maliciosamente nuestro cuerpo (de nuevo el cuerpo). Una envoltura patológica que nos daña. Enfermedad, locura, adicción son las palabras que para Artaud son acciones, es como Cristo, su cuerpo hecho palabras o las palabras en su cuerpo, o su cuerpo convertido en arte. 

Un chivo expiatorio o un cuerpo que trasciende el arte, para Artaud, la locura y la adicción, "la inclinación al veneno", no se puede eliminar. "no hay modo de disciplinar almas o de impedir nuestra inclinación al veneno. "Suprimidles un medio de locura, esas almas inventarán diez mil otros. Ellas crearán medios más sutiles, más furiosas, medios absolutamente desesperados". Porque Artaud sabe que el problema no es la enfermedad, ni la locura, sino la desesperación. "En tanto no hayamos llegado a suprimir ninguna de las causas de la desesperación humana no tendremos el derecho de intentar suprimir los medios por los cuales el hombre trata de desencontrarse de la desesperación": 

Tengo la intención no disimulada de agotar la cuestión a fin de que se nos deje tranquilos de una vez por todas con los llamados de la droga. Mi punto de vista es netamente antisocial. No hay sino una razón para atacar el opio. Es la del peligro que su empleo puede hacer correr al conjunto de la sociedad. Ahora bien: ese peligro es falso. Nacimos podridos en el cuerpo y en el alma, somos congénitamente inadaptados; suprimid el opio, no suprimiréis la necesidad del crimen, los cánceres del cuerpo y del alma, la propensión a la desesperación, el cretinismo innato, la viruela hereditaria, la pulverización de los instintos, no impediréis que existan almas destinadas al veneno, sea cual fuere, veneno de la morfina, veneno de la lectura, veneno del aislamiento, veneno del onanismo, veneno de los coitos repetidos, veneno de la debilidad arraigada en el alma, veneno del alcohol, veneno del tabaco, veneno de la anti-sociabilidad.


Dejemos perderse a los perdidos, tenemos mejor cosa en que ocupar nuestro tiempo que tentar una regeneración imposible y además inútil, odiosa y dañina. En tanto no hayamos llegado a suprimir ninguna de las causas de la desesperación humana no tendremos el derecho de intentar suprimir los medios por los cuales el hombre trata de desencostrarse de la desesperación. Pues ante todo se tendría que llegar a suprimir ese impulso natural y escondido, esa pendiente especiosa del hombre que lo inclina a encontrar un medio, que le da la idea de buscar un medio de salir de sus males.

Asimismo, los perdidos están por naturaleza perdidos, todas las ideas de regeneración moral nada harán en ellos, hay un determinismo innato, hay una incurabilidad indiscutible del suicidio, del crimen, de la idiotez, de la locura, hay una invencible cornudez del hombre, hay una pulverización del carácter, hay una castración del espíritu. La afasia existe, la meningitis sifilítica existe, el robo, la usurpación. El infierno es ya de este mundo y hay hombres que son desdichados evadidos del infierno, evadidos destinados a recomenzar eternamente su evasión. Y basta. El hombre es miserable, el alma débil, hay hombres que se perderán siempre. Poco importan los medios de la pérdida; eso a la sociedad no le importa.

Hemos demostrado bien, ¿no es cierto?, que la sociedad nada puede, que pierde su tiempo; que no se obstine más, pues, en arraigarse en su estupidez. Estupidez dañina. Para los que se atreven a mirar de frente la verdad, saben ciertamente los resultados de la supresión del alcohol en los Estados Unidos. Una superproducción de locura: la cerveza al régimen del éter, el alcohol impregnado de cocaína que se vende clandestinamente, la ebriedad multiplicada, una especie de ebriedad general. En suma, la ley del fruto prohibido. Lo mismo, para el opio.

La prohibición que multiplica la curiosidad por la droga sólo ha beneficiado hasta ahora a los sostenedores de la medicina, del periodismo y de la literatura. Hay gente que ha edificado sus fecales e industriosos renombres sobre sus pretendidas indignaciones en contra de la inofensiva e ínfima secta de los condenados a la droga (inofensiva por lo ínfima y por ser siempre una excepción), esa minoría de condenados del espíritu, del alma, de la enfermedad.

¡Ah!, que bien atado está en aquellos el cordón umbilical de la moral. Desde su madre, ellos no han pecado jamás, por cierto. Son apóstoles, son los descendientes de los pastores; uno se pregunta tan sólo dónde abrevan sus indignaciones, y sobre todo, cuánto han palpado para poder hacerlo, y en todo caso qué es lo que esto les ha reportado. Y por otra parte, la cuestión no está allí. En realidad, ese furor contra los tóxicos y las leyes estúpidas que de él se derivan:

1º Es inoperante contra la necesidad del tóxico, que, saciada o insaciada, es innata al alma y la induciría a gestos resueltamente antisociales, aunque el tóxico no existiera.
2º Exaspera la necesidad social del tóxico, y lo transforma en vicio secreto.
3º Daña a la verdadera enfermedad, pues allí está la verdadera cuestión, el mundo vital, el punto peligroso: desgraciadamente para la enfermedad, la medicina existe.

Todas las leyes, todas las restricciones, todas las campañas contra los estupefacientes nunca lograrán más que sustraer a todos los necesitados del dolor humano, quienes tienen sobre el estado social derechos imprescriptibles, el disolvente de sus males un alimento para ellos más maravilloso que el pan y el medio en fin de re-penetrar en la vida.

Antes la peste que la morfina, aúlla la medicina oficial, antes el infierno que la vida. No hay sino imbéciles del género de J. P. Liaussu (que es, por añadidura, un feto ignorante) para pretender que hay que dejar a los enfermos macerar en su enfermedad. Y es aquí, por otra parte, donde toda la grosería del personaje muestra su juego y se da libre curso: en nombre, según pretende, del bien general.

Suicidados, desesperados, y vosotros, torturados del cuerpo y del alma, perded toda esperanza. No hay más alivio para vosotros en este mundo. El mundo vive de vuestros osarios. Y vosotros, locos lúcidos, cancerosos, meningíticos crónicos, sois unos incomprendidos. Hay un punto en vosotros que ningún médico jamás comprenderá, y es ese punto para mí el que os salva y vuelve augustos, puros, maravillosos: estáis fuera de la vida, estáis por encima de la vida, tenéis males que el hombre común no conoce, sobrepasáis el nivel normal y es por eso que los hombres son rigurosos con vosotros, envenenáis su quietud, sois disolventes de su estabilidad. Tenéis dolores irreprimibles cuya esencia consiste en ser inadaptable a ningún estado conocido, inajustable en las palabras. Tenéis dolores repetidos y fugaces, dolores insolubles, dolores del pensamiento, dolores que no están ni en el cuerpo ni en el alma, pero que participan de los dos. Y yo, participo de vuestros males, y os pregunto: ¿quién se atrevería a medirnos el calmante? En nombre de qué claridad superior, alma de nosotros mismos, nosotros que estamos en la raíz misma del conocimiento y de la claridad. Y esto por nuestras instancias, por nuestra insistencia en sufrir. Nosotros a quienes el dolor ha hecho viajar en nuestra alma en busca de un lugar de calma donde asirse, en busca de la estabilidad en el mal como los otros en el bien. No estamos locos, somos maravillosos médicos, conocemos la dosificación del alma, de la sensibilidad, de la médula y del pensamiento. Es preciso dejarnos en paz, es preciso dejar la paz a los enfermos, nada pedimos a los hombres, no les pedimos sino el alivio de nuestros males. Hemos evaluado bien nuestra vida, sabemos lo que ello comporta de restricciones frente a los otros y sobre todo frente a nosotros mismos. Sabemos hasta qué deformación consentida, hasta qué renunciamiento de nosotros mismos, hasta qué parálisis de sutilezas nuestro mal nos obliga cada día. No nos suicidamos todavía. Entre tanto que se nos deje en paz. 


QUINTO FRAGMENTO: Para terminar con el juicio de dios
Para acabar con el juicio de dios es un texto escrito para locutarse en la radio con un acompañamiento dionisíaco de gritos, redobles de tambor y de xilófonos grabados por el mismo autor. Se grabó en noviembre de 1946, Artaud murió en marzo del 1948. Aunque se trata de un encargo de la Oficina de radiodifusión y televisión francesa (ORTF), pero fue censurada el día antes de su difusión. 




Es en este texto cuando Artaud acuñó el concepto de "cuerpo sin órganos", que popularizaron Deleuze y Félix Guattari


El hombre está enfermo porque está mal construido. Hace falta decidirse a desnudarlo para rascarle este animálculo que le provoca una comezón mortal, dios, y con dios sus órganos. Porque ligadme si queréis, pero no hay nada más inútil que un órgano. Cuando le habréis hecho un cuerpo sin órganos, entonces os lo habréis librado de todos sus automatismos y devuelto a su verdadera libertad. Entonces le reensayaréis a bailar al revés como en el delirio de los bals musette y este revés será su verdadero sitio. 


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Grupo 5: Si fuésemos Jacques Riviere 

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www.elsigma.com: Artaud o la imposibilidad de pensar 

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