lunes, 5 de enero de 2026

Textos. Antonin Artaud


Poeta, dramaturgo o novelista. Genio de las vanguardias, clásico, loco o artista consumado. El libro recopila textos dispersos y un prólogo de Alejandra Pizarnik en una edición barata, pero supone una simple excusa para hablar de un artista de las letras que convirtió su nombre, su imagen, su simple presencia en una forma de arte. No obstante, su literatura emana una energía abrasiva que se trasmite más allá de las traducciones. Esta sorprendente fuerza interior crecía, eso dicen quienes le conocieron y quienes le escucharon, cuando sus versos o su profa se expresaban a través de su voz en recitales, performances o conferencias. 

Forma, contenido y expresión son los tres pilares de la obra de Artaud. La forma, para librarse de lo establecido (de las reglas del juego que decía Paul Valéry). El contenido, para retroceder hasta el pensamiento más primitivo posible y la expresión, no lo sé, parece que para Artaud la expresión suponía la encarnación del arte en su vida

Pizarnik nos explica a través de Arthur Adamov la materia indefinible de la obra de Artaud: 

1) La poesía de Artaud no tiene casi nada en común con la poesía clasificada y definida. 

2) La vida y la muerte de Artaud son inseparables de su obra en un grado único en la historia de la literatura. 

3) Los poemas de su último periodo son una suerte de milagro fonético que se renueva sin cesar. 

4) No se puede estudiar el pensamiento de Artaud como si se tratara de pensamiento, pues no es pensado que se forjó en Artaud. 

5) Numerosos poetas se rebelaron contra la razón para sustituirla por un discurso poético que pertenece exclusivamente a la Poesía .Pero Artaud está lejos de ellos. Su lenguaje no tiene nada de poético si bien no existe otro más eficaz. 

Así, diremos que la fuerza de Artaud no se limita la innovación (o a la simple libertad) formal, tampoco a la originalidad de su pensamiento y la profundidad de su contenido, ni a la sinceridad ni el atrevimiento de su expresión, sino a los efectos que produce el público. Esos efectos equivalen a un golpe físico y si se pregunta que de dónde proviene tanta fuerza, dice Pizarnik, que del más grande sufrimiento físico y moral. 

PRIMER FRAGMENTO: Van Gogh o el suicidado de la sociedad
Artaud escribió este ensayo al terminar nueve años de reclusión en manicomios franceses en los que padeció la terapia de electroshocks. Artaud se identifica con Van GoghEl pintor neerlandés es una víctima como lo fue él mismo. En este ensayo Artaud denuncia a la psiquiatría y propone una visión alternativa de la locura. Van Gogh (y por supuesto, él mismo) no era un loco, sino una persona "cuyo ángulo de visión" iba más allá de lo que es capaz de ver el conjunto de la sociedad. 

Dice Artaud que la sociedad no se limitó convertir al pintor holandés en un loco, sino que que (como le ocurrirá a él mismo poco después), le conducirá a la muerte. "Lo suicidó". 


El cuadro Trigal con cuervos (una de sus ultimas pinturas de Van Gogh) atrae de una manera especial al poeta francés. Literalmente, dice: "una inundación de cuervos negros en las fibras de su árbol interno lo sumergió en una última oleada, y tomando su lugar, lo mató". Artaud se siente cómplice de la genialidad de Van Gogh cuando le describe, para concluir su ensayo describiéndole (describiéndose) como "un pobre ignorante empeñado en no engañarse así mismo". 

No es frecuente ver a un hombre con, en el vientre, el tiro de fusil que lo mató, meter cuervos negros en un lienzo y, más abajo, un especie de llanura tal vez lívida, vacía en todo caso, en donde el color borra de vino de la tierra arrostra delirantemente el amarillo sucio de los trigos. 
Pero ningún pintor, si no Van Gogh, habría sabido encontrar como él, para pintar sus cuervos, ese negro de trufa, ese negro de "comilona lujosa" y a la vez como excremencial de las alas de los cuervos sorprendidos pro la luz descendente de la noche.
Y abajo, ¿de qué se lamenta  la tierra bajo las alas de los cuervos fastos, sin duda fastos solamente para Van Gogh y, por otra parte, fastuoso augurio de un mal que no habrá de tocar más a Van Gogh?
Pues hasta entonces nadie como él había hecho de la tierra esa ropa sucia, retorcida de vino y húmeda de sangre. 
El cuelo del cuadro es muy bajo, aplastado. Violáceo, como naves laterales de un rayo. 
La franja tenebrosa insólita del vacío subiendo a la manera del relámpago. 
Van Gogh ha soltado sus cuervos como los microbios negros de su bajo de suicidado a pocos centímetros de lo alto y como desde lo bajo del lienzo. 
Siguiendo el tajo negro de la línea en donde el latido de su rico plumaje hace pensar sobre el reborde de la tempestad terrestre las amenazas de una sofocación  de lo alto. 
Y no obstante, todo el cuadro es rico. 
Rico, suntuoso y calmo el cuadro.
Digno acompañamiento a la muerte de aquel que, durante su vida, hizo girar tantos soles ebrios sobre tantas parvas sublevadas y que, desesperado, con un tiro de fusil en el vientre, no supo no inundar un paisaje con sangre y con vino, sumergir la tierra con una última emulsión, alegre a la vez que tenebrosa, de un sabor a vino agrio y a vinagre corrompido. 

SEGUNDO FRAGMENTO: Tutuguri (el rito del sol negro)

Tutuguri es un rito de renovación del sol negro, un ritual de los indígenas mexicanos tarahumara, que evoca la muerte del sol. Pero si lo conocemos es gracias a Antonin Artaud. Tutuguri es también su último poema, publicado después de muerto, y supuso para el artista el resultado de una profunda experiencia con el pueblo Tarahumara en 1936. 

El rito nos habla de muerte eterna del sol, pero en el sentido de la negación de la luz, un sol que no debe amanecer para permitir la rebelión contra la luz y, por lo tanto, la rebelión contra el orden establecido.

Evidentemente la idea debió seducir al poeta francés, porque incluye conceptos como la liberación interior, el sol (un concepto importante para Artaud, recordemos su estudio sobre Heliogábalo), la búsqueda del lenguaje primordial o de un lenguaje nuevo que nos aleje del lenguaje solar (para Artaud el sol es el mal), la reconciliación con las sombras y la naturaleza, la búsqueda de medios de relación con el entorno alejadas del pensamiento occidental, el indigenismo o la renovación espiritual y poética.El rito nos habla de muerte eterna del sol, pero en el sentido de la negación de la luz, un sol que no debe amanecer para permitir la rebelión contra la luz y, por lo tanto, la rebelión contra el orden establecido.

 
cruelmente desesperado del corazón 
se abre el círculo de las seis cruces, 

muy abajo, 
como encastrado en la tierra madre, 
Y abajo, como en lo bajo del amargo declive,
desencastrado del inmundo abrazo de la madre que babea, 
la tierra de carbón negro
es el único emplazamiento húmedo
en esta hendidura de peñasco. 

El rito consiste en que el nuevo sol pase por siete puntos
antes de estallar en el orificio de la tierra. 
Y hay seis hombres, 
uno para cada sol
y un sçeptimo hombre
que es el sol totalmente crudo
vestido de negro y de roja carne. 
Ahora bien: este séptimo hombre
es un caballo, 
un caballo con un hombre que lo lleva. 


Pero es el caballo
el sol
y no el hombre. 
Sobre el desgarramiento de un tambor y de una larga trompeta, 
extraña, 
los seis hombres 
que estaban acostados, 
arrollados a ras de tierra
brotan sucesivamente como girasoles
no soles
sino suelos giratorios,
lotos de agua, y a cada brote
corresponde el gong más y más sombrío y recogido del tambor
hasta que de pronto se ve llegar a gran galope, 
con una velocidad de vé´rtigo, 
el çutimo sol, 
el primer hombre, 
el caballo negro con un 
hombre desnudo
absolutamente desnudo
y virgen
sobre él. 


Después del salto, 
meandros circulares
y el caballo de carne sangrante enloquece
y caracolea sin cesar
en la cima de su peñasco
hasta que lso seis hombres
acaben de cerca
completamente 
las seis cruces. 
Pues el tono mayor del rito es justamente


LA ABOLICIÓN DE LA CRUZ


Cuando acaban de girar
arrancan las cruces de tierra
y el hombre desnudo
sobre el caballo
enarbola
una inmensa herradura
que ha empapado en una grieta de su sangre. 

TERCER FRAGMENTO: El tiempo donde el hombre era un árbol
Alguien diría que se trata de un poema filosófico, pero en todo caso, nos encontramos ante un poema prefilosófico: Artaud, como buen rebelde inadaptado, siente la nostalgia por un estado de existencia nunca vivido (soñado, imaginado, deseado) anterior a la civilización, a la lógica y a la fragmentación del conocimiento. Si la filosofía se separa de la realidad material y, en el mejor de los casos la alumbra o la mira desde según qué perspectiva, Artaud añora un tiempo mítico en el que el pensamiento era la forma, sin distinción entre alma y cuerpo, un tiempo mítico en el que el que cuerpo no era la prisión del alma. 



Para Artaud, recuperar esa "naturaleza de árbol" no es precisamente una actividad pacífica; al contrario, implica un proceso doloroso que supone romper "la costra de la civilización" para volver a ser fibra vegetal y energía pura. Esta visión se consolidó en su viaje a México. Al observar los rituales del peyote (el Ciguri), Artaud creyó ver una humanidad que aún conservaba esa conexión mineral y vegetal. Vio en los signos de la naturaleza (las formas de las rocas y los árboles) un lenguaje sagrado que el hombre moderno ya no sabe leer.

El tiempo donde el hombre era un árbol sin órganos ni función,
y árbol de voluntad que avanza
volverá.
Ha sido y volverá.
Pues la gran mentira ha sido hacer del hombre un organismo
ingestión, asimilación,
incubación, excreción,
Lo que existía creó todo un orden de funciones latentes
y que escapan
al dominio de la voluntad
deliberadora.
La voluntad que decide de sí a cada instante;
pues era eso este árbol humano que avanza,
una voluntad que decide de sí a cada instante,
sin funciones ocultas, subyacentes, regidas por el inconsciente.
De lo que somos y de lo que queremos poco queda
ciertamente,
un polvo ínfimo sobrenada,
y el resto, Perre Loëb, qué es?
un organismo para ingurgitar,
pesado de carne,
y que excreta
y en cuyo campo
como una irisación,
lejana,
un arco iris de reconciliación con
dios,
sobrenadan,
nadan,
los átomos perdidos,
las ideas,
accidentes y azares en el conjunto de todo un cuerpo
qué fue Baudelaire,
qué fueron Edgar Poe, Nietzsche, Gérard de Nerval?
cuerpos
que comieron,
digirieron,
durmieron,
roncaron una vez por noche,
cagaron
entre 25 y 30.000 veces,
y frente a 30 o 40.000 comidas,
40 mil sueños,
40 mil ronquidos,
40 (mil) bocas amargas y agrias al despertar
tienen que presentar unos 50 poemas,
verdaderamente no basta
y el equilibrio entre la producción mágica y la producción automática está muy lejos de ser mantenido.
está absolutamente roto.
Pero la realidad humana, Pierre Loëb no es eso.
Somos 50 poemas,
el resto no somos nosotros sino la nada que nos reviste,
se ríe de nosotros primero,
vive de nosotros después.
Ahora bien, esta nada no es nada,
no es algo,
es algunos.
Digo algunos hombres.
Bestias sin voluntad ni pensamiento propio
es decir sin dolor propio,
sin la acepción en ellos de la voluntad de un dolor propio
y que no han encontrado otro medio de vivir
que falsificar la humanidad.
Y del árbol cuerpo,
pero voluntad pura que éramos,
han hecho este alambique de mierda.
Este tonel de destilación fecal,
causa de peste,
y de todas las enfermedades,
y de este lado de debilidad híbrida,
de tara congénita,
que caracteriza al hombre nato.
Antes, el hombre era virulento,
no era más que nervios eléctricos
llamas de un fósforo perpetuamente encendido,
pero eso ha pasado en la fábula,
porque los animales han nacido en ella,
los animales,
esas deficiencias de un magnetismo innato,
ese hoyo hueco entre los fuelles poderosos,
que no eran,
eran nada
y se volvieron algo
y la vida mágica del hombre ha caído,
el hombre ha caído de su roca imantada,
y la inspiración que era el fondo
se ha transformado en el ojo, el accidente,
la singularidad,
la excelencia,
excelencia tal vez
pero frente a tal montón de horrores
que más valdría no haber nacido nunca jamás.
No era el estado edénico,
era el estado maniobra,
obrero,
el trabajo sin rebordes, sin pérdidas,
en una inenarrable singularidad,
por qué ese estado no se ha conservado?
Por las razones por las cuales
El organismo animal hecho por y para animales,
que desde siglos ha continuado
va a estallar,
exactamente por las mismas razones.
Más ineluctables éstas que aquellas.
Más ineluctable el salto del organismo de las bestias
que el del trabajo único
en el esfuerzo de la única y muy hallable voluntad.
Porque en realidad el hombre árbol,
el hombre sin función ni órganos que justifiquen su humanidad.
Ese hombre ha continuado
bajo el revestimiento de lo ilusorio del otro
el revestimiento ilusorio del otro,
ha continuado en su voluntad,
pero escondida,
sin compromisos ni contactos con el otro.
Y lo que ha caído es aquello que ha querido rodearlo e imitarlo.
y luego
de un gran golpe,
de bomba,
revelará su inanidad.
Porque una criba debía crearse entre el primero de los hombres.
pero los otros, árboles y los otros, ha sido necesario el tiempo, siglos de tiempo para que
los hombres que han comenzado ganando sus cuerpos,
como el que no ha comenzado y no ha cesado de ganar su cuerpo,
pero en la nada
y no había nadie
y no había conmigo
entonces?
Entonces.
Entonces las deficiencias han nacido entre el hombre y el ávido trabajo de bloquear también la nada.
Pronto ese trabajo será terminado.
Y será preciso que el caparazón ceda.
El caparazón del mundo presente.
Construido sobre las mutilaciones digestivas de un cuerpo que diez mil guerras descuartizaron,
y el mal,
y la enfermedad
y la miseria,
y la escasez de alimentos, objetivos y sustancias de primera necesidad.
Los mantenedores del orden del beneficio,
de las instituciones sociales y burguesas
que jamás han trabajado,
pero han amontonado grano sobre grano desde millones de años el bien robado,
y lo mantienen en ciertas cavernas de fuerzas
defendido por toda la humanidad
exceptuando sólo algunos
van a verse constreñidos a restituir sus energías
y por eso a combatir y no podrán no combatir.
pues su cremación eterna está al término de la guerra,
aquélla, apocalíptica que viene
por eso creo que el conflicto entre América y Rusia
sigue multiplicado por las bombas atómicas,
es poca cosa frente al otro conflicto
que va
de un sólo golpe
a estallar
entre los mantenedores de una humanidad digestiva.
Por una parte,
por la otra
con el hombre de voluntad pura y sus muy raros adeptos y seguidores
pero que tienen la fuerza
sempiterna
para ellos.
Hay almas incurables y perdidas para el resto de la sociedad. Suprimidles un medio de locura, ellas inventarán diez mil otros. Ellas crearán medios más sutiles, más furiosos, medios absolutamente desesperados. La misma naturaleza es antisocial en el alma; es por una usurpación de poderes que el cuerpo social organizado reacciona contra la tendencia natural de la sociedad.

Pero de voluntad

CUARTO FRAGMENTO: Seguridad general. La liquidación del opio 

Enfermedad, locura, adicción, son palabras que utilizamos más o menos cotidianamente, pero que la mayoría no sabemos en realidad qué significan. Artaud las utiliza  para definir su identidad y como sistema conceptual de su obra, pero en su voz, enfermedad locura y adicción encierran significaciones profundas que nos convierte en simples mediocres. Una enfermedad que no tiene cura, porque curarse sería como morir. 

Artaud habla de la enfermedad como de un "medio para desencostrarse de la desesperación". Describe la desesperación como una costra que recubre maliciosamente nuestro cuerpo (de nuevo el cuerpo). Una envoltura patológica que nos daña. Enfermedad, locura, adicción son las palabras que para Artaud son acciones, es como Cristo, su cuerpo hecho palabras o las palabras en su cuerpo, o su cuerpo convertido en arte. 

Un chivo expiatorio o un cuerpo que trasciende el arte, para Artaud, la locura y la adicción, "la inclinación al veneno", no se puede eliminar. "no hay modo de disciplinar almas o de impedir nuestra inclinación al veneno. "Suprimidles un medio de locura, esas almas inventarán diez mil otros. Ellas crearán medios más sutiles, más furiosas, medios absolutamente desesperados". Porque Artaud sabe que el problema no es la enfermedad, ni la locura, sino la desesperación. "En tanto no hayamos llegado a suprimir ninguna de las causas de la desesperación humana no tendremos el derecho de intentar suprimir los medios por los cuales el hombre trata de desencontrarse de la desesperación": 

Tengo la intención no disimulada de agotar la cuestión a fin de que se nos deje tranquilos de una vez por todas con los llamados de la droga. Mi punto de vista es netamente antisocial. No hay sino una razón para atacar el opio. Es la del peligro que su empleo puede hacer correr al conjunto de la sociedad. Ahora bien: ese peligro es falso. Nacimos podridos en el cuerpo y en el alma, somos congénitamente inadaptados; suprimid el opio, no suprimiréis la necesidad del crimen, los cánceres del cuerpo y del alma, la propensión a la desesperación, el cretinismo innato, la viruela hereditaria, la pulverización de los instintos, no impediréis que existan almas destinadas al veneno, sea cual fuere, veneno de la morfina, veneno de la lectura, veneno del aislamiento, veneno del onanismo, veneno de los coitos repetidos, veneno de la debilidad arraigada en el alma, veneno del alcohol, veneno del tabaco, veneno de la anti-sociabilidad.


Dejemos perderse a los perdidos, tenemos mejor cosa en que ocupar nuestro tiempo que tentar una regeneración imposible y además inútil, odiosa y dañina. En tanto no hayamos llegado a suprimir ninguna de las causas de la desesperación humana no tendremos el derecho de intentar suprimir los medios por los cuales el hombre trata de desencostrarse de la desesperación. Pues ante todo se tendría que llegar a suprimir ese impulso natural y escondido, esa pendiente especiosa del hombre que lo inclina a encontrar un medio, que le da la idea de buscar un medio de salir de sus males.

Asimismo, los perdidos están por naturaleza perdidos, todas las ideas de regeneración moral nada harán en ellos, hay un determinismo innato, hay una incurabilidad indiscutible del suicidio, del crimen, de la idiotez, de la locura, hay una invencible cornudez del hombre, hay una pulverización del carácter, hay una castración del espíritu. La afasia existe, la meningitis sifilítica existe, el robo, la usurpación. El infierno es ya de este mundo y hay hombres que son desdichados evadidos del infierno, evadidos destinados a recomenzar eternamente su evasión. Y basta. El hombre es miserable, el alma débil, hay hombres que se perderán siempre. Poco importan los medios de la pérdida; eso a la sociedad no le importa.

Hemos demostrado bien, ¿no es cierto?, que la sociedad nada puede, que pierde su tiempo; que no se obstine más, pues, en arraigarse en su estupidez. Estupidez dañina. Para los que se atreven a mirar de frente la verdad, saben ciertamente los resultados de la supresión del alcohol en los Estados Unidos. Una superproducción de locura: la cerveza al régimen del éter, el alcohol impregnado de cocaína que se vende clandestinamente, la ebriedad multiplicada, una especie de ebriedad general. En suma, la ley del fruto prohibido. Lo mismo, para el opio.

La prohibición que multiplica la curiosidad por la droga sólo ha beneficiado hasta ahora a los sostenedores de la medicina, del periodismo y de la literatura. Hay gente que ha edificado sus fecales e industriosos renombres sobre sus pretendidas indignaciones en contra de la inofensiva e ínfima secta de los condenados a la droga (inofensiva por lo ínfima y por ser siempre una excepción), esa minoría de condenados del espíritu, del alma, de la enfermedad.

¡Ah!, que bien atado está en aquellos el cordón umbilical de la moral. Desde su madre, ellos no han pecado jamás, por cierto. Son apóstoles, son los descendientes de los pastores; uno se pregunta tan sólo dónde abrevan sus indignaciones, y sobre todo, cuánto han palpado para poder hacerlo, y en todo caso qué es lo que esto les ha reportado. Y por otra parte, la cuestión no está allí. En realidad, ese furor contra los tóxicos y las leyes estúpidas que de él se derivan:

1º Es inoperante contra la necesidad del tóxico, que, saciada o insaciada, es innata al alma y la induciría a gestos resueltamente antisociales, aunque el tóxico no existiera.
2º Exaspera la necesidad social del tóxico, y lo transforma en vicio secreto.
3º Daña a la verdadera enfermedad, pues allí está la verdadera cuestión, el mundo vital, el punto peligroso: desgraciadamente para la enfermedad, la medicina existe.

Todas las leyes, todas las restricciones, todas las campañas contra los estupefacientes nunca lograrán más que sustraer a todos los necesitados del dolor humano, quienes tienen sobre el estado social derechos imprescriptibles, el disolvente de sus males un alimento para ellos más maravilloso que el pan y el medio en fin de re-penetrar en la vida.

Antes la peste que la morfina, aúlla la medicina oficial, antes el infierno que la vida. No hay sino imbéciles del género de J. P. Liaussu (que es, por añadidura, un feto ignorante) para pretender que hay que dejar a los enfermos macerar en su enfermedad. Y es aquí, por otra parte, donde toda la grosería del personaje muestra su juego y se da libre curso: en nombre, según pretende, del bien general.

Suicidados, desesperados, y vosotros, torturados del cuerpo y del alma, perded toda esperanza. No hay más alivio para vosotros en este mundo. El mundo vive de vuestros osarios. Y vosotros, locos lúcidos, cancerosos, meningíticos crónicos, sois unos incomprendidos. Hay un punto en vosotros que ningún médico jamás comprenderá, y es ese punto para mí el que os salva y vuelve augustos, puros, maravillosos: estáis fuera de la vida, estáis por encima de la vida, tenéis males que el hombre común no conoce, sobrepasáis el nivel normal y es por eso que los hombres son rigurosos con vosotros, envenenáis su quietud, sois disolventes de su estabilidad. Tenéis dolores irreprimibles cuya esencia consiste en ser inadaptable a ningún estado conocido, inajustable en las palabras. Tenéis dolores repetidos y fugaces, dolores insolubles, dolores del pensamiento, dolores que no están ni en el cuerpo ni en el alma, pero que participan de los dos. Y yo, participo de vuestros males, y os pregunto: ¿quién se atrevería a medirnos el calmante? En nombre de qué claridad superior, alma de nosotros mismos, nosotros que estamos en la raíz misma del conocimiento y de la claridad. Y esto por nuestras instancias, por nuestra insistencia en sufrir. Nosotros a quienes el dolor ha hecho viajar en nuestra alma en busca de un lugar de calma donde asirse, en busca de la estabilidad en el mal como los otros en el bien. No estamos locos, somos maravillosos médicos, conocemos la dosificación del alma, de la sensibilidad, de la médula y del pensamiento. Es preciso dejarnos en paz, es preciso dejar la paz a los enfermos, nada pedimos a los hombres, no les pedimos sino el alivio de nuestros males. Hemos evaluado bien nuestra vida, sabemos lo que ello comporta de restricciones frente a los otros y sobre todo frente a nosotros mismos. Sabemos hasta qué deformación consentida, hasta qué renunciamiento de nosotros mismos, hasta qué parálisis de sutilezas nuestro mal nos obliga cada día. No nos suicidamos todavía. Entre tanto que se nos deje en paz. 


QUINTO FRAGMENTO: Para terminar con el juicio de dios
Para acabar con el juicio de dios es un texto escrito para locutarse en la radio con un acompañamiento dionisíaco de gritos, redobles de tambor y de xilófonos grabados por el mismo autor. Se grabó en noviembre de 1946, Artaud murió en marzo del 1948. Aunque se trata de un encargo de la Oficina de radiodifusión y televisión francesa (ORTF), pero fue censurada el día antes de su difusión. 




Es en este texto cuando Artaud acuñó el concepto de "cuerpo sin órganos", que popularizaron Deleuze y Félix Guattari


El hombre está enfermo porque está mal construido. Hace falta decidirse a desnudarlo para rascarle este animálculo que le provoca una comezón mortal, dios, y con dios sus órganos. Porque ligadme si queréis, pero no hay nada más inútil que un órgano. Cuando le habréis hecho un cuerpo sin órganos, entonces os lo habréis librado de todos sus automatismos y devuelto a su verdadera libertad. Entonces le reensayaréis a bailar al revés como en el delirio de los bals musette y este revés será su verdadero sitio. 


Más información interesante: 

Go Ediciones

Letras libres: Antonin Artaud en México

La traición del hombre topo 

Grupo 5: Si fuésemos Jacques Riviere 

descontexto.blogspot.com

www.elsigma.com: Artaud o la imposibilidad de pensar 

www.jotdown.es: Antonin Artaud, destructor creador 

Locura o arte? Antonin Artaud, el rigor de lo desmedido. 

Observaciones filosóficas: La destrucción como teatro, el legado de Antonín Artaud 

ADYNATA: El teatro y la cultura: Prefacio / Antonin Artaud

martes, 14 de octubre de 2025

Viaje al corazón del día. Armonía Somers

Lo que fue pasearlo por mi propio jardín, no sólo en  boca locuaz del fascinante Mahoma montado en su extraño caballo Borah y con aquellas lunas inefables entrándose, saliéndose por las mangas y el cuello, sino en otro jardín ya dado en el aquí y este momento de cada sol y cada luna reales, cuando nadie con ojos mancillados de este mundo nos espiara, el jardín de Alah de cada cual, nunca parecido al otro que deberá florecer en futuras etapas de promiscua lascivia. 

Armonía Somers, Viaje al corazón del día. 

En la novela Viaje al corazón del día, Armonía Somers plantea la sexualidad y la sensualidad como estrategias liberadoras del alma. Frente a la predisposición patriarcal del catolicismo que profesa la tía de la protagonista, Laura (hija de padre musulmán) interpreta o reinterpreta la espiritualidad coránica desde una subjetividad  cercana a la mística sufí que le permite encontrar la espiritualidad a través de los sentidos de su cuerpo.

En una de las escenas más bellas de la novela, se enfrentan fragmentos del Eclesiastés (7:26-29) en los que se considera a la mujer "más amarga que la muerte misma" con la dulzura con la que Laurent le pide a Laura que le recite aleyas del Corán. En el islam, el amor tiene una representación en el placer y en la satisfacción de las necesidades intelectuales, emocionales y físicas. La mujer es igual que el hombre ante Dios y tiene los mismos derechos y responsabilidades. Y los sentidos del cuerpo se entienden, además, como puertas hacia la divinidad o la liberación. 

Del Corán se aprende que el mundo y los sentidos son aleyas para la gente que siente. Laura salva a Laurent del inferno en vida porque le otorga el Paraíso. Laurent, un niño que crece aislado del mundo por ser hijo del pecado de su madre. Laura le enseña el amor y el deseo y su máxima expresión corporal, el sexo, para alejarle de la idea del pecado, porque Laura sabe, como muchos musulmanes, que el Paraíso se encuentra en vida. 

En un momento de la novela, Laura declara que ofreció Laurent solamente vivencias placenteras para negarle el infierno, porque en su Edén, en el Edén que ella le ofrece, no existe la muerte, el pecado ni la infidelidad, porque el Paraíso existe mientras exista el tiempo para los hombres y mujeres, pues "el cuerpo está íntimamente implicado en la experiencia del Paraíso, según explica Abdelmumin Aya en su libro Islam sin Dios

Lo dicho fue sólo y únicamente mi versión de su Edén, su huerto delicioso al fin recuperado en el que Dios de usted guiñó el ojo y la serpiente del libro de usted viendo que nada tenia entonces que hacer allí, se puso a hibernar en el pleno verano recién creado. Y con estas palabras, rechaza Laura (y rechaza Armonía Somers) la idea de pecado católico derivado de la experiencia sexual. 

Información extraída del ensayo 'Viaje al corazón del día: reconstrucción de orígenes y elección', de Rebeca Virginia Moreno, publicado en La escritura de Armonía Somers. Pulsión y riesgo (Universidad de Sevilla, 2019). 


Más información

Eterna cadencia: Armonía Somers, la que vivía en sus libros. 

Políticas del nombre (im)propio en Viaje al corazón del día. Elegía por un secreto amor, de Armonía Somers. 

Anáforas: la metaforización de la soledad. 

Catedral Tomada: EL nombre propio como modulador de vínculos sexo-afectivos y genealógicos en las novelas de Armonía Somers: una  poética de la suplementariedad nominal. 

La tentación del abismo en Armonía Somers: entre el expresionismo de vanguardia y el gótico moderno. 

Figuraciones del cuerpo en la narrativa de Armonía Somers. 







martes, 9 de septiembre de 2025

Los detectives salvajes. Roberto Bolaño

No me interesa reflexionar sobre libros escritos en la segunda década del siglo XX. Si se acercan al cambio de siglo, aumenta mi rechazo. Tampoco, por lo general,  leerlos. No encuentro palabras para expresar el por qué, pero los encuentro falto de "algo". Asumo pastosidad y la ambigüedad de la palabra "algo". Soy consciente de la pereza mental que supone. Pero Los detectives salvajes de Roberto Bolaño también me parece un libro falto de ese "algo" que supongo se describe mejor como "un sentimiento de época" (finales de los noventa) que me deja siempre insatisfecho. Eso sí, Los detectives salvajes es una novela electrizante, enérgica, inteligente y divertida en la que aparecen algunos personajes sorprendentemente carismáticas y vivos como Ulises Lima (trasunto literario del poeta Mario Santiago Papasquiaro) y otros en el límite de la hierofanía personal, del pathetic fallacy anglosajón (según lo entendió Cernuda), como Arturo Belano (alter ego mitológico del mismo Bolaño). 

Mario Santiago Papasquiaro, Ulises Lima en 'Los detectives salvajes'
Mario Santiago Papasquiaro, Ulises Lima en 'Los detectives salvajes'

No lo digo yo, lo dice Ramón Buenaventura, que justo el día en el que metía la novela de Bolaño en la maleta como lectura para un viaje lejano, publicaba el escritor tangerino el siguiente fragmento en un post de Facebook

Hoy he terminado LOS DETECTIVES SALVAJES. Me ha interesado casi todo el tiempo, no me ha aburrido más allá de quince o veinte minutos, y ha estado a punto de cabrearme por la (para mí) excesiva fragmentación de los puntos de vista narrativos o la acumulación de detalles prescindibles o repetitivos (precisamente lo que me había irritado en 2666). Pero en este caso, sí comprendo el entusiasmo: es un libro enorme, es un libro que consideraría imposible si no fuera porque ya está escrito y no cabe negarlo. Añado, como dato curioso, que lo he leído a mala leche, buscándole pegas, porque los personajes y sus historias no me resultaron simpáticos: una panda de gente moderadamente rara viviendo cosas moderadamente raras en un ambiente que uno imagina extraordinario (¡México!), aunque el autor se limite a nombrarlo, sin atribuirle verdadero peso en la acción…
Pero acabé rindiéndome al gusto de leer esas seiscientas páginas. Y me ha quedado en la cabeza una bonita confusión de sensaciones.

Y está bien dicho. 

Roberto Bolaño durante su disipada juventud. 


Los detectives salvajes (a pesar de su éxito y de abrirle la entrada al grupo de escritores latinoamericanos y a convertirle en un icono cultureta de la Generation Next de Pepsi) parece una novela con mala suerte: nunca encontrará a sus lectores a tiempo. Cuando uno lo lee parece demasiado viejo para haberlo leído, pero cuando deberías haberlo leído, tenías seguro lecturas mucho más importantes. Es un libro para leer de adolescente, pero la carga de erudición aleja a los adolescentes del texto. Si la lees la novela en tu vida adulta, te recordará a esas amistades que mitifican su juventud

Sus virtudes son las mismas que sus defectos. Su estructura, su estilo, su profundidad y su superficialidad, su 'inventio', su verosimilitud... Supone ya un tópico hablar de la meta-novela, la meta-ficción y todo esa mixtura de relaciones entre la realidad y la ficción en la obra de Bolaño. Y esa es, precisamente, otra de sus virtudes y otro de sus defectos: la materia real, el germen histórico del que emerge la materia que cuenta otorga al texto y a los personajes de una verosimilitud asombrosa, pero al mismo tiempo, la novelería, la invención, 'la literatura' en términos despectivos resulta un espejo carente de ironía (aunque lo parezca) en la que el escritor construye, inventa y da forma no a su pasado, sino a quién le hubiera gustado ser. El yo incontrolado de cualquier persona que se dedica a escribir se expresa inconteniblemente en su relato. Quizás por ese motivo, esta novela de Bolaño resulta demasiado noventera y, quizás sea ese, al mismo tiempo, el motivo por el que no me gusta leer literatura contemporánea. Y mucho menos escribir sobre ella. 


Más información interesante: 

Libros prohibidos 

El castillo del inglés

Un libro al día 

Jesús de Matías Batalla

Hecho en Cali

Lectura abierta 

Roxana Orue


lunes, 21 de julio de 2025

Dionisíacas. Nono de Panópolis


"Anteayer leíamos versos de Nono. 

qué imágenes, qué ritmo, qué lengua, qué armonia.

Admirábamos entusiasmados al de Panópolis". 

Konstantíno Kaváfis


"El soberano Baco lloró para liberar a la humanidad del llanto"

Nono de Panópolis


(Información extraída de los prólogos de la edición de Editorial Gredos escritos por David Herrera de la Fuente, Sergio Daniel Manterola y Leandro Manuel Pinkler)


Las Dionisíacas de Nono de Panópolis se catalogan como uno de esos textos olvidados de gran trascendencia en su periodo de vigencia cultural. Textos que no han transcendido a la categoría de clásicos (y por lo tanto, textos que no se leen). No obstante, algunas de estas obras 'intrascendentes' resultaron claves en su tiempo y permiten comprender la cultura de esos años confusos entre la antigüedad pagana de Roma, Grecia y Egipto y la Edad Media cristiana. Pero textos, también, que ayudaron a configurar el estado cultural de la historia que conocemos. 

En concreto, Dionisíacas de Panópolis cierra el ciclo de la mitología grecolatina y abre el de la mitología cristiana. En el texto de Nono se encuentra la llave de la configuración del Cristo como personaje mitológico. 

Fue Simone Weil quien escribió sobre llegar a Cristo a través de los griegos y, en este sentido, Dionisiacas representa perfectamente ese momento de la historia en el que se produce un cambio cultural: el estado anterior no se adapta a las necesidades de una sociedad que ha cambiado; del pasado (de los ritos, de las historias, de la filosofía y de los relatos) surge una nueva cosmovisión que se manifiesta en multitud de configuraciones que se perfilan, se liman, se asimilan y toman una forma concreta, la forma dominante: la transformación de Dionisio a Cristo, la asimilación de Osiris a Cristo, la influencia de Hermes y Zoroastro en Cristo. Si miramos a esos siglos con la mirada del presente nos equivocaremos, también, si la consideramos una época visara entre dos eras... siete siglos son demasiados. 


La configuración del mito cristiano y sus fuentes serían materiales para una investigación muy productiva. En ese caso, las Dionisíacas de Panópolis resultarían un texto ineludible, ya que nos presenta una vida y muerte de Dionisio paralela a la del Cristo. Sin más, el poema se exalta la misión providencial de Dionisio: la necesidad de un dios que nos salve a la humanidad de la tristeza y del pecado. Una misión que ya corría por todo el mediterránea asimilada al vino (aunque con otros nombres y formas diferentes)

Durante estos largos siglos "de transición", los sincretismos religiosos extravagantes (lo vemos en el Satiricón de Petronio) suponen un ejercicio necesario para la gestación de nuevos símbolos: el germen de una nueva creatividad. Es difícil precisar la primacía de la influencia (Dionisio sobre Cristo o Cristo sobre Dionisio), pero la obra de Nono encierra un mensaje muy representativo de la mentalidad del paganismo tardío, de esos años entre el siglo II y el siglo X tan desconocidos y tan inventados. Dionisio (denominado Kosmokrátor "regente del mundo") encarna el nuevo orden del universo. Las Dionisíacas nos trasmite misión del dios del vino como configuración de un remedio de penas para los mortales. Dice, literalmente Panópolis: "el soberano Baco lloró para liberar a los hombres del llanto". Dionisio, el instaurador de una era de júbilo para la humanidad. La expedición contra los Indios simboliza la instauración de un nuevo orden, más dichoso para la humanidad. Los gigantes (así como el monstruo Tifón) representan fuerzas arcaicas irredimibles que se oponen a la liberación en un nuevo orden que queda representado por los Olímpicos en la mitología y por Dionisio en las Dionisíacas

Vamos a explicarlo; 

1) Dionisio dissótokos, el "dos veces nacido"

En la primera parte de la obra se nos cuenta la historia del primer Dionisio, llamado Zagreo, hijo de Zeus y de Perséfone. Este primer Dionisio sufre una pasión similar a la de Cristo, se identifica con el vino (como Cristo) y su cuerpo descuartizado sirve de alimento como modo de superar nuestra parte titánica (ya hemos dicho lo que significa) y recordar nuestra parte divina. 

Eón, que representa el ciclo temporal, las eras de la humanidad y de la tierra (hoy día un 'eón' es una medida del tiempo geológico) reclama el nacimiento del segundo Dionisio, hijo de Sémele. Por lo tanto, la nueva era tendrá el sello dionisíaco (representante de la misma filosofía de Cristo). Este segundo Dionisio comienza una campaña militar en la India. Su misión tiene un propósito civilizador: se propone llevar el vino, la nueva justicia y la religión por todo el oriente. 

2) Nono de Panópolis es autor de una Paráfrasis del evangelio de San Juan. Las verdaderas creencias del autor permanecen como un misterio. Nono fue un griego egipcio de la ciudad conocida como Panópolis (hoy Akhmim).  Durante el siglo V después de Cristo, la aristocracia impregnada de helenismo reaccionó contra la propaganda cristiana. La versión más extendida es que al final de su vida se convirtió al cristianismo, pero quizás podríamos plantear que el cristianismo para Panópolis y para tantos de su época solo fuese un nombre diferente para una misma creencia: un Dios salvador que instaura un nuevo orden cultural y social.

Barroquismo como expresión dionisíaca

Este poeta tardío, casi desconocido para las personas aficionadas a la literatura, impresionó vivamente a poetas como Goethe o Kavafis, aunque, no obstante, desde la crítica o el academicismo se le ha considerado un autor de estilo "impuro" o, como mínimo, un modelo literario poco recomendable.

Lo cierto es que el estilo literario de Dionisiacas surge del mismo regusto del que surgen obras como las Soledades de Góngora, Paradiso de Lezama Lima o Primero sueño de Sor Juana. Y solo en relación con estas obras se comprende la configuración barroco-dionisíaca del texto de Nono: la sensualidad barroca de sus descripciones, la presentación de elementos astrológicos y mistéricos como metáforas o la mezcla de géneros que recuerda al Quijote. Porque en Dionisíacas nos enfrentamos a una epopeya homérica, a un relato de amoríos bizantinos y pastoriles y a un texto profundamente místico y espiritual. 

El texto crece a través de la poética de la variación de corte bizantina, lo que en la retórica griega se conoce como la pikilía,  principio inspirador y configurador del universo de Nono. En el caso de Dionisíacas (como en toda obra barroca que se precie) la pikilía aparece exagerada, desbordada por una creación descontrolada como un tumor: un barroquismo aparentemente muy alejado del espíritu heleno que busca la perfección y la mesura. 

El estilo forma parte del mensaje: al comienzo de la obra, Nono se encomienda a Proteo para que le ayude con la creación del poema. Esta invocación supone una declaración de intenciones: Proteo es un dios cambiante y por ese mismo motivo el cambio de estilo debe estar presente en la obra. Además, el carácter exaltado del mito dionisíaco propicia un estilo arrebatado en sus descripciones, exagerado, exultante, sensual y sensitivo que solo se puede disfrutar si se comprenden las Dionisíacas (y cualquier acercamiento al arte barroco) como una experiencia no para la mente sino para la intuición y los sentidos.  


Un resumen de la epopeya de Dionisio 

Las dionisiacas narran la historia mítica del dios Dionisio, desde su nacimiento hasta su apoteosis. Además, Nono agrega una epopeya simbólica: la expedición del dios a la India. El poema comprende cuarenta y ocho cantos, exactamente los mismos que la suma de la Ilíada y la Odisea. 

El texto comienza con una historia previa como antecedente: Cadmo busca a su hermana Europa, raptada por Zeus (¿leyó Góngora el texto de Nono de Panópolis?). En esta primera parte también se narra la rebelión de Tifón contra el orden Olímpico, la metamorfosis de Cadmo en pastor para engañarle y la victoria de Zeus que restablece el orden cósmico. Tras sus bodas con Harmonía, funda la ciudad de Tebas (ciudad de Edipo y de Yocasta). 

El relato se interrumpe con la mención de Sémele y la pasión del primer Dionisio, que Nono denomina Zagreo, probablemente la parte más interesante para los lectores contemporáneo: el descuartizamiento por los Titanes:

Zeus se acerca a Perséfone bajo la forma de un dragón y la posee. De esta unión nace Zagreo, "un vástago cornudo", que de inmediato se sube al trono de Zeus y maneja con familiaridad sus armas. A continuación, los Titanes descuartizan al niño con un cuchillo sacrificial instigados por los celos de Hera. Su muerte desencadena un diluvio. Toda la tierra queda bajo las aguas en total desorden. 

Se restablece el orden cósmico: la nueva generación de hombres originada por Deucalión, personaje mitológico asociado con el diluvio, vive entre pesares. Entonces, Eón es el encargado de dirigir sus súplicas a Zeus para implorar por la salvación. El primero entre los dioses promete enviar a la tierra un alivio de sus penas. Después de esta escena, crucial para el significado de toda la obra, queda anunciado el futuro nacimiento de Dionisio, dios del vino, y se relata la unión de Zeus con Sémele, la hija de Cadmo. 

El relato retoma entonces la vida de Dionisio hasta el surgimiento del vino. Se cuenta la historia de Ámpelo (cuyo nombre significa "vid"), mancebo amado por Dionisio. Pero Ámpelo muere asesinado por un toro. Dionisio, llora y al leer los presagios de las Tablas se nos informa que Ámpelo será transformado en  vid, símbolo de júbilo para los hombres y gloria dionisiaca, como un don para la humanidad. "El soberano Baco lloró para liberar a la humanidad del llanto", dice literalmente el texto de Nono. 

Posteriormente se nos cuenta la guerra contra los indios, una misión encomendada a Dionisios por Zeus. Una acción justiciera con el objetivo de preparar al mundo para un nuevo orden. El sentido de la guerra simbólica contra los Indios es el de la exterminación de cierto tipo de hombres pertenecientes a un estadio anterior del orden del mundo. Dionisio vence a los indios al volcar el vino en las aguas del río. 


Retorno triunfal de Dionisio y apoteosis final

A su regreso hacia Frigia, el dios visita en compañía de Sátiros y Bacantes por segunda vez Arabia, donde enseña al pueblo sus Misterios. Se narra la visita del dios a Béroe, en Siria (en uno de los momentos más importantes para la significación general de la obra), en donde Nono dedica a Béroe dos encomios con la intención de realzar la función de esta ciudad en la constitución del derecho. 

Se pasa a la narración del encuentro de Dionisio con Ariadna en Naxos. Al contemplar la imagen de la joven dormida en la arena Dionisio es tocado por Eros. Ella se despierta y se lamenta ante el dios de que Teseo la haya abandonado. Dionisio, inflamado por el deseo, le declara su amor y le promete una estrellada corona celestial. Ariadna, reconfortada, se entrega al dios en unión amorosa. Después, Dionisio se dirige a las proximidades de Argos, donde no son bien recibidos sus cultos. Como consecuencia, el dios induce a las mujeres del lugar a la locura. De este modo, asocia Nono la historia de Ariadna con la de Perseo. En efecto, el héroe, aguijoneado por Hera, se enfrenta a Diosinio y con medio de sus armas mágicas convierte en piedra a Ariadna, y hubiese hallado su muerte a manos de Dionisio de mediar Hermes reconciliándose . Termina así el paso del dios por la Hélade. 

Finalmente, tiene un encuentro con la cazadora Aura del séquito de la diosa Ártemis. Se vuelve a tratar el tema de la virgen que huye de la unión sexual (parthémos phygodémnios). Dionisio, ardiente de deseo, debe recurrir a Afrodita para poseer a la huidiza joven, y la posee sumida en un profundo sueño. De esta unión nace Iaco, el tercer Diosnisio, mistérico y eleusino. Pero la joven desesperada se arroja al río Sangario y Zeus la convierte en una fuente. El niño Iaco es acogido por la diosa Palas y honrado como un dios. Finalmente, la ascensión de Dionisio al cielo. 

A Nono se le considera como el último poeta pagano, en una romántica visión de los últimos días del paganismo, como la última reacción paganizante que comenzaría en el siglo IV con figuras como la del emperador Juliano. La ciudad de Panópolis se caracterizó principalmente por una gran mezcla de razas y credos y fue sede de unos cuatrocientos templos. Se caracterizó por un ambiente étnico y culturalmente muy variado que, sin duda afectó a nuestro autor. 

Nos encontramos ante una obra de la fines de la Antigüedad, una época que no es como nos imaginamos, una época que evoluciona a lo que somos hoy como humanidad pero que no puede comprenderse con el pensamiento contemporáneo. 

 

Más información interesante: 

Amigos de la egiptología: Nono de Panópolis. Sociedad, religión y literatura en el Egipto tardoantiguo. 

Revista de libros: El ultimo gran poema griego. 







martes, 1 de julio de 2025

Pasaje a la India. E. M. Forster


Compré este libro con catorce o quince años en 1997. Lo compré sin saber qué leería, solo por el título, porque aparecía el nombre de India en la portada y en aquel momento sentía interés en esa idea pseudomística y evasiva que nos sugiere, es decir, la promesa de una filosofía que te explique y te haga sentir mejor cuando la forma de vida de la sociedad en la que vives no te funciona. 

Buscaba una introducción a la trascendencia (y el título me pareció adecuado), pero encontré un relato que encarna un problema geopolítico y humano: el colonialismo y sus consecuencias en quienes lo sufren y en las personas que lo practican (conscientes o inconscientemente). Casi treinta años más tarde encontré el ejemplar en la casa de mis padres. Literalmente se cayó de una estantería mientras hacía limpieza y seleccionaba libros para llevarme. 

Se trata de una novela clásica en el sentido formal de la palabra, pero perfectamente construida. E. M. Forster utiliza sus experiencias personales para describir en Pasaje a la India el nacimiento de una nación: la India; y en concreto del desarrollo del movimiento de independencia indio que nace de su propia historia y del rechazo a la prepotencia y las humillaciones del Raj británico

Ya en el segundo capítulo se plantea la pregunta que sirve como germen de la novela. Unos personajes indios discuten sobre si es posible ser amigo de un inglés. para los indios que han estudiado en Europa es más fácil ser amigo de los ingleses en Inglaterra que en India; cuando llegan al país para ocupar un cargo administrativo, dicen, acaban desconfiando de las personas nativas y marcando las distancias. 



El colonialismo permanece como una superestructura que configura la personalidad, las emociones y la visión de quienes viven o se benefician de él. Por este motivo, resulta complicado empatizar con ninguno de los personajes, porque los cuatro protagonistas (que se sienten atraídos entre ellos por los lazos de la amistad) sufren las consecuencias del colonialismo que les empuja a cometer errores. Errores irreversibles. Precisamente mostrar la debilidad de los personajes es el gran acierto de Forster. 

Cada personaje ve lo que quiere ver en India, un misterio, una aventura, un problema o una víctima. La confusión de la india para un estereotipo europeo que quiere acercarse a la población india sin descolonizar su mente provoca una confusión terrible en Adela, una confusión que destruye la posibilidad de la amistad. El orgullo de una nación en ciernes pisoteado por los ingleses también impide el perdón y la empatía en Aziz, pero es fácil justificarle: "No podremos ser amigos hasta que India no sea una nación", le dice Aziz a Fielding casi al final de la novela. 

Algunos fragmentos: 

Apartando a Aziz le gustaba oír hablar de su religión. La parte más superficial de su mente se calmaba con ello, permitiendo que por debajo se formaran bellas imágenes. Al terminar la ruidosa perorata del ingeniero, Aziz dijo: “ese es exactamente mi punto de vista”. Extendió la mano con la palma hacia arriba y empezaron a brillarle los ojos y a llenársele de ternura el corazón. Apartando más la colcha, recitó n poema de Galib. No tenía conexión con lo sucedido anteriormente, pero le salió del corazón y conmovió a sus oyentes, que se sintieron dominados por su patetismo; lo patético -todos estaban de acuerdo- es la cualidad más elevada del arte, un poema ha de afectar a quien lo escucha haciéndole tomar conciencia de su debilidad, y debe al mismo tiempo formular alguna comparación entre la humanidad y las flores. En el sórdido dormitorio cesaron los ruidos; mientras palabras que todos aceptaban como inmortales llenaban el aire indiferente, quedaron en suspenso las estúpidas intrigas, las habladurías, los descontentos superficiales. Sintiéndola como verdad tranquilamente y no como grito de batalla, les embargó la convención de que la India era una; de que era musulmana; de que siempre lo había sido; y esa seguridad les duró hasta que volvieron de nuevo la vista hacia la calle

(...)

Pero Adela había conseguido helar la mente oriental al mismo tiempo que le quitaba un gran peso de encima, y el resultado era que Hamidullah difícilmente podía creer que fuese sincera, y, en realidad, desde su punto de vista de vista no lo era. Porque su comportamiento descansaba sobre la sinceridad y la justicia entendidas de la forma más fría imaginable; al retractarse, Miss Quested no había sentido amor por aquellos a quienes había perjudicado. La verdad no es la verdad en esa tierra tan exigente a no ser que vaya unida a la amabilidad, seguida de más amabilidad y luego otra vez de más amabilidad aún; a no ser que la Palabra que estaba en Dios también sea Dios. Y el sacrificio de la muchacha -tan meritorio según las ideas occidentales- era rechazado con toda justicia porque, aunque venía de su corazón, no lo incluía. Unas cuantas guirnaldas, colocadas por los estudiantes alrededor de su cuello, era todo lo que la India iba a darle como recompensa. 

(...)

-Ya lo sé, amigo mío, ya lo sé; no tienes por qué poner una voz tan solemne y llena de ansiedad. Sé también lo que vas a decir a continuación: No hagas que Miss Quested te pague, y así los ingleses podrán decir: "He aquí un nativo que se ha portado como un caballero; si no fuera por su piel morena casi le dejaríamos ser miembro de nuestro Club". El beneplácito de tus compatriotas ha dejado de interesarme; me he vuelto antibritánico, y tendría que haberlo hecho antes, porque así me hubiese evitado muchas calamidades. 

POSDATA SOBRE EL RACISMO: la novela se equilibra en torno a un enfrentamiento arquetípico entre dos culturas. Un enfrentamiento que parece inevitable dadas las diferencias. Pero, en realidad, el enfrentamiento y la oposición no es cultural (más allá de malentendidos de protocolo y cortesía), sino política: el colonialismo occidental y la población sometida. 

Además, en el cartel de la película de David Lean, aparecen los actores británicos: Alec Guinness disfrazado de indio, Judy Davis y James Fox. Pero no aparece el actor que interpreta a Aziz, prácticamente el protagonista principal, vinculado con Adela: Víctor Banerjee. 




Más información de lectura de Pasaje a la India

Clublecturacastellnovo: Guía de lectura de Pasaje a la India

Caprichocinéfilo: La pasión contaminada

Clubdelecturavirtual