miércoles, 23 de octubre de 2013

De la simple existencia (II). Wallace Stevens.


Originalmente Of mere being. Lo digo porque al traducir "being" por "existencia" quizás se pierda el componente de sucesión, de estar ocurriendo, que en cierto sentido enriquece la obra.

Es la segunda vez que escribo sobre esta antología, porque en realidad en la primera lectura no entendí absolutamente nada salvo que había un todo y un nosotros, y sus relaciones a veces eran confusas y otras completas y totalizadoras.

Se le llama poeta de la imaginación, a Wallace Stevens, y se le aleja de la realidad y en cierto sentido se le quita, así, importancia a lo que intentaba transmitirnos, como si hablase de un mundo propio, autista, ajeno a la "realidad de los demás".

Pero diría yo que todos los poetas son poetas de la imaginación (porque todo ocurre en su interior, la vida que creen iluminar es una limitación impuesta por sí mismo) y al mismo tiempo lo son también de la experiencia más concreta, palpable. Todos. Porque no hay que olvidar que la experiencia -en el caso de poetas de cierto alcance-, como decía el mismo Wallace, es mucho más amplia que "la realidad".


Es poeta y americano, si no, se le consideraría un místico, o algo parecido. O uno de esos poetas que se acercan a lo que Huxley llamó la filosofía perenne, que no es más que una percepción más o menos conflictiva sobre la similitud entre lo externo y lo interno. Y sobre eso y no otra cosa escribe Wallace, utilizando siempre elementos y conceptos cada vez más concretos a medida que sus visión se amplia y se alejaba de lo que la mayoría comprende dentro de lo comprobable.

Un poeta que en lo abstracto habla sobre como vemos las cosas y cómo podríamos verlas y cómo las ven los otros, y que en lo concreto propone una serie de imágenes y conceptos tan sorprendentes y creativos que hacia sonrojarse a los demás poetas de su generación.

Un poeta de poetas, verdaderamente.



Variaciones sobre un tema de Williams.


Es una extraña valentía
la que me ofreces, estrella antigua.

¡Brillando sola en el alba
de la que no formas parte!


I

brilla sola, desnuda, como el bronce
en el que no se refleja ni mi cara ni parte
alguna de mi ser, como el fuego que nada refleja.


II

No formes parte de una humanidad
que te baña en su luz.
No seas una quimera matinal,
mitad estrella, mitad persona.
No seas una inteligencia,
igual que un pájaro de viuda
o que un viejo caballo.


Fabliau de florida

Barca de fósforo
sobre la playa de palmeras.

Adentrarte en el cielo,
entra en los alabastros
y los tristes azules de la noche.

Son uno espuma y nube.
Los sofocantes monstruos de la luna
se disuelven.

Llena tu negro casco 
con la blanca luz de luna. 

Nunca tendrá final
este sordo oleaje.


Té en el palacio de Hoon

No porque yo, de púrpura, bajase
por el final del día a través del que llaman 
el aire solitario, no por eso dejé de ser yo mismo.

¿Cual fue el ungüento que roció mi barba?
¿Qué himnos resonaron cerca de mis oídos?
¿Qué mar en su corriente me ahogó?

Los dorados ungüentos llovieron de mi mente,
mis oídos crearon los signos que escuchaban.
Yo mismo fui la brújula del mar:

Yo fui el mundo en que anduve, y lo que vi
o sentí o escuché venía de mí mismo;
y me encontré a mí mismo más real, más extraño. 




Trece maneras de mirar un mirlo


I

Entre veinte montañas nevadas,
lo único en moverse
era el ojo del mirlo.


II

Era yo de tres opiniones,
como un árbol,
en el que hay tres mirlos.


III

El mirlo daba vueltas con los vientos de otoño.
Era sólo una parte de aquella pantomima.


V

No sé lo que prefiero,
si la belleza de los acentos
o la belleza de las insinuaciones;
si el pájaro silbando
o lo que viene luego. 


VIII

Yo de acentos nobles
y de lúcidos, irresistibles ritmos;
se también, sin embargo, 
que el mirlo forma parte de lo que sé.


IX

Cuando el mirlo volaba más allá de mi vista
señalaba los límites
de uno de los múltiples círculos.


XI

Viajaba por Conneticut
en carroza de vidrio.
Una vez,le entro miedo
al confundir la sombra del carruaje
con mirlos. 


XII

El río se mueve.
El mirlo debe estar volando. 


XIII

Toda la tarde era crepúsculo.
Nevaba
y también nevaría.
El mirlo se posó
en las ramas de un cedro.


El sol de este marzo (de mis preferidos)

La brillantez de este temprano sol
me recuerda lo oscuro que me he vuelto. 

Ilumina de nuevo las cosas que cambiaban
a un oro de ancho azul, y que eran parte

de ánimo mudable en un ser más antiguo.
También eso regresa con el aire de invierno.

El frío es nuestro medio y el aire del invierno
trae voces que parecen leones acercándose.

¡Oh rabino, rabino, defiende mi alma y sé
genuino sabio de esta naturaleza!



Acerca de los pájaros brillantes y azules y del sol festivo.

Algunas cosas, niño, son así,
súbitamente alegres, en sí mismas,
así somos tú y yo, oh miserable ser.

Cosas por un momento alegres, que son parte
de un elemento, el más justo para nosotros,
en el que pronunciamos la alegría como palabra nuestra.

Es así, imperfectos, y con estas
cosas, conocedores de la felicidad, sin haber aprendido,
como somos alegrementes nosotros mismos.

Sin esfuerzo mental, allí, en ese elemento,
sentimos, casi aparte, por un momento, como
si hubiese una brillante scienza ajena a nosotros.

La alegría que es ser, no tan solo saber,
la voluntad de ser, ser en total confianza,
provocando una risa, un acuerdo, por sorpresa.




De la simple existencia.

La palmera al extremo de la mente,
se eleva más allá del pensamiento
en la extensión de bronce.


Un pájaro de plumas doradas
canta allí una canción extranjera,

no destinada al hombre sin sentimiento humano.

Entonces tu comprendes que no es esa la razón

que nos hace felices o infelices.
Canta el pájaro. Sus plumas resplandecen.

La palmera está al borde del espacio.

En las ramas se mueve el viento lentamente,
el plumaje del pájaro pende llameante.


Y luego algunos de sus aforismos recogidos en Adagia.


La literatura es la parte mejor de la vida. A esto parece necesario añadir que siempre que la vida sea la mejor parte de la literatura.

Un poema es un meteoro.

El arte implica mucho más que sentido de la belleza. 

La poesía es una forma de melancolía. O mejor: en melancolía es una de las autres choses solatieuses.

Lo real es sólo la base. Pero es la base.

El poema se revela sólo al ignorante. 

En poesía debes amar las palabras, las ideas, las imágenes y los ritmos con toda tu capacidad para amar cualquier cosa. 

Lo que vemos en la mente es tan real para nosotros como lo que vemos con los ojos. 

La poesía debe ser irracional. 

Se lee poesía con los nervios. 

El poeta es el intermediario entre la gente y el mundo en el cual la gente vive, y también entre la gente y él mismo; pero no entre la gente y algún otro mundo. 

La ética no forma parte de la poesía mas que de la pintura. 

Como la razón destruye, el poeta debe crear. 

El realismo es una corrupción de la realidad.

Todos los hombres son asesinos. 

El pensamiento tiende a formar charcas.

La ignorancia es una de las fuentes de la poesía.

La poesía es un faisán que desaparece en la maleza.

El poeta representa la mente en el acto de defendernos de ella.

La imaginación aplicada a mundo entero es insípida comparada con la imaginación aplicada a un detalle. 

La poesía es una respuesta a la necesidad diaria de arreglar el mundo. 

Los grados de la metáfora: el objeto absoluto ligeramente ladeado es una metáfora del objeto. 

Todo el impulso de la mente se dirige a la abstracción.

A la larga, la verdad no importa. 









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sábado, 12 de octubre de 2013

Santuario. William Faulkner.



Desde el punto de vista formal no es solo perfecta, Santuario, es asombrosa. Pero también comprende uno que Faulkner nunca le hablase de esta novela a sus hijos ni a sus nietos. Sentía cierta aversión por el libro. Por la historia que se cuenta en él y que Faulkner imaginó. Como si hubiera sido un mal sueño o una pesadilla.

Se sabe que Faulkner no escribió esta novela por "la necesidad vital de escribirla". Justo después de publicar El ruido y la furia sin pensar en el éxito o el fracaso, como un artista comprometido con su obra, estaba pasando ciertos apuros económicos y aprovechó su reciente fama para escribir un libro a gusto del público con el único objetivo de ganar algún dinero

El genio libre y sin control puede crear obras enormes, totalizadoras y sublimes; pero también el genio encorsetado, controlado por otros o al servicio de una idea, es capaz de dar luz a creaciones perfectas en lo concreto, comunicativas y entendibles por todos. El primer caso podría ser El ruido y la furia, el segundo Santuario.


No obstante, no creo que tenga nada que ver con la sensación de haber prostituido sus principios artísticos la aversión que Faulkner sentía por Santuario. La historia que narra es tan terrible que seguramente se odiase por haberla escrito. Por el hecho de que el encuentro entre de Popeye y Temple Drake hubiera nacido en su interior. En su interior o en el subconsciente colectivo que Faulkner pudo descifrar intuitivamente.

Faulkner lo dijo: "quise inventar la historia más horrible que pude imaginar". El resultado fue demasiado desagradable para el escritor y para el editor que se negó a publicarlo sin censura. Pero también lo fue para la sociedad americana bien pensante que no podían aceptar que algo así estuviese tan cercas de sus hijas universitarias o que ellos mismo formaran parte de todo eso.


Creo que se le adjudica a Flaubert la frase que proclama a la literatura como más real que la realidad, o algo parecido. Aunque parezca la frase sonora y paradójica de un exaltado, no deja de ser cierta (al menos en algunos aspectos): la literatura forma parte de la realidad, por lo que es real, pero además profundiza en ella, por lo que es "más real". Es como la filosofía o la ciencia o la espiritualidad, una de las herramientas de que disponemos para encontrarnos a nosotros mismo en el entorno.

Bueno, y a qué venía esto. Venía a que el horror que encierra esta novela no puede ser real de ningún modo. Aunque es cierto que todos los días ocurren tragedias mucho más terribles, arbitrarias y dolorosas, nunca aparecen dispuestas de un modo tan poético -no exento de belleza- y tan bien encajado como en Santuario. Por eso "no puede" ser real.

Esta novela, escrita desde la lógica realista, incluso naturalista, encaja, en realidad, con el lenguaje de los sueños en el que imágenes inconexas se alían con la fuerza del simbolismo. Una novela que no debe entenderse como real o verosímil (aunque lo sea), sino como una pesadilla en la que el sexo, el deseo, la violencia impune del individuo y de las masas y las presiones sociales se presentan cargadas de connotaciones y sugerencias.






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sábado, 5 de octubre de 2013

Anábasis. Saint-John Perse.


Perse era demasiado culto, demasiado universal para ser un poeta corriente. Todo tenía importancia para él: el conocimiento de la flora antillana, el Derecho Romano o las ultimas estadísticas macro-económicas. Pero su sabiduría no la encontró en los libros, precisamente. Su formación fue algo más profunda y directa: la experiencia personal, los viajes y la curiosidad.

Perse sentía una extraña fobia por los libros. Cuentan que cuando en 1899 su familia se trasladó desde la Guadalupe a Francia, durante la operación de carga y descarga en el puerto Pointe-á-Pitre, los nueve enormes cajones recubiertos de zinc que contenían la esperada biblioteca familiar cayeron y se hundieron en el agua. La compañía de seguros ordenó rescatar los cajones pensando que el embalaje metálico protegería el cargamento, pero cuando las cajas llegaron a su destino y las descargaron en el patio de la residencia de los Perse, parece ser que despedían tal olor que tuvieron que llamar a los bomberos. Una masa informe en plena fermentación. De toda la biblioteca solo se salvó la primera página de Las Flores del Mal de Baudelaire. Fue tanta la tristeza que el poeta vio en la cara de su padre que desde entonces siempre desconfió de los libros.

Aún así, demasiado sabio Perse, aunque él mismo definía su sabiduría como "hostilidad a la cultura".


Por algo la obra de Perse flota en la historia sin precedentes claros, fuera de la corriente de la poesía contemporánea, más cerca incluso de la Iliada que de la Odisea

Poesía hermética y totalizadora al mismo tiempo. Es curioso que muy alejado de las intenciones rupturistas de los "ismos" que dominaban la poética de su época, el mismo Andre Breton quería sumarlo a las filas del surealismo. No obstante, Anabásis es casi un viaje al interior de la conciencia colectiva en un periodo imaginado de fundación de las sociedades. 

"El poeta -dice Perse- tiene el perfecto derecho, e incluso el deber, de ir a explorar los más oscuros dominios; pero cuánto más lejos va en esta dirección, más debe emplear medios de expresión concretos. Cuanto más lejos penetra en el dominio irracional o místico, más obligado está a expresarse por medios reales, incluso extraídos de su vida experimental. Tened los pies en el suelo y construid con todo eso una obra fuera del tiempo, fuera del lugar, edificada en esta re-creación".

Puede también que este complejo poema que nos traemos entre manos, publicado en 1942, sea uno de los poemas claves del siglo XX. Sin duda uno de los que mas influencia han ejercido posteriormente, sobre todo en la poesía anglosajona a través de Eliot. Valgan algunos de sus admiradores: el mismo Eliot, Walter Benjamin, Valery, Proust, Gide, Apollinaire, Rilke, Breton, entre otros...

El término que da titulo al libro no tiene nada que ver con el otro Anábasis del historiador griego Jenofonte. Etimológicamente Anábasis significa "expedición hacia el interior" y también "ir en silla de montar". Un doble significado que expresa los dos contenidos esenciales del poema: el viaje interior hacia el conocimiento y la concepción del ser humano como extranjero eterno.

Solo una vez se refirió Perse al poema en prensa fue en 1960 y dijo: "Anábasis tiene por objeto el poema de la soledad en la acción. Tanto la acción entre los hombres como la acción del espíritu hacia el otro y hacia mí mismo. Yo quise hacer la síntesis, no pasiva sino activa, de los recursos humanos. Pero no se trata en poesía de temas psicológicos por medios abstractos. Fue preciso "ilustrar": es el poema más cargado de concreto...". El poema épico contemporáneo.

(La traducción de la edición de Visor deja mucho que desear o quizás es que este poema no puede traducirse. En fin, si podéis leerlo en Francés.)



III

El hombre sale a la cosecha de cebada. No sé qué habló tan fuerte sobre mi techo. Y he aquí que estos reyes se han sentado en mi puerta. Y el embajador come en la mesa de los reyes. (¡Que mi grano les alimente!) El verificador de pesas y medidas desciende por los ríos enfáticos con toda clase de restos de insectos. Y de briznas de paja en las barbas. 

¡Bien! ¡Nos dejas perplejos, Sol! ¡Nos has dicho tales mentiras! ¡Instigador de problemas, de discordias! Repleto de insultos y de escándalos ¡Oh, sedicioso, haz estallar la almendra de mi ojo! Mi corazón pía de alegría bajo las magnificencia de la cal. Canta el pájaro: "¡Oh, vejez...!", ¡por sus lechos van los ríos como gritos de mujer y este mundo es más bello que una piel de morrueco pintada en rojo! 

¡Más amplia la historia de esa hojarrasca en nuestro muros, y el agua más pura que en los sueños, gracias, gracias le sean dadas por no ser un ensueño! Mi alma está plena de mentira, como el mar fuerte y ágil bajo la vocación de la elocuencia. El olor poderosos me rodea, Y la duda se eleva sobre la realidad de las cosas. Pero si un hombre tiene por agradable su tristeza ¡que lo exhiban de día y mi opinión es que lo maten, si no habrá una sedición. 

Mejor dicho: te advertimos, Retórico, sobre nuestras ventajas incalculables. ¡Los mares culpables en los estrechos no han conocido juez más riguroso! Y el hombre entusiasmado con un vino, llevando su corazón zumbador y feroz como un pastel de moscas negras, se pone a musitar: "... rosas, purpúrea delicia: la vasta tierra de mi deseo, ¿quién establecerá los límites esta noche...?" Y un tal, hijo de tal, hombre pobre, llega al poder de los signos y los sueños. 

 "Trazad rutas por donde habrán de irse las gentes de toda raza, mostrando ese color amarillo del calcañal: los príncipes, los ministros, los capitanes de voces amigdalianas; aquellos que hicieron grandes cosas, y aquellos que ven en sueños esto o lo otro... El sacerdote ha presentado sus leyes contra el gusto de las mujeres por las bestias. El gramático escoge el lugar de sus disputas al aire libre. El sastre cuelga de un viejo árbol un traje nuevo de bello terciopelo. Y el hombre aquejado de gonorrea lava su ropa en el agua pura. Hacen quemar la hez del enfermizo y su tufo llega al remero en su barco, un olor que le deleita".

El hombre sale a la cosecha de la cebada. El olor poderoso me rodea, y el agua más pura que en Jabal tiene rumor de otro tiempo... En el más largo día del año calvo, elogiando la tierra bajo el herbaje, yo no sé quién ha seguido tan estrechamente mis pasos. Y los muertos bajo la arena y la orina y la sal de la tierra son ya como cascabillo cuyo grano fue arrojado a los pájaros. Y mi alma, mi alma vela ostentosa a las puertas de la muerte...

- Más dí al príncipe que calle: ¡clavado en la lanza, entre nosotros, este cráneo de caballo!






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sábado, 28 de septiembre de 2013

Nadja. André Breton.





"Ante el misterio. Hombre de piedra, compréndeme".


Esconde Nadja la esencia de dos grandes novelas del siglo XX (y de casi todas las grandes novelas): Trópico de Cáncer y Rayuela. Como si formaran parte de una trilogía, las tres plantean a personajes perdidos sobre el plano de un París laberíntico y a tres mujeres, como una efigie, a las que nunca se les llega a ver el verdadero rostro. Nadja, Mona (June) y la Maga.

Las tres, símbolos del misterio y de lo inabarcable, que reflejan, al igual que las calles de París, el estado mental dislocado de los escritores. Y cuando digo "dislocado" quiero decir iluminado quizás, o como mínimo alerta, esperando una señal.


Los tres escritores confiesan haber terminado sus novelas de una tacada casi en estado de trance después de haber conocido a una mujer. También lo hizo Proust con su particular Albertina (en cierto sentido, otra vez la misma novela). Y resulta que estas cuatro mujeres: Nadja, Mona, Maga y Albertina, también tenían todos un referente en la vida real. Cuatro personas (Albertina era un hombre) que desataron la búsqueda existencial de estos cuatro escritores que cometieron los mismos errores:

1. El deseo de posesión de la persona amada, como William Bourrough en Queer. Dice bretón:

Nadja ha telefoneado mientras me encontraba ausente. A la persona que ha contestado la llamada, y que le preguntaba de mi parte como llegar hasta ella, le ha contestado: no se me alcanza".

 2.  Los tres escritores (los cuatro, y los cinco...) como buenos maniáticos y nerviosos solo pretendían comprender su objeto de deseo como se comprende un libro, y comprender no es aceptar. Quizás si hubieran aceptado -eso tan difícil- no habrían escrito estas novelas capitales, pero hubieran escrito otras... como El beso de la mujer araña de Puig o La sonrisa en el ojo de la mente de Durrell. En fin. Mucho más "equilibradas"...


Bueno, no lo hicieron y nos dejaron estas grandes documentos sobre la inadaptación que dejan entrever un nuevo orden de posibilidades. Como si el dolor, el desconcierto y el sufrimiento iluminaran un camino.

Tres mujeres, al final, igual de perdidas sobre el plano de París que los escritores que intentaron controlarlas. Mujeres despiertas a otro sistema diferente. Crueles también y poderosas, pero al mismo tiempo débiles, incapaces. Victimas. Como los poetas en el poema Albatros de Baudelaire.

Dice Bretón:

Para recuperar su atención le recito un poema de Baudelaire, pero las inflexiones de mi voz le producen un nuevo espanto, aumentado por el recuerdo que conserva del reciente beso: "un beso que contiene una amenaza". Se para de nuevo, se acoda en el petril de piedra desde donde su mirada y la mía se hunden en el río, centelleante de luces a estas horas: "Esa mano, esa mano en el Sena, ¿por qué esa mano que arde en el agua? Es cierto que el fuego y el agua son lo mismo. Pero ¿qué quiere decir esa mano? ¿cómo la interpretas tu? Pero déjame que vea esa mano. ¿Por qué quieres que nos vayamos? ¿de qué tienes miedo? Piensas que estoy muy enferma? ¿Verdad? Yo no estoy enferma. Pero qué significa para ti todo esto: el fuego en el agua, una mano de fuego en el agua (bromeando) Claro que no se trata de la fortuna: el fuego y el agua son los mismo; el fuego y el oro algo completamente distinto. Son tus pensamientos y los míos. Mira de dónde surgen todos, hasta dónde caen. Y luego, en cuanto se deshacen, la misma fuerza vuelve a rehacerlos y de nuevo ese ascenso, esa caída... y así interminablemente". 

Exclamo: "¡Pero Nadja, qué extraño! ¿De dónde sacas precisamente esa imagen, que está expresada casi de la misma forma en una obra que acabo de leer y que no puedes conocer (y debo explicarle que constituye el motivo de un grabado que encabeza el tercero de los Dialogos entre hylas y philonous , de Berkeley en la edición de 1750, que va acompañado de la leyenda: urget aquas vis sursum eadem flectit que deorsu -la misma fuerza lanza hacia el cielo las aguas y las hace volver a caer).









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sábado, 21 de septiembre de 2013

Poesías completas. Konstantino Kavafis.



Kavafis dijo en cierta ocasión: "a veces pasa por mi cabeza la idea de escribir sobre mi vida amorosa. ¡Aún no lo he hecho! ¡Los prejuicios son tan grandes"...

Y resulta curioso, porque da la impresión de que en realidad no hizo otra cosa sino escribir sobre su vida amorosa: la que vivió o la que le gustaría haber vivido, la que experimentó y la que imaginó.

Eso sí, nunca lo hizo en primera persona. Kavafis es el poeta que más lejos ha llevado el correlato poético, es decir, la utilización de un personaje (histórico o imaginario) como medio de expresión de sus obsesiones: el deseo sexual, el paso del tiempo y la decadencia histórica y personal.

El amor y el deseo, salvo una o dos excepciones, siempre prohibido y recordado y por su puesto, siempre entre hombres, lo que le ha llevado a convertirse en una especie de icono homosexual. Aunque en la compresión de su obra, precisamente por la sinceridad del poeta y su expresión sin tapujos, poco importa la dirección de sus deseos. Lo contrario, por ejemplo, de poetas como Cernuda o Walt Whitman, en los que la homosexualidad y su autocomprensión se convierten en elementos indispensables (quizás no tan indispensable, vale) para entender su proceso creativo.

El paso del tiempo y los deseos insatisfechos, aunque sea un tópico gastado, suponían para el poeta alejandrino una presión de la que no podía deshacerse. Como en el poema de las velas en el que consigue fácilmente descorazonar al lector con la rapidez y la irreversibilidad del transcurrir del tiempo. Cada paso que damos es un paso hacía la muerte, hacía la vejez y sí, aunque en el poema Ítaca idealiza la vejez como un "por fin la sabiduría y la paz interior", dice Kavafis "aprovecha el viaje hacía Ítaca" y parece que sea el consejo de alguien que no lo hizo.

Y respecto a su refinada cultura grecolatina, Kavafis compuso, principalmente, poemas no sobre los grandes momentos históricos, sino sobre su decadencia, como Esperando a los bárbaros, poema de indescriptible belleza, bastante actual aujourd'hui.

También su maniático perfeccionismo estilístico para eliminar todo tipo de retórica y decoración, su estilo testimonial cercano, tan dramático... todo eso...

... pero además, Kavafis fue el segundo poeta que me habló (el primero fue este) y el que me enseñó a leer a otros poetas, porque a veces la poesía es algo que permite, a quienes no pueden hacerlo de otro modo, vivir intensamente. Pocos "vividores" al uso han sido buenos poetas.

...

(Mientras escribía el texto pensaba poner una lista muy larga de mis poemas preferidos del viejo poeta de Alejandría, pero estos simples seis versos son suficientes)


Nada me retuvo. Me liberé y fui
hacia placeres que estaban 
tanto en la realidad como en mi ser,
a través de la noche iluminada.
Y bebí un vino fuerte, como
sólo los audaces beben el placer. 







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sábado, 14 de septiembre de 2013

El templo del alba. Mishima.


"Vemos al Japón emborrachándose de prosperidad y hundiéndose en un vacío del espíritu. Vamos a devolverle su imagen y a morir haciéndolo..."
Mishima, 25 de noviembre de 1970.



Mishima puede resultar atractivo por su exotismo y por creer muchos lectores que su obra es una puerta a la cultura oriental, que puede serlo, aunque de un modo muy superficial. Si no, no sería tan popular en occidente.

Nos acercamos a Mishima desde lejos y cegados por las descripciones de delicadas cascadas y jardines y atardeceres búdicos, perdonamos algunos planteamientos por venir de una cultura diametralmente diferente a la nuestra. Una cultura "que no comprendemos".

Lo cierto es que la obra de Mishima, sobre todo, la cuatrilogía El mar de la fertilidad (de la que este libro es el tercer volumen), plantea el problema de la intromisión de las ideas políticas en el arte.

Quiero decir, cualquier forma de arte está construida desde una cosmovisión del mundo (aunque el receptor pueda entenderla como quiera), y esta cosmovisión, esta filosofía de vida, puede ser tan simple como un enfoque optimista o pesimista, o tan compleja como para representar un ideario vital, existencial o político más o menos concreto.

Entiendo que este proceso se produce siempre, es ajeno (o no) al escritor y puede ser interesante (o no) a la hora de comprender una obra. Como por ejemplo leer a Lorca desde la izquierda por "lo que representa" o reseñar algunos de sus textos como textos racistas (Lorca no sería racista, pero su visión del gitano y del afroamericano está llena de prejuicios y ayudó, además, a extenderlos por el mundo). Pero esto son solo reflexiones y juegos que podemos hacer con obras más o menos neutras en el terreno político.

El problema, si es que hay algún problema, puede aparecer cuando la obra es un vehículo consciente para convencer de una idea, no para reflexionar sobre un asunto aunque sea desde un cierto enfoque. Como la publicidad. Propaganda. En ese caso, ¿podría alguien que se defina desde la izquierda disfrutar la lectura de Mishima cuando sus planteamientos eran tan extremistas? ¿Importa entonces el mensaje primigenio de la obra más que el proceso de construcción por parte de Mishima y de reconstrucción por parte del lector?

O en cualquier caso, ¿es más importante la finalidad política del libro que su capacidad de sugerencia?

Lo de Mishima es complicado, porque a pesar de no gustarme sus planteamientos y objetivos admiro su habilidad para escoger temas y desarrollarlos y me plantea siempre una pregunta, además, bastante seria: ¿por qué?

¿Por qué el imperio y por qué el seppuku? 



Y la única respuesta que se me ocurre es que hay gente que hace lo contrario de lo que querría. Personas a las que les han hecho creer que sus impulsos y deseos son un error y una vergüenza y ellos mismos se obligan a ser totalmente lo contrario de lo que quisieran. O algo así.

Con El Templo del Alba, Mishima se acercaba al final de su vida y la literatura es, entonces, más urgente, sin tiempo para perder en preciosismos, pero también sus reflexiones son o más blancas o más negras, como sin posibilidad de mostrar todos los lados del poliedro. La decadencia de la cultura Japonesa para Mishima se expresa a través de un hombre que siente deseos que no corresponden a alguien de su posición y lugar en la sociedad y la homosexualidad de una bella y joven princesa... Japón se rompe...

La respuesta la ofrecerá el escritor justo después de terminar el último volumen de El mar de la fertilidad: ¡seppuku!

No, en serio. Algo de razón tenía: la pérdida de la raíz filosófica del budismo para dejar sitio a los valores consumistas del capitalismo es una verdadera tragedia y tampoco somos nadie para juzgar la reacción de Mishima.




Lo cierto es que al final, El templo del Alba resulta una novela algo aburrida, mal desarrollada y un poco tontorrona, pero cuyo interés está en el proceso vital del hombre que la escribió. La escribiría temblándole la mano y aunque así no se pueda escribir, los textos escritos en ese estado suelen tener bastante interés. En general.

A pesar de todo, aunque en realidad no me gusta su obra, hay algo en Mishima que no comprendo y que me interesa. Y además, viendo sus fotos, incluso me trasmite cierta simpatía, Mishima, a pesar de todo.






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viernes, 6 de septiembre de 2013

Tractatus logico-philosophicus. Ludwing Wittgenstein.



No importa lo que dicen los libros, sino lo que a cada uno se le ocurre cuando los lee. Por eso, a veces, la complejidad de un texto, su encriptamiento o su ambigüedad, son un regalo para el lector: la sugerencia de ideas incompletas o simplemente el hecho de señalar direcciones donde perder el pensamiento es de por sí algo mucho más interesante que lo que un escritor pretendía decir.

Pasa también en la filosofíaNadie puede pretender que  esas "visiones" sean asumidas como explicaciones del mundo -aunque en la práctica, la relación con el entorno siempre reposa en algún tipo de filosofía. Para mí, los filósofos son poetas que intentan explicar lo que no puede explicarse y lo hacen con metáforas, asociaciones de ideas y construcciones del pensamiento.   

En fin.

El caso es que "no entender" a Wittgesnstein y escuchar a gente discutiendo sobre su obra en una conversación de ascensor fue algo que dañó mi autoestima seriamente. Pero una cosa es saber lo que quiso decir y ser capaz de seguir el hilo de sus reflexiones (solamente accesibles a expertos, creo yo), y otra distinta es "entender" cosas de lo que quiso decir o de lo que dejó escrito.Y también otra muy distinta es que su texto funcione como un billete de tren para ir a lugares que uno no conoce. Como dijo Proust: "para abrir puertas en tu interior que jamás hubieras abierto de otro modo". 

El viaje de Wittgestein comienza en la lógica formal de un modo muy especializado. Concretamente trata en primer lugar de la estructura lógica de las preposiciones y de la naturaleza de la inferencia lógica. Y termina analizando los errores de nuestro sistema lógico, una rama del saber bastante concreta y minoritaria -a priori, podríamos decir que casi sin relevancia social- para llegar a su limites. Los límites de nuestro pensamiento. Y ahí la famosa y malinterpretada conclusión de su obra:


Y no es que sea exactamente así, es que se dio cuenta de que los sistemas no funcionan más allá de nuestras rutinas.

Decía su amigo Bertrand Russel que Wiggestein se convirtió en un místico. Y no me parece raro, todos los que profundizan en un tema, por concreto y delimitado que sea, llegan a la misma descorazonadora conclusión. Como si se abriera la puerta a una visión totalizadora del mundo. Una visión poética en cierto sentido.

Y sí, era un poeta Wiggestein. Porque a pesar de su sentencia "lo que puede decirse debe decirse de una forma clara y sencilla", la realidad es que su obra trata de lo que no se puede hablar, aunque resulta que si se puede si no se utiliza la lógica pragmática del lenguaje, si no se espera que las sentencias expresen lo que dicen. Es decir, si se utiliza la poesía.

Os dejo con los últimos artículos del libro:

6.52 Nosotros sentimos que incluso si todas las posibles cuestiones científicas pudieran responderse, el problema de nuestra vida no habría sido más penetrado. 

Desde luego que no queda ya ninguna pregunta, y precisamente ésta es la respuesta.

6.521 La solución del problema de la vida está en la desaparición de este problema.

(¿No es ésta la razón de que los hombres que han llegado a ver claro el sentido de la vida después de mucho dudar, no sepan decir en qué consiste este sentido?)

6.522 Hay, ciertamente, lo inexpresable, lo que se muestra a si mismo; esto es lo místico.

6.53 El verdadero método de la filosofía sería propiamente éste: no decir nada, sino aquello que se puede decir; es decir, las proposiciones de la ciencia natural –algo, pues, que no tiene nada que ver con la filosofía-; y siempre que alguien quisiera decir algo de carácter metafísico, demostrarle que no ha dado significado a ciertos signos en sus proposiciones. Este método dejaría descontentos a los demás –pues no tendrían el sentimiento de que estábamos enseñándoles filosofía-, pero sería el único estrictamente correcto.

6.54 Mis proposiciones son esclarecedoras de este modo; que quien me comprende acaba por reconocer que carecen de sentido, siempre que el que comprenda
haya salido a través de ellas fuera de ellas. 

(Debe., pues, por así decirlo, tirar la escalera después de haber subido.) Debe superar estas proposiciones; entonces tiene la justa visión del mundo.

7 De lo que no se puede hablar, mejor es callarse.



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