domingo, 19 de enero de 2014

James Joyce. Ulises.


¿Que aplaca el corazón del hombre, 
náufrago en tormentas horrendas, 
sometido a prueba, como otro Ulises?


Por algo se decía que el Ulises de Joyce representaba el final de la novela. Al menos de la narrativa o por lo menos de la innovación y de la profundidad del narrador (ya no se dicen esas cosas porque ya no importa). No ha sido así, pero al no serlo, tristemente, la narrativa ha pasado a ocupar un espacio en el mercado, cuando antes lo ocupaba en el pensamiento.

No se puede llegar más lejos. Después de este libro, ser escritor solo puede significar dar un paso más que Joyce (y es difícil) o asumir que escribir es un acto de cobardía, de falta de compromiso, de no atreverse a ir más allá y, como en el eterno retorno de Nietzsche, repetir una y otra vez lo que ya se ha dicho y del mismo modo. El Ulises es un contrincante con el que medirte y perder siempre.

Marilyn Monroe disfrutó esta novela (por cierto su biblioteca era realmente interesante), a pesar de que muchos advierten que el Ulises es un juego intelectual extremo para literatos de tertulias (pajas mentales), olvidando que en este caso se trata del texto íntegro que un hombre "tuvo" que escribir, es decir: todo lo que Joyce tenía dentro, por lo que es probable que la inteligencia intuitiva de la malograda actriz y su curiosidad innata representen el mejor modo de acercarte al Ulises si todavía no lo has hecho.


Muy curioso lo que ocurre con este libro, capaz de humillar al más puesto. Porque todavía hay quien duda de su capacidad mental al empezar a leerlo y no superar la primera página (valgan como ejemplo los artículos sobre "novelas sobrevaloradas, etc". tan de moda últimamente, que dejan ver, más que nada, el nivel del crítico y sus complejos) y no debería ser así, porque Ulises es un texto escrito para ser disfrutado y no todo el mundo disfruta de las mismas cosas. Hay que saberlo para no traumatizarse.

Hermetismo. Ulises es un texto cifrado, escrito en un código secreto, pero al mismo tiempo un texto abierto al público que busca siempre nuevos lectores, curiosos, que disfruten del lenguaje y de la poesía por sí misma. Es un texto que deja claro desde la primera página que no está escrito para todo el mundo y que desde el primer capitulo plantea un viaje que cualquiera no tiene ganas de asumir (es un libro cansado), pero no hay nada que prohíba la entrada, digamos, al club: no hay reglas ni un examen previo que cualifiquen al lector, salvo el disfrute de la literatura en un cierto sentido. Quiero decir que no es un texto escrito para todo el mundo, claro, pero en ningún lugar se dice quién puede leerlo o quién no. No sé si me explico.

Cuenta poco la novela salvo las rutinas, miserias y esperanzas de unos cuantos personajes de la pequeña burguesía de un lugar determinado en una fecha concreta: Dublín, el 16 de junio de 1904. Podría ser simplemente una descripción costumbrista sin mayor interés... pero sobre la novela planea la sombra de Homero, elevando a un plano intemporal y universal unos hechos intrascendentes y señalando una nueva odisea contemporánea: el aislamiento y la soledad. Y no solo por esto el Ulises es ya un texto universal, pero está claro que el título obliga a buscar la relación de la novela con el hermoso poema griego, y eso es una tarea bonita para dejársela a los lectores.


Una de las cosas más complicadas de la novela es que capítulo a capítulo el narrador sufre una extraña metamorfosis. De un estricto estilo naturalista y objetivo, aderezado por la intromisión del stream of consciousness, comienza a asimilarse (como un juego) a los pensamientos y personajes protagonistas (el disfrute de narrar) algo que crea mucha confusión a los lectores que se acercan al libro buscando una historia interesante. Pero además, a mitad de la novela el narrador desaparece envuelto en experimentos que parece que no se toman en serio aquello que están cotando.

Un tipo de ironía que aleja y acerca el patetismo de la odisea contemporánea en la que viven los personajes. El lenguaje empieza a ocupar la función de protagonista, algo que se irá incrementando según progrese la novela. Pero si fuera solo eso el libro no tendría mayor interés que el de un despliegue de técnicas innovadoras. También hay emoción y poesía, porque las dos cosas van de la mano o no van.

Igual que otras muchas novelas vanguardistas (el Quijote, Rayuela) extremas, plantea Ulises, entre lineas, una propuesta: el arte no imita a la naturaleza según se interpreta erróneamente el dicho de Aristóteles, sino que su modus operandi es igual al de la naturaleza, con todo lo que eso significa y no hay tiempo de explicar... y tampoco sabría muy bien cómo hacerlo.

Una novela que en lo fundamental es una historia de hombres: Bloom (¿Ulises?), alguien que ha perdido el control de su hogar (esa tarde, su mujer va a serle infiel y su hija comienza a descubrir el mundo lejos de su amparo) y Stephen (¿Telémaco?), joven cada vez mas desconectado de su entorno. En cambio, toda la novela la impulsa una mujer, Molly Bloom (¿Penélope?) y también la cierra con el famoso monólogo irrespirable que tanta expectación y polémica creó en su día, como una fuerza de la naturaleza...

... Tal como nosotros, o madre Dana, tejemos y destejemos nuestros cuerpos, dijo Stephen, un día tras otro, las moléculas lanzadas de acá para allá, así teje y desteje el artista su imagen. Y tal como la espiga que tengo en el pecho derecho está donde estaba cuando nací, aunque todo el cuerpo se haya tejido de nueva materia una y otra vez, así a través del espectro del padre intranquilo la imagen del hijo no nacido se asoma expectante. En el intenso instante de imaginación, cuando la mente, dice Shelley, es un carbón que se desvanece, aquello que yo fui es aquello que soy y aquello que en posibilidad soy capaz de llegar a ser. Así pues en la posteridad, hermana del pasado, seré capaz de verme a mí mismo tal como estoy sentado aquí ahora pero por reflejo de aquello que entonces seré...








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sábado, 11 de enero de 2014

Meditaciones. Franz Kafka.



No es un libro más de Kafka, sino una especie de recopilación de textos del escritor que tienen en común la reflexión y el pensamiento. Aunque es un poco aleatorio, algunos de los textos tienen mucho interés y quisiera hablar de ellos uno a uno.

La verdad sobre Sancho panza.

Con el correr del tiempo, Sancho Panza, que por otra parte, jamás se vanaglorió de ello, consiguió mediante la composición de una gran cantidad de cuentos de caballeros andantes y de bandoleros, escritos durante los atardeceres y las noches, separar a tal punto de sí a su demonio, a quién luego llamó Don Quijote, que éste se lanzó inconteniblemente a las mas locas aventuras; sin embargo, y por falta de un objeto preestablecido, que justamente hubiera debido ser Sancho Panza, hombre libre, siguió de manera imperturbable, tal vez en razón de un cierto sentido del compromiso, a Don Quijote en sus andanzas, y obtuvo con ello un grande y útil solaz hasta su muerte.

Curiosa paradoja en la que Kafka señala que Sancho y Quijote son dos versiones de uno mismo y también sobre la profecía que no podemos evitar que se cumpla y que finalmente sucede, precisamente por querer evitarla. Pero también por el dejarse llevar y por algo que él mismo hizo constantemente: analizar sus actos. De hecho mientras escribo esto me doy cuenta de que es una perfecta introducción al libro.

El silencio de las sirenas.

En este texto escribe Kafka:

Pero las sirenas tienen un arma mucho más terrible que su canto, esto es su silencio...

Prometeo.

Una vez más, otra reflexión sobre la culpa y también sobre como algo "tan importante" puede no ser nada. También muy relacionado con el resto de su obra. Lo pongo entero:

De Prometeo informan cuatro leyendas; según la primera, por haber delatado a los hombres, fue encadenado al Cáucaso, y los dioses enviaron águilas que devoraban su cuerpo, que siempre volvía a crecer.

De acuerdo con la segunda, huyendo del dolor de los picotazos, Prometeo se fue hundiendo cada vez más en la roca, hasta que llegó a confundirse en un todo con ésta. 

Según la tercera, su traición fue olvidada en el curso de los milenios, los dioses olvidaron, las águilas y el mismo.

Según la cuarta, todos se cansaron de lo que sin motivo había pasado. Los dioses se cansaron, las águilas se cansaron; cansadamente se cerró la herida.

Quedó la inexplicable roca. La leyenda trata de explicar lo inexplicable. Puesto que viene de un fondo verdadero, tiene que volver a acabar en lo inexplicable.


Entre otros textos también se incluye Preparativos de boda en el campo. Un cuento o novela corta, no sé, sobre la indecisión y el agotamiento que en lo formal resulta especialmente interesante por cómo el narrador se confunde con el monólogo interior del protagonista (adelantándose a Joyce y a Faulkner). Pero además, debería de ser un texto Kafkiano de referencia por cómo los pensamientos de Raban sobre las consecuencias de sus acciones y sus absurdas justificaciones y excusas se convierten en un laberinto que le paraliza e incuso llega a molestar físicamente al lector, casi tanto como algunas escenas de la metamorfosis. 

(Por cierto, en este relato también dice: "tumbado en la cama creo que tengo la figura de un escarabajo")

Pero lo que más me interesaba de este volumen era la colección de aforismos de Kafka, Consideraciones sobre el pecado, el sufrimiento, la esperanza y el camino verdadero, que nada más que por el titulo ya podría ser suficiente. 

Sobre ellos se dice que Kafka no era un espíritu filosófico y cabe preguntarse si es filosofía lo que necesitamos. Ciertamente a veces son ilógicos y contradictorios, pero anuncian una verdad y un camino. Leer a Kafka es doloroso, pero también es algo más, una esperanza indestructible.

1. El camino verdadero va sobre una cuerda que no está tensada en la altura, sino muy cerca del suelo. Seguro que parece hacer tropezar más que ser andada.

5. A partir de un cierto punto ya no hay ningún retorno. Este punto ha de corregirse.
 
15. Como un camino en otoño: apenas ha sido barrido vuelve a cubrirse con las hojas secas.
(Sobre este aforismo, de mi primera lectura, tengo escrito a bolígrafo: obstinación).

16. Una jaula fue a buscar un pájaro.
 
38. Uno se asombra de lo fácil que andaba el camino de la eternidad; es que en realidad lo bajaba. 

56. Hay preguntas que no podríamos superar, si nos viéramos libres de ellas.
 
69. Teóricamente hay una completa posibilidad de felicidad: creer en lo imperecedero, en uno mismo y no buscarlo.
 
75. Pruébate con la humanidad. Hace dudar al que duda y creer al creyente.
 
80. La verdad es indivisible, así pues no se puede reconocer a sí misma; quien quiera reconocerla, tiene que ser mentira.

... también al escribir me obstaculiza el miedo ante ti y sus consecuencias, porque el tamaño del asunto sobrepasa con mucho mi memoria y mi inteligencia. 

Y me lo reprochas como si fuera mi culpa, como si yo hubiera podido con un golpe de timón variar todo, mientras que tú no tienes las más mínima culpa, a no ser el haber sido demasiado bueno conmigo.

Y una de las cosas que más me impactó en su día (porque leer a Kafka con 15 o 16 años fue un impacto, un mazazo en la cabeza, en esas lecturas no hubo reflexiones conscientes ni nada de eso, solamente empatía y un golpetazo. Con el tiempo he podido reflexionar sobre su obra y su influencia en mí, pero siempre de un modo imposible, como si estuviera alojado en algún lugar -la problemática adolescencia- al que no puedo llegar tan fácilmente).

Dice Kafka: Con tu aversión acertabas más en mi actividad de escribir y a lo que, desconocido para ti, con esto estaba relacionado. Ciertamente que aquí me había separado un trecho sin depender de ti, si bien recordaba un poco al gusano que, pisoteada la parte trasera, se libra con la parte delantera y se arrastra a un lado. Hasta cierto punto estaba seguro, había un respiro; la aversión que naturalmente tuviste en seguida también hacia mis escritos me era aquí excepcionalmente bienvenida...
    


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miércoles, 1 de enero de 2014

El hombre unidimensional. Herbert Marcuse.



Durante los sesenta, en la universidad no hacía falta ser guapo o feo para ligar, se conocían parejas sexuales llevando este libro bajo el brazo y subrayándolo como hizo mi tío, a quién se lo robé. Pero eso fue después, cuando las revoluciones sociales de los años del pop y la psicodelia se convirtieron en bienes de consumo para jóvenes. Antes de que el marketing metiera la zarpa, vaya, este libro estuvo en la base de historias tan importantes como el movimiento afroamericano por los derechos civiles (recuerden que Ángela Davis fue alumna y seguidora de Marcuse).

Desde un punto de vista postmarxista, El hombre unidimiensional trata de indagar en las nuevas formas de control del capitalismo, evolucionado en sociedad de consumo. El obrero ya no es la única víctima frente a la burguesía, sino el ciudadano en general, obligado y convencido a vivir en un mundo privado de sí mismo y de su libertad, sin saberlo, que Marcuse define como un mundo unidimensional. 

El pensamiento de Marcuse, que convendría tener en cuenta hoy día, se basa en dos hipótesis aparentemente contradictorias. Por un lado, la creencia de que la sociedad industrial avanzada es capaz de reprimir  todo cambio cualitativo, asumiéndolo y convirtiéndolo en parte de su historia. Por otro lado, la creencia firme de que en esta sociedad existen fuerzas, aún dormidas, capaces de poner fin a la represión instintiva que se esconde detrás de la seudodemocracia capitalista. Una idea que cambia totalmente el tablero del juego revolucionario. 

Especial interés para mi tiene el tercer capítulo del libro, La conquista de la consciencia desgraciada: una desublimación represiva, en el que se habla sobre cómo las manifestaciones artísticas presentaban tradicionalmente una forma de superación del sistema, y de afrenta y cómo el sistema las asimila, hoy, convirtiéndolas en clásicas y privándolas de su verdadero fuego y al mismo tiempo que trata de convertir toda forma artística contemporánea en un mero entretenimiento o en algo decorativo. Muy a tener en cuenta, por cierto, aunque yo no sepa explicarlo bien. 

Si estuviéramos en los sesenta seguro ligaría algo, porque mi ejemplar está muy subrayado. Primero por mi tío, que en su humilde búsqueda de sabiduría se aproximó temeroso a Marcuse con un lápiz azul (de acuerdo) y uno rojo (no de acuerdo). Afortunadamente predomina el azul. 

Os dejo algunas de las cosas que mi tío subrayó en rojo: nada. Otra cosa a tener en cuenta. 








jueves, 26 de diciembre de 2013

El ruido y la furia. William Faulkner.



La primera vez que leí El ruido y la furia, al terminar, tuve que darme un golpe en la cabeza contra la pared y empezarla de nuevo. Desde entonces es uno de los libros que necesito leer a menudo, quizás para tener presente siempre esa brecha de la que habla el libro y que la cultura mediática pretende silenciar. En fin.

Decía Herbet Marcuse que la verdadera vanguardia comunica la ruptura de la comunicación. En un sentido simplemente formal o estructural, este tipo de discursos rotos, inconexos, rechazan (o rechazaban más bien) las estructuras del relato de la modernidad, del discurso preestablecido y arquetípico que a través de la historia nos ha sido legado, no como un regalo o una ofrenda, precisamente, sino para imponernos un pensamiento y un comportamiento determinados: un modo de control social.

El lenguaje, la gramática, la convención entre el significado y el significante, los usos y la costumbre limitan nuestra capacidad de comprensión, aunque facilitan, supuestamente, nuestro entendimiento. Faulkner en El ruido y la furia destruye la estructura preestablecida del significado y del orden lógico (que ya inconscientemente buscamos y necesitamos como una muleta) y propone algo que de un modo irracional nos parece intolerable: una discontinuidad. De hecho, recuerdo que mientras leía la novela por primera vez, me decía: no puede ser, no puede ser...

Macbeth, el personaje de Shakespeare, dice al final de la obra:

"La vida es una sombra tan sólo, que transcurre; un pobre actor que, orgulloso, consume su turno sobre el escenario para jamás volver a ser oído. Es una historia contada por un necio, llena de ruido y furia, que nada significa".

En el arte, la estructura es parte del significado y Faulkner era muy consciente de eso. Si en cuanto a la forma relata una ruptura en nuestro sistema, en cuanto al significado trata sobre cómo esta ruptura afecta nuestras vidas. En un momento de la novela Quentín, uno de sus protagonistas, entra en una relojería y pregunta al dependiente si alguno de los relojes del escaparate está en hora. El dependiente le dice que cuál le interesa y Quentín responde que ninguno, que solamente quiere saber si alguno está en hora. Imposible no pensar que se refiere, en realidad, al resto de su familia, aún sin perder la esperanza de que sí, de que alguno pueda funcionar correctamente.

No es El ruido y la furia una lectura agradable, pero sí es una superación de los límites de la literatura de su tiempo, una superación formal y por lo tanto una superación en nuestras estructuras mentales. Curiosamente, este avance en la cultura de la vanguardia y del modernismo de principios del siglo XX ha pasado a la cultura presente de un modo perturbador. El sistema ha absorbido sus formas privándolas de su contenido de rechazo, precisamente para continuar aquello que estas formas artísticas rechazaban instintivamente. Y eso es algo que la industria cultural viene haciendo desde el principio. Solamente basta con ver la estúpida adaptación al cine que se hizo en la época, cambiando totalmente el sentido de la obra... Una pena, la verdad.









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jueves, 19 de diciembre de 2013

Poemas Humanos. César Vallejo.


"Pues de lo que hablo no es sino de lo que pasa en esta época..."

César Vallejo.



Siendo uno de los escritores que más me gustan y me interesan, siempre lo temía en los exámenes de filología, porque podía sufrir una parálisis y conmociones nerviosas con el bolígrafo en la mano y el folio en blanco. Poemas Humanos es uno de mis libros preferidos, pero supera mi capacidad de raciocinio desde muy diversos flancos. Para leerlo no hace falta racionalidad alguna (se desaconseja, de hecho) pero para analizarlo sí, y mucha, porque su infraestructura es virtuosa

Publicado postumamente, por ahí se dice que originariamente este libro iba a llamarse "Instituto Central del Trabajo" según le comentó Vallejo a un colega, un día, al hablar sobre un libro en el que estaba trabajando. No hay muchas pruebas de esto, pero dejándose llevar uno por el aire de los poemas, está claro que debería de haberse llamado así: INSTITUTO CENTRAL DEL TRABAJO

Tras la escritura de Trilce, que debió suponerle un parto difícil, Vallejo abandonó la poesía hasta casi diez años después. Casi febrilmente, su vuelta a la escritura supuso algunas diferencias con respecto a su obra anterior: sorprende verlo escribiendo sonetos, por ejemplo, y otras formas métricas más comunes. Aunque el contenido siguen siendo representaciones abstractas de algo tan profundo como es el dolor y la falta de esperanza, algo que se enraíza (la compasión por el dolor ajeno) y choca (la falta de esperanza) con su adhesión al marxismo. Que en cierto sentido puede explicar su intento de acercarse al pueblo

(Siempre me ha sorprendido esta relación entre el arte de contenido "políticamente" revolucionario con un arte difícilmente revolucionario en cuanto a lo que el arte -algo que abre puertas que permanecían cerradas y que cambia el paradigma social- es en cuanto a arte.)

Falta de esperanza es lo que denotan estos poemas, pero una falta de fe en el individuo, en el relato de la individualidad y del egoísmo moderno. Porque al final, el dolor que se expresa en la obra de Vallejo es simplemente fata de amor, vivido en primera persona y apreciado en los demás. Una falta de amor (entendido en su significado más amplio) que destruye a quien lo necesita y bestializa a quien no lo ofrece. 

El libro incluye la colección España aparta de mi este cáliz, con los que, cercano a Mayakovsky, intenta redefinir los parámetros de una poesía revolucionaría, pero lo hace, desafortunadamente, dando un paso hacía atrás y olvidando que su poesía fue "naturalmente" revolucionaria, "artísticamente" revolucionaria, "culturalmente" revolucionaria, en Los Heraldos Negros y en Trilce.  

Aunque sí, es de agradecer y uno se siente más "convencionalmente" cómodo al leer a un Vallejo igualmente complicado pero un poco más cercano, como si desde dentro de una cueva tendiera una tímida mano al exterior. Para nosotros quizás no es mucho, pero seguro que para el reservado escritor fue uno de los gestos más difíciles de su vida, imagino yo. 

Cuando lo leo, Poemas Humanos y a Vallejo en general, solo puedo imaginarme un cristal roto. Pero un cristal, en cualquier caso, que debía romperse. Que está bien así, roto. 



Hoy me gusta la vida mucho menos...

Hoy me gusta la vida mucho menos, 
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía. 
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve 
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra. 

Hoy me palpo el mentón en retirada 
y en estos momentáneos pantalones yo me digo: 
¡Tánta vida y jamás! 
¡Tántos años y siempre mis semanas!... 
Mis padres enterrados con su piedra 
y su triste estirón que no ha acabado; 
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos, 
y, en fin, mi ser parado y en chaleco. 

Me gusta la vida enormemente 
pero, desde luego, 
con mi muerte querida y mi café 
y viendo los castaños frondosos de París 
y diciendo: 
Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla... Y repitiendo: 
¡Tánta vida y jamás me falla la tonada! 
¡Tántos años y siempre, siempre, siempre! 

Dije chaleco, dije 
todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar. 
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado 
y está bien y está mal haber mirado 
de abajo para arriba mi organismo. 

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga, 
porque, como iba diciendo y lo repito, 
¡tánta vida y jamás! ¡Y tántos años, 
y siempre, mucho siempre, siempre, siempre!


Pero antes que se acabe...

Pero antes que se acabe
toda esta dicha, piérdela atajándola,
tómale la medida, por si rebasa tu ademán; rebásala,
ve si cabe tendida en tu extensión.

Bien la sé por su llave,
aunque no sepa, a veces, si esta dicha
anda sola, apoyada en tu infortunio
o tañida, por sólo darte gusto, en tus falanjas.
Bien la sé única, sola,
de una sabiduría solitaria.

En tu oreja el cartílago está hermoso
y te escribo por eso, te medito:
No olvides en tu sueño de pensar que eres feliz,
que la dicha es un hecho profundo, cuando acaba,
pero al llegar, asume
un caótico aroma de asta muerta.

Silbando a tu muerte,
sombrero a la pedrada,
blanco, ladeas a ganar tu batalla de escaleras,
soldado del tallo, filósofo del grano, mecánico del sueño.

(¿Me percibes, animal?
¿me dejo comparar como tamaño?
No respondes y callado me miras
a través de la edad de tu palabra).
Ladeando así tu dicha, volverá
a clamarla tu lengua, a despedirla,
dicha tan desgraciada de durar.
Antes, se acabará violentamente,
dentada, pedemalina estampa,
y entonces oirás cómo medito
y entonces tocarás cómo tu sombra es ésta mía desvestida
y entonces olerás cómo he sufrido.



PANTEON

He visto ayer sonidos generales,
                  mortuoriamente,
                  puntualmente alejarse,
cuando oí desprenderse del ocaso
                  tristemente,
exactamente un arco, un arcoíris.

Vi el tiempo generoso del minuto,
                  infinitamente
atado locamente al tiempo grande,
pues que estaba la hora
                  suavemente,
premiosamente henchida de dos horas.

Dejóse comprender, llamar, la tierra
                  terrenalmente;
negóse brutalmente, así a mi historia,
y si vi, que me escuchen, pues, en bloque,
si toqué esta mecánica, que vean
                  lentamente,
despacio, vorazmente, mis tinieblas.

Y si vi en la lesión de la respuesta,
                  claramente,
la lesión mentalmente de la incógnita,
si escuché, si pensé en mis ventanillas
nasales, funerales, temporales,
                  fraternalmente,
piadosamente echadme a los filósofos.

Mas no más inflexión precipitada
en canto llano, y no más
el hueso colorado, el son del alma
                  tristemente
erguida ecuestremente en mi espinazo,
ya que, en suma, la vida es
                  implacablemente,
imparcialmente horrible, estoy seguro.




Acaba de pasar el que vendrá

Acaba de pasar el que vendrá
proscrito, a sentarse en mi triple desarrollo;
acaba de pasar criminalmente.

Acaba de sentarse más acá,
a un cuerpo de distancia de mi alma,
el que vino en un asno a enflaquecerme;
acaba de sentarse de pie, lívido.

Acaba de darme lo que está acabado,
el calor del fuego y el pronombre inmenso
que el animal crió bajo su cola.

Acaba
de expresarme su duda sobre hipótesis lejanas
que él aleja, aún más, con la mirada.

Acaba de hacer al bien los honores que le tocan
en virtud del infame paquidermo,
por lo soñado en mi y en él matado.

Acaba de ponerme (no hay primera)
su segunda aflixión en plenos lomos
y su tercer sudor en plena lágrima.
Acaba de pasar sin haber venido.







domingo, 15 de diciembre de 2013

Walden. Thoreau


Estados Unidos es algo así como Babilonia, pero una vez hubo algo admirable en su mitología, en el viaje del este al oeste y en lo que fue la primera filosofía genuina de ese lado del mundo: el trancesdentalismo. Después fue el marketing, el mercadeo, y es imposible no pensar que se trata de una cultura que se traiciona a sí misma, y al mismo tiempo nos traiciona al resto de los habitantes del mundo.

Escrito en 1854 (pocos años antes de que comenzara la Guerra de Secesión), Walden es un ejemplo de independencia y de valentía, de saber que hay otra posibilidad y de asumirla. En definitiva, el diario de un hombre que se refugia en la naturaleza persiguiendo una forma de vida más cómoda y sostenible basada en la autosuficiencia. Un anarquista y un ejemplo como ciudadano.

El hermoso bosque Walden, donde Thoreau vivió solo durante dos años. 
Pero no es solo eso. A pesar de la precisión con la que Thoreau explica sus presupuestos y sus trabajos, y todo el proceso de gestión de su autonomía y supervivencia (para que quede claro que es accesible e incluso deseable) Walden también narra el proceso de la reconversión ascética, la transmisión de la experiencia de comunión con el campo, los pájaros, los peces, los árboles, las flores y la laguna sin más herramientas que el cuerpo físico tras desprenderse de todo menos de Homero (de esa parte de la civilización no pudo desprenderse).

Lawrence lo llamaba "un aristócrata del espíritu", y Henry Miller "lo mas raro de encontrar sobre la faz de la tierra: un individuo". Un pensamiento y una conducta de completo acuerdo.

Y esta la cabaña que construyó con sus propias manos. 


Decía Thoreau que el mejor gobierno es que gobierna menos, el que no existe precisamente porque los ciudadanos no lo necesitan y quizás Thoreau tenía en gran valor la palabra 'ciudadano'.

Se incluye en este volumen su ensayo 'Del deber de la desobediencia civil' donde expone que si la obligación del ciudadano es respetar el bien común, es su deber, por lo tanto, desobedecer unas normas, unas leyes y un sistema alejados y enfrentados con el bienestar de todos los demás. Thoreau pone el peso de la balanza en el poder del individuo y manifiesta que la queja y la violencia frente a la desobediencia no tienen apenas efectividad. A fin de cuentas, quejarse, protestar es necesitar un gobierno, como un menor de edad necesita protección.

''Del deber de la desobediencia civil' era el texto que Ghandi citaba como una biblia y que llevaba siempre consigo y consultaba constantemente. En él, Thoreau se muestra intransigente a colaborar con un gobierno que desaprueba moralmente por defender la esclavitud. Algo que no ha perdido vigencia y me refiero a los gobiernos desacreditados moralmente por ser cómplices de injusticia y sufrimiento. Hoy día, cualquiera que siga su ejemplo acabaría en la cárcel o repudiado por los medios. Así de mal se ha puesto la cosa.

Dice Thoreau:

Jamás habrá un Estado realmente libre y culto hasta que no reconozca al individuo como un poder superior e independiente, del que se derivan su propio poder y autoridad y lo trate en consecuencia. Me complazco imaginando a un Estado que por fin sea justo con todos los hombres y trate a cada individuo con el respeto de un amigo. Que no juzgue contrario a su propia estabilidad el que haya personas que vivan fuera de él, sin interferir con él ni acogerse a él, sino sólo cumpliendo con sus deberes de vecino y amigo. Un Estado que diera este fruto y permitiera a sus ciudadanos desligarse de él al lograr la madurez, prepararía el camino para otro Estado más perfecto y glorioso aún, al que también imagino a veces, pero todavía no he vislumbrado por ninguna parte.

El Estado nunca se enfrenta voluntariamente con la conciencia intelectual o moral de un hombre sino con su cuerpo, con sus sentidos. No se arma de honradez o de inteligencia sino que recurre a la simple fuerza física.

El gobierno americano, aun siendo reciente, ¿es algo más que una tradición intentando transmitirse intacta a la posteridad, aun perdiendo a cada instante una parte de su integridad? No tiene la vitalidad y la fuerza de un solo hombre vivo; porque éste puede doblegarlo a su voluntad. Es una especie de cañón de madera para el mismo pueblo. Pero no por eso menos útil, pues la gente necesita siempre alguna compleja maquinaria, y oír su estruendo, para satisfacer su idea del gobernar. Los gobiernos demuestran de este modo cómo se puede someter con éxito a los hombres, e incluso imponerse a ellos con ventaja. Excelente, tenemos que reconocerlo. Sin embargo, este gobierno jamás ha iniciado ninguna empresa por su cuenta, si no por la rapidez con la que se apartó de su camino. No da libertad al país. No ordena a occidente. No educa. Es el carácter arraigado en el pueblo americano el que ha hecho posible todo lo logrado; e incluso habría hecho algo más, si el gobierno a veces no se hubiera opuesto...

Se ha dicho y con razón que una sociedad mercantil no tiene conciencia; pero una sociedad formada por hombres con conciencia es una sociedad con conciencia. La ley nunca hizo a los hombres más justos y, debido al respeto que les infunde, incluso los bienintencionados se convierten a diario en agentes de la injusticia. 

Estamos acostumbrados a decir que las masas no están preparadas, pero el progreso es lento porque la minoría no es mejor o más prudente que la mayoría. Lo más importante no es que una mayoría sea tan buena como tú, sino que exista una cierta bondad absoluta en algún sitio para que fermente a toda la masa.

Los que más me preocupan son aquellos que se dedican profesionalmente al estudio de estos temas u otros semejantes: los estadistas y legisladores, que se hallan tan plenamente integrados en las instituciones que jamás las pueden contemplar con actitud clara y crítica. Hablan de cambiar a la sociedad, pero no se sienten cómodos fuera de ella.





Suficiente como para pensar un rato...








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lunes, 9 de diciembre de 2013

Alcoholes. Guillaume Apollinaire.


Casi inaugurando oficialmente las vanguardias, Alcoholes es el libro de poemas con más unidad que he leído nunca. A pesar del automatismo y su ruptura pre-surrealista, simplemente, repitiéndo versos y palabras en diferentes poemas engarzados como en una película de Fellini, consigue la impresión de que cada poema necesita de los demás para completarse, al igual que cada imagen que plantea Guillaume necesita de las demás para adquirir un valor más amplio.

De todas formas esto tampoco importa mucho. Alcoholes es uno de mis libros preferidos, de los que leo y releo, por muchos motivos. Por sus aspectos plásticos y formales ("informales", más bien) y por otras razones emocionales que me resultaría complicado explicar. Sinceramente, porque las relaciones que plantea, siempre juguetonas, me sorprenden y me hacen llegar a un lugar nuevo en el que no había estado antes. Un lugar donde se ven las cosas de otra manera, como un primer plano de alguien deslumbrado por una luz brillante que intenta comprender quién le ilumina.


Guillaume es un poeta contradictorio que maneja las complicaciones como los taoístas, con el juego y el humor. Para él la poesía en una búsqueda constante de la belleza, símbolo de la perfección y lo absoluto, aunque siempre acabe expresando "el no poder alcanzarlo" como cauce a la expresión de la sensibilidad, del mundo de las emociones y el terreno del inconsciente individual y colectivo.

Quizás vivamos una época similar al momento en el que se escribió Alcoholes: una época de crisis que precedió a la primera guerra mundial. Guillaume nada como un delfín en los momentos de tensión. Incapaz de utilizar el método de análisis, procedía siempre por intuición y se dejaba guiar por su gran imaginación poética, por su capacidad de establecer relaciones entre ideas y cosas aparentemente dispares, siempre desde el simbolismo de la imagen y sus matices.



Muchos consideran intolerable su actitud entusiasta y evasiva ante el conflicto de su época y mucho menos el modo en le que disfrutó la guerra. Pero bueno, cuando todo está patas arriba quizás solo pueda uno sentarse y disfrutar del espectáculo, como en el final de Zorba el griego, cuando después de toda esa catástrofe solo pueden reírse por lo increíblemente mal que lo han hecho.



La gitana

La gitana profetizó que nuestras vidas
se hallaban trabadas por las noches.
Nos despedimos de ella y después
de ese pozo surgió la esperanza. 

El amor torpe como un oso domesticado
bailó cuando se lo ordenamos
y el ave azul perdió sus plumas
y los pordioseros sus avemarías.

Sabemos que nos condenamos
pero la esperanza de amar por el camino
nos hace pensar cogidos de la mano
en lo que predijo la gitana. 



Aunque mi poema es Zona, pero es muy largo..






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