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sábado, 7 de febrero de 2015

Cántico. San Juan de la Cruz




El Cántico de San Juan de la Cruz plantea entre otras cosas el problema de la interpretación del arte: ¿Cómo debe descodificar el receptor una obra artística?

Para San Juan la respuesta era clara: es sus Comentarios imponía la clave que permite una "correcta" interpretación del Cántico, es decir, la lectura religiosa: el sexo como símbolo de la unión con Dios.

No obstante, entiendo que si un texto escrito para explicar un concepto debe ser "explicado" para que pueda ser entendido, alguien ha cometido un gran error (y no precisamente el lector, que podrá hacer con el poema lo que le parezca adecuado).

Basándonos en la literariedad del texto nos encontramos ante un bello poema cargado de erotismo explicito sobre el amor idealista... pero aún más,  es una exploración de la mente de quien idealiza el amor, y por encima de esta idea (que es lo que le da valor al texto) está la concepción de la existencia como un proceso de búsqueda irreversible (de entrar en lo desconocido) que se manifiesta en una transformación de quiénes somos y quiénes hemos sido y, por supuesto, quiénes seremos.

Pero también la idea de que esa transformación se produzca por el contacto con los demás y surja el amor como la fuente de esta transformación irreversible (pero deseable) tanto en el amante que busca a la persona amada como en el encuentro...

Me resulta inevitable pensar en un verso de otro místico a su modo, más cercano y decadente, vaciado de contenido por la cultura pop, Leonard Cohen quien en su poemario La energía de los esclavos escribió:

quién podría haber imaginado que el corazón envejece del contacto con otros. 


1

¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido. 

Al contrario de lo habitual en la tradición poética renacentista y medieval, no se inicia el poema con una localización del entorno, sino con una pregunta (invocación) al amado. Una demanda que no tiene lugar ni tiempo: una narración situada en un entorno indefinido: abstracto. Pero además, esta primera estrofa se desplaza en la memoria con unos divertidos saltos temporales: cada verso retrocede en el tiempo: el amado se esconde después de abandonarla, huyó tras haberla herido, para después avanzar la narración más allá del primer verso iniciando la primera parte del poema: la búsqueda del amado por parte de la amada, claro. El ciervo, símbolo del encuentro sexual dejando claro desde el comienzo el tono del poema.


2

 Pastores, los que fuerdes
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.   



Comienza la búsqueda preguntando a los pastores. Pero lo más bonito de la estrofa es la expresión de la proyección interior de la mujer: el único rasgo que conoceremos del amado (y por el que debe ser reconocido) es una percepción subjetiva de la amada: aquel que yo más quiero. Su amor por él es lo que le identifica (le hace reconocible a los demás), situando el poema en el plano de la consciencia o de la inconsciencia o, seguro, en el mundo interior de la amada: su imaginación.



3


Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.  

Además de la aparición por primera vez del símbolo sexual más extendido en todas las culturas (las flores), la equivalencia con la estrofa primera en el tiempo verbal futuro.


4

¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado! 

Estrofa de transición: invocación a las criaturas. Comienza la comunicación con la naturaleza (recuerdo de Baudelaire: la naturaleza es un bosque donde vivos pilares...) o la naturaleza entendida como un lenguaje que puede ser interpretado. 


5

Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura. 

Alguna gente dice que esta estrofa es la respuesta de las criaturas, yo prefiero pensar que es la respuesta que la amada cree que le darían las criaturas, como hablándose a sí misma con otra voz. 


6

¡Ay, quién podrá sanarme! 
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero.  

Me gusta mucho el segundo verso "acaba de entregarte ya de vero" que nos conduce al primer contacto fallido de la primera estrofa, cuando el ciervo "la hirió" y el amado desapareció, dejando claro que hubo un encuentro frustrado. De nuevo la naturaleza como "mensajero" de una verdad que debe ser descifrada.


7

Y todos cantos vagan,
de ti me van mil gracias refiriendo.
Y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.

Prácticamente lo mismo que la anterior.


8

Mas ¿cómo perseveras, 
oh vida, no viviendo donde vives,
y haciendo, porque mueras,
las flechas que recibes,
de lo que del amado en ti concibes?

Muy bellos los dos últimos versos las flechas que recibes de lo que del amado en ti concibes. El poema se enmarca en el neoplatonismo, en el concepto del ideal, es decir, "el concepto perfecto, ideal, que no existe y debe ser perseguido": por lo tanto, el amado no existe, más que en su interior y las flechas que la hieren son las contradicciones entre la realidad y el idealismo. 


9

¿Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste?
Y pues me le has robado,
¿por qué así le dejaste,
y no tomas el robo que robaste?   

"Aqueste corazón" para objetivar la pregunta: la amada se aleja de sí misma. "Assí le dejaste": es absurdo emplear el adverbio "así" en literatura, ya que debe ir acompañado de un gesto o una imagen o no expresa nada. Esa es la cuestión: el estado de su alma no puede describirse con palabras. 


10

Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos


11

Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshazellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos.

Para ser tan idealistas y tan espirituales esta gente le daba mucha importancia a lo que entra por los ojos. No obstante, la estrofa 11 se funde en la reflexión interior entristecida justo antes de rebasar el climax de desesperanza del poema que explotará en la estrofa siguiente:


12 

¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados,
formases de repente
los ojos deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados!  

Hemos llegado al momento en el que la amada se desespera. Lo bonito de esta estrofa es que aparece la fuente: el símbolo sexual más repetido en la lírica tradicional española: el lugar en el que se encuentran (se miran) por primera vez los enamorados, además de su simbología como fuente-agua-espejo: las visiones, el reflejo interior, etcétera. 


13

 ¡Apártalos, amado,
que voy de vuelo!

                  Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma,
al aire de tu vuelo, y fresco toma.  

Termina la búsqueda después de la desesperación de la amada como si reconocer su impotencia fuese lo único que le permitiera entregarse al amado, quien habla por primera vez (vuelvete paloma, etc.) en el poema. Su voz es firme y autoritaria: no hay bondad ni compasión en él (ni aquí ni en ningún momento del poema).


14

 ¡Mi amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos;  


15

La noche sosegada,
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora;  

Vuelve a tomar la palabra la amada: la simple mención de la realidad es una invocación y una celebración: la calidad de sus sentimientos no pueden expresarse más que nombrando y al nombrar se apropia de la realidad. La mujer ya está preparada, el tono del poema se relaja y se prepara el lecho (el entorno en el que ella se siente segura) y la soledad de los amantes.


16

Caçadnos las raposas,
questá ya floescida nuestra viña,
en tanto que de rosas
hazemos una piña,
y no parezca nadie en la montaña.

Lo que he dicho ya. Las raposas representan el peligro del que están a salvo, la viña florecida (la sexualidad, la fertilidad, el símbolo cristiano, también el vino) las rosas, (de nuevo el sexo y la fertilidad) y el lugar oculto y solitario, donde desde siempre se ocultan los enamorados para hacer algo más que charlar, pero también el santuario: el lugar de oración, reflexión y meditación. 


17

detente, cierço muerto;
ven, austro, que recuerdas los amores
aspira por mi huerto,
y corran tus olores,
y pacerá el amado entre las flores.


18

¡O ninfas de Judea!,
en tanto que en las flores y rosales
el ámbar perfumea,
morá en los arrabales,
y no queráis tocar nuestros humblares.

No sé a vosotros, pero a mí me parece la escena de sexo explícito más bonita que he leído nunca. Para ser Santo, parece que san Juan sabía de lo que hablaba.  


19

Escóndete, Carillo,
y mira con tu haz a las montañas,
y no quieras dezillo;
más mira las compañas
de la que va por ínsulas estrañas.

Diría que después del tan ansiado encuentro (sexual) con el amado, la duda y la desconfianza ocupan la mente de la amada. También ese recuerdo y la percepción de sí misma (en el pasado, aunque escrito en presente): la que va por ínsulas estrañas.


20

A las aves lijeras, 
leones, ciervos, gamos saltadores,
montes, valles, riberas,
aguas, ayres, ardores,
y miedos de las noches veladores:

Otra enumeración, pero diferente: habla el amado de nuevo con voz autoritaria, la presencia de la preposición "a" nos adelanta que aparecerá un verbo, una acción, una orden. ¿A qué se refiere con "ardores"?


21

Por las amenas liras
y canto de serenas os conjuro
que cesses vuestras yras
y no toquéis al muro,
porque la esposa duerma más siguro.

Entiéndase "sirenas" por "serenas" y el conjuro... ¿no estábamos en el mundo católico? Aparece el verbo esperado, la acción, la orden del amado a las criaturas: proteger a la amada mientras duerme después de la unión, del encuentro.


22

Entrado se a la esposa
en el ameno huerto desseado,
y a su sabor reposa,
el cuello declinado
sobre los dulces braços del Amado. 

Por primera vez en el poema vemos un narrador objetivo en tercera persona que no sabemos quién es. Como si cambiara el plano para contarnos lo que acaba de suceder (la unión) desde otra perspectiva.


23

Debaxo del mançano,
allí conmigo fuiste desposada;
allí te di la mano,
y fuiste reparada
donde tu madre fuera violada.

¡¿Dónde tu madre fuera violada?! 

La presencia del manzano nos conduce al jardín del edén y al pecado original: parece ser que lo mismo que condenó a Eva, salva a la amada...


24

La noche sosegada,
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora;  


25

A zaga de tu huella,
las jóvenes discurran al camino;
al toque de centella,
al adobado vino,
emisiones de bálsamo divino.  

La plenitud tras la unión. De nuevo la amada es incapaz de expresar sus emociones sino solamente nombrar lo que ve.


26

En la interior bodega
de mi amado bebí, y cuando salía,
por toda aquesta vega,
ya cosa no sabía
y el ganado perdí que antes seguía. 

Comienza el proceso de transformación: la elevación espiritual a través del sexo y el amor, pero de momento, esta transformación es solo la negación (el olvido) de su pasado.


27



Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho

a mí, sin dejar cosa;

allí le prometí de ser su esposa. 

Rememora la amada todo el proceso desde la perspectiva del presente (de su estado actual) actualizándolo, cambiándolo, como la memoria inaprensible de Proust o Bergson. No creo que sea necesario explicar a qué se refiere con "ciencia muy sabrosa".




28

Mi alma se a empleado,
y todo mi caudal, en su servicio;
ya no guardo ganado, 
ni ya tengo officio,
que ya sólo en amar es mi exercicio.

El ganado, el oficio... lo pastoril, que fue su pasado reciente, queda lejos para la amada en su estado actual de conciencia. La unión con el amado la ha transformado en algo entendemos que superior: la elevación espiritual a través del amor. 


29

Pues ya si en el ejido
de hoy más no fuere vista ni hallada,
diréis que me he perdido;
que andando enamorada,
me hice perdidiza, y fui ganada.

Vuelve a contar su historia de otro modo encarando la última parte del poema... a partir de esta estrofa comienza lo más aburrido del Cántico Espiritual: la invocación al amado. 


30

De flores y esmeraldas,
en las frescas mañanas escogidas,
haremos las guirnaldas,
en tu amor floridas,
y en un cabello mío entretexidas.

Nótese el valor simbólico que tenía la guirnalda o la diadema: la diferenciación. La persona adornada con una diadema o una guirnalda era separado de la media, distinguido: la amada después de la unión, la elevación espiritual, etcétera.


31

En solo aquel cabello
que en mi cuello volar consideraste,
mirástele en mi cuello
y en él presso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste.


32

quando tú me miravas,
su gracia en mí tus ojos imprimían;
por esso me adamavas,
y en esso merecían
los mios adorarlo que en ti vían.

La transformación a través del amor en el objeto amado. 


33 

No quieras despreciarme
que si su color moreno en mi hallaste,
ya bien puedes mirarme,
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dexaste.


34
La blanca palomica 
al arca con el ramo se ha tornado 
y ya la tortolica 
al socio deseado 
en las riberas verdes ha hallado.

Ya sabemos lo que le pasa a las tórtolas cuando se emparejan: es para toda la vida. Pero puede que no sea un símbolo positivo de fidelidad (como sublimación del amor eterno) sino del dolor eterno por el abandono. Recuerden el llanto de Dido en Cartago cuando Eneas la abandona. 


35

En soledad vivía,
y en soledad a puesto su nido,
y en soledad la guía
a solas su querido,
también en soledad de amor herido.

Otra vez se vuelve a contar la misma historia desde otro punto de vista. No sabemos quién habla, pero parece, por el último verso, que el poder de transformación del amor no está en el momento de la unión de los amantes sino en la herida: el abandono. 


36

Gozémonos, Amado, 
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.

Aparte de las palabras y las imágenes eminentemente sexuales ("gozémonos", "do mana el agua pura") es el último verso el que me parece más sugerente: los amantes entrando en la espesura puede significar dos cosas: 1. la búsqueda de un lugar oscuro, cerrado y tranquilo donde dar rienda suelta a su amor (me recuerda a la canción de folcklore americano: Where did you sleep last nigh? In the pines, in the pines Where the sun don't ever shine I would shiver the whole night through, popularizada por Lead Belly y después por Kurt Cobain) y 2. La desaparición oriental del individuo en el cosmos.

               


37

Y luego a las subidas
cabernas de la piedra nos yremos
que están bien escondidas
y allí nos entraremos
y el mosto de granadas gustaremos.

De nuevo, la búsqueda de un entorno apartado y "el mosto de granadas". Inevitablemente me viene a la cabeza otro verso de San Juan del Cantar del alma (quizás uno de mis poemas preferidos de la lírica española): aquella eterna fuente está escondida. También la sabiduría alcanzada por "el que huye del mundanal ruido", etcétera.









38

Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía
y luego me darías
allí tú, vida mía,
aquello que me diste el otro día.

El problema del misticismo de San Juan, de su sabiduría y su experiencia mística, es que parece que el conocimiento o la plenitud se encuentran en el exterior, es decir, es otorgada y entregada por el amado (la visión católica). A no ser, cómo decíamos al principio, que el amado no exista más que en la imaginación de la amada (de quien busca) y es solo en la caverna, en el bosque apartado, en la espesura metáfora de la soledad del mundo interior, donde es posible alcanzar este conocimiento. Por cierto, con "aquello que me diste el otro día" se refiere a "la ciencia sabrosa", "al mosto de la granada", etcétera.


39

El aspirar de el ayre,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donayre
en la noche serena,
con llama que consume y no da pena.

El poema va terminando y se cierra con la idea de una plenitud tranquila de algo que se consume y desaparece: la vida terrenal y se transforma en otra cosa: la vida espiritual. Filomena es la primavera.


40

Que nadie lo mirava
Aminadab tampoco parescía,
y el cerco sosegaba
y la cavallería
a vista de las aguas descendía.

Extraña estrofa para cerrar el poema. Aún así, sugiere cierta tranquilidad y reposo: "el cerco sosegaba...". Pero soy incapaz de darle un sentido a "Aminadab" ni a la caballería. He leído que la caballería podría ser una representación de la sexualidad (la pasión) masculina, lo que no desentonaría en exceso con el tono del poema y se adaptaría fácilmente al ultimo verso: "a vista de las aguas descendía", el lugar donde se encuentran los amantes, el lugar donde nace el amor, etcétera, como si volvieran a encontrarse de nuevo: ahora de otra manera.



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domingo, 25 de enero de 2015

Poema en veinte surcos. Julia de Burgos



Me sorprende no encontrar a la poeta puertoriqueña Julia de Burgos en ninguna de las enormes antologías que recopilan los mejores poemas en castellano de todos los tiempos. Siempre incluyen a pocas mujeres, es un hecho. En el siglo XX como mínimo nombran a Alfonsina Storni o Gabriela Mistral, pero nunca a Alejandra Pizarnick y resulta extraño que tampoco mencionen a quien probablemente (con su corta obra) sea una de las poetas más interesantes que hayan escrito en castellano (además con poemas tan bonitos y "antologables" como Río Grande de Loíza).

Yo la conocí gracias a escribir en este blog (con lo que ya ha merecido la pena) una entrada sobre Alfonsina Storni, precisamente. Me equivoqué y la ilustré con una foto de Julia de Burgos sugerida por Google (parece que hasta Google está empecinada en borrarla del mapa) y gracias a un comentario pude solucionar el error. Me sentí tan mal por haberla negado como San Pedro que busqué sus libros (que no son tan fáciles de encontrar) para conocerla. La sorpresa fue grande: se trata de una poeta cuya obra no entronca con la corriente castellana española (a veces tan egocéntrica y anecdótica) y se acerca sensiblemente (aunque no le dio tiempo de desarrollar su obra) a experiencias poéticas como las de Anne Sexton o Sylvia Plath.


El caso es que su obra es una cosa diferente al resto porque no parece que el castellano sea el idioma que defina su cosmovisión del mundo (o que su cosmovisión del mundo se adapte al castellano), aunque escriba en esta lengua nuestra como si tuviese que hacer una traducción simultánea de un idioma que no es lenguaje, sino consciencia.

De vida compleja y por momentos desarraigada (cultural y emocionalmente) la liberación femenina es un tema creciente en sus obra alentando la reivindicación feminista. Un ejemplo es su poema Yo misma fui mi ruta (Ya definido mi rumbo en el presente / me sentí brote de todos los suelos de la tierra / de los suelos sin historia / de los suelos sin porvenir / del suelo siempre suelo sin orillas / de todos los hombres y de todas las épocas) que invitaba a las mujeres puertorriquieñas de la generación de los años treinta, en plena lucha por sus derechos, a concienciarse de tres factores importantes: su potencial como mujer, el manejo de sus propias vidas y no sentirse inferiores.

Como casi todas las mujeres de las que he escrito en este blog, Julia de Burgos murió joven (no se suicidó) a los 39 años desplomándose repentinamente en una calle de Nueva York.  Quizás no le dio tiempo de hacerse un nombre en el mundo literario o quizás es otra cosa (como Alejandra Pizarnik) el motivo por el que no se la incluye en las antologías...



Yo misma fui mi ruta

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisoria
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.

A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.

Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la expresión que le venía de adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.

Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.

Y fui toda en mí como fue en mí la vida…

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome.



Momentos


Yo, fatalista, 

Mirando la vida llegándose y alejándose 

De mis semejantes. 

Yo, dentro de mí misma, 
Siempre en espera de algo 
Que no acierta mi mente. 

Yo, múltiple, 
Como en contradicción, 
Atada a un sentimiento sin orillas 
Que me une y me desune, 
Alternativamente, 
Al mundo. 

Yo, universal, 
Bebiéndome la vida 
En cada estrella desorbitada, 
En cada grito estéril, 
En cada sentimiento sin orillas. 

¿Y todo para qué? 
--Para seguir siendo la misma. 



Nada 


Como la vida es nada en tu filosofía,
brindemos por el cierto no ser de nuestros cuerpos.

Brindemos por la nada de tus sensuales labios
que son ceros sensuales en tus azules besos;
como todo azul, quimérica mentira
de los blandos océanos y de los blancos cielos.

Brindemos por la nada del material reclamo
que se hunde y se levanta en tu carnal deseo;
como todo lo carne, relámpago, chispazo,
en la verdad mentira sin fin del Universo.

Brindemos por la nada, bien nada de tu alma,
que corre su mentira en un potro sin freno;
como todo lo nada, buen nada, ni siquiera
se asoma de repente en un breve destello.

Brindemos por nosotros, por ellos, por ninguno;
por esta siempre nada de nuestros nunca cuerpos;
por todos, por los menos; por tantos y tan nada;
por esas sombras huecas de vivos que son muertos.

Si del no ser venimos y hacia el no ser marchamos,
nada entre nada y nada, cero entre cero y cero,
y si entre nada y nada no puede existir nada,
brindemos por el bello no ser de nuestros cuerpos.


Ay ay ay de la grifa negra

Ay ay ay, que soy grifa y pura negra;

grifería en mi pelo, cafrería en mis labios;

y mi chata nariz mozambiquea.


Negra de intacto tinte, lloro y río

la vibración de ser estatua negra;
de ser trozo de noche,
en que mis blancos dientes relampaguean;
y ser negro bejuco
que a lo negro se enreda
y comba el negro nido
en que el cuervo se acuesta.
Negro trozo de negro en que me esculpo,
ay ay ay, que mi estatua es toda negra.



Dícenme que mi abuelo fue el esclavo

por quien el amo dio treinta monedas.
Ay ay ay, que el esclavo fue mi abuelo
es mi pena, es mi pena.
Si hubiera sido el amo,
sería mi vergüenza;
que en los hombres, igual que en las naciones,
si el ser el siervo es no tener derechos,
el ser el amo es no tener conciencia.



Ay ay ay, los pecados del rey blanco

lávelos en perdón la reina negra.
Ay ay ay, que la raza se me fuga
y hacia la raza blanca zumba y vuela
hundirse en su agua clara;
tal vez si la blanca se ensombrará en la negra.



Ay ay ay, que mi negra raza huye

y con la blanca corre a ser trigueña;
¡a ser la del futuro,
fraternidad de América!



Río Grande de Loíza


¡Rio Grande de Loíza!... Alárgate en mi espíritu

y deja que mi alma se- pierda en- tus riachuelos

para buscar la fuente que te robó de niño
y en un ímpetu loco te devolvió al sendero.



Enróscate en mis labios y deja que te beba,

para sentirte mío por un breve momento,
y esconderte del mundo y en ti mismo esconderte,
y oír voces de asombro en la boca del viento.



Apéate un instante del lomo de la tierra,

y busca de mis ansias el íntimo secreto;
confúndete en el vuelo de mi ave fantasía,
y déjame una rosa de agua en mis ensueños.



¡Río Grande de Loíza!... Mi manantial, mi río,

desde que alzome al mundo el pétalo materno;
contigo se bajaron desde las rudas cuestas,
a buscar nuevos surcos, mis pálidos anhelos;
y mi niñez fue toda un poema en el río,
y un río en el poema de mis primeros sueños.



Llegó la adolescencia. Me sorprendió la vida

prendida en lo más ancho de tu viajar eterno;
y fui tuya mil veces, y en un bello romance
me despertaste el alma y me besaste el cuerpo.



¿A dónde te llevaste las aguas que bañaron

mis formas, en espiga de sol recién abierto?


¡Quién sabe en qué remoto país mediterráneo

algún fauno en la playa me estará poseyendo!


¡Quién sabe en qué aguacero de qué tierra lejana

me estaré derramando para abrir surcos nuevos;
o si acaso, cansada de morder corazones,
me estaré congelando en cristales de hielo!



¡Río Grande de Loíza!... Azul. Moreno. Rojo.

Espejo azul, caído pedazo azul de cielo;
desnuda carne blanca que se te vuelve negra
cada vez que la noche se te mete en el lecho;
roja franja de sangre, cuando bajo la lluvia
a torrentes su barro te vomitan los cerros.



Río hombre, pero hombre con pureza de río,

porque das tu azul alma cuando das tu azul beso.


Muy señor río mío. Río hombre. Unico hombre

que ha besado mi alma al besar en mi cuerpo.


¡Río Grande de Loíza!... Río grande. Llanto grande.

El más grande de todos nuestros llantos isleños,
si no fuera más grande el que de mí se sale
por los ojos del alma para mi esclavo pueblo.







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