miércoles, 7 de enero de 2015

Poesía Completa. Guillermo de Aquitania



Es sabido que el concepto de Amor más usual en occidente surge de la confluencia de la cultura grecolatina y la judeocristiana: es decir la filosofía idealística de Platón y de la revisión católica de San Agustín y, sobre todo, Santo Tomas. Esta ideología predominante en la alta Edad Media mezclada a su vez con el erotismo y el deseo carnal dieron como resultado 'el amor cortés', casi un juego de normas y protocolos en el que el caballero escogía una dama de la corte (que representaba el ideal) y cantaba simbólicamente sus alabanzas y sus progresos desde el grado Fenhedor, en el que el enamorado no osa dirigirse a su amada por considerarse indigno y se limita la contemplación, el suspiro, a la espera de aprobación; el grado Pregador, en el que declara su amor; Entendedor o amigo, si la dama le acepta y el grado Drutz (el menos frecuente) si la dama le permite "dormir" bajo sus sábanas.

Lo cierto es que este ideal del amor desarrollado en provenza es el que aún se mantiene y se potencia en la narrativa y la ficción romántica actual, incluso en lo que se 'entiende' normalmente por 'amor'.

Lo curioso del caso es que su primer y máximo representante, el conde duque Guillermo de Aquitania (no el primer trovador), se dedica a destrozar los mitos, darle la vuelta, romperlos y reñirse de ellos...

Referente absoluto de las vanguardias del siglo XX, es quizás Guillermo de Aquitania el poeta más misterioso y ambiguo de la cultura occidental: desconocemos lo que sabía, pero siempre da a entender que sabe más de lo que dice, valga como ejemplo su célebre canción cuarta:


Haré un poema de la pura nada.
No tratará de mí ni de otra gente.
No celebrará amor ni juventud 
ni cosa alguna,
sino que fue compuesto durmiendo 
sobre un caballo.

De primeras niega todo el contenido de la lírica cortés, la juventud, el amor y la expresión de sentimientos (teniendo en cuenta que las emociones expresadas en esta escuela poética no eran reales sino "lo que se esperaba que debían sentir") y de segundas abre la puerta la puerta al subconsciente y al mundo de lo onírico que ocho siglos más tarde explorarán los surrealistas. "Fue compuesto durmiendo sobre un caballo" una enigmática frase con la que nos lo imaginamos regresando de la guerra, pero con la que desprecia totalmente el objeto de la lírica cortesana: no parece importarle mucho el objeto de su obra... Después continúa:

No sé en qué hora nací,
no estoy alegre ni estoy triste,
no soy huraño ni sociable,
y no puedo hacer otra cosa, 
que de este modo fui de noche hadado
en una alta montaña. 

Aparte de la mención a un nacimiento por brujería y a un pacto con el demonio (solamente las brujas parían de noche en la montaña) hay que ponerse en la mentalidad astrológica medieval para entender que quien no sabía la hora en que nació no tenía una carta astral, por lo tanto debía afrontar el futuro solo, estaba perdido en el tiempo, por decirlo de algún modo. Y no solo eso, ¿no recuerda su indefinición emocional (no estoy alegre ni estoy triste, no soy huraño ni sociable) a estos versos de Lao Tse: Todo el mundo está alegre y sonriente, como si festejaran el sacrificio de un buey, como si subieran al Pabellón de la Primavera; tan sólo yo permanezco tranquilo e impasible, como un recién nacido que todavía no ha sonreído. Sólo yo estoy desamparado, como quien no tiene hogar al que volver. Todo el mundo vive en la abundancia: sólo yo parezco no poseer nada. ¡qué loco soy!?

Y de nuevo, la ambigüedad racional y el desprecio a los valores cortesanos y al ideal del amor:

No sé cuando estoy dormido
ni cuándo velo, si no me lo dicen.
Por poco se me parte el corazón
de un punzante dolor;
pero no doy a cambio el precio de una hormiga,
¡por San Marcial!

Y más bromas sobre el tópico del amor como enfermedad:

Enfermo estoy y temo morir,
y de ello no sé más que lo que oigo decir, (buenísimo este verso, por cierto)
médico buscaré a mi voluntad,
y no sé de uno así.
Buen médico será si consigue curarme,
pero no si empeoro.



Y ahora empieza claramente la burla sobre los tópicos amorosos corteses, concretamente sobre la inmovilidad a la que se somete a la mujer en este tipo de lírica (presente en nuestros días), que representa solamente un símbolo del ideal:

Amiga tengo, no sé quién es,
pues nunca la vi, por mi fe.
Nada ha hecho que me agrade o me disguste,
y no me importa en absoluto,
que nunca hubo normando ni francés 
en mi casa.

Nunca la he visto y mucho la amo,
jamás obtuve de ella favor ni disfavor;
cuando no  la veo, hago caso omiso:
no doy a cambio un gallo.
Que sé de una más gentil y hermosa,
y que vale más.

No sé en qué lugar habita,
si es en montaña o si es en llano;
no me atrevo a decir la sinrazón que me hace,
prefiero callar;
y mucho me pesa que ella se quede aquí:
por eso me voy.

Y para terminar, el paradójico envío a "aquel que por medio de otro lo hará llegar a Poitou..." alguien que comprenderá el poema y le mostrará la contraclave, símbolo de haber entendido el mensaje secreto que nosotros no podemos entender. 

Mi poema está hecho, no sé sobre qué.
Me propongo enviarlo a aquel 
que, por medio de otro, lo enviará
a Poitou, de mi parte;
y le ruego que de su estuche me haga llegar
la contraclave. 

Pocos datos comprobables quedan sobre la biografía de Guillermo IX duque de Aquitania y VII conde de Poitiers... fue cruzado en Jerusalén y si brutal fue su actuación como señor feudal, sobre su carácter nos llegan noticias que lo describían como jugador, festivo, burlón, cínico, mujeriego: "fue éste audaz y valeroso, sobremanera alegre, superando incluso por sus muchos donaires a los juglares más graciosos", "pero en nada se conformó al nombre cristiano; sin duda fue violento amador de mujeres; por ello fue inconstante en todas sus empresas" o" Guillermo, duque de los aquitanos, enemigo de todo pudor y santidad".



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