sábado, 5 de mayo de 2012

Una sonrisa en el ojo de la mente. Lawrence Durrell.



El taoísmo plantea una pregunta sin respuesta que indica un camino sencillo y claro. Cualquier alma inquieta se siente atraída por la serenidad que trasmite el Libro de la Sabiduría y por su aceptación de las contradicciones entre el Eros y el Tánatos occidentales.

En Una sonrisa en el ojo de la mente, el autor del Cuarteto de Alejandría, Lawrence Durrell, recuerda dos encuentros con dos personas diferentes que supusieron para el escritor la encarnación de la filosofía milenaría, además de una enseñanza práctica al modo taoísta: es decir, la simple conducta adecuada influencia de manera determinante el comportamiento de los demás, y estos, a su vez, expanden, del mismo modo, su influencia a otras personas (aunque, claro, sin la urgencia del catolicismo). Uno de estos encuentros fue con el estudioso y practicante Taoista, Jolan Chang, autor del libro El Tao del Amor. El otro, describe a la mujer occidental que le enseñó el secreto del amor no posesivo y la unión de lo que algunos han venido en llamar alma y otros Atmá.



Experiencia autobiográfica de su profundización en la filosofía taoísta que sirve como introducción a los lectores, así como de reflexión poética, sobre el intercambio amoroso, el sexo trascendental, las analogías y oposiciones entre oriente y occidente. Y el humor. Pieza fundamental del modo de comprensión taoísta. Una sonrisa en el ojo de la mente que se transforma en la sonrisa del sabio que por fin ha comprendido.



Sobre Jolan Chang dice:

Al decir esto, Chang me echó una mirada taoísta. Era una grandiosa mirada, breve y llena de travieso descaro, de ironía y de risa. Era una mirada de complicidad burlona: compartía la conciencia divertida  e indirecta de lo valioso que era lo que no decíamos. Era como el primer vínculo entre seres humanos que reconocen su asociación en la totalidad del proceso. ¡Diablos! Era la mirada más turbadora que haya compartido nunca con un ser humano. Era por así decirlo el ojo de la gran paradoja. No hay nada más que decir sobre este tipo de cosas: es el taoísmo y, apenas tratamos de decir algo explícito sobre él, se lo daña como cuando torpemente tratamos de apresar una rara mariposa con los dedos

Sobre ella:

Durante toda la noche los ojos azules continuaron mirandome con su felicidad traviesa: la mirada azul zafiro con su sonrisa privilegiada. Entonces me di cuenta de que en toda esta delicada relación no había habido cabida para la autogratificación egoísta. Me encontraba frente a la flor azul del conocimiento perfecto. Sólo hacia el amanecer la mirada se volvió verde mar primero, luego suavemente vidriosa y comenzó a perder su polen, a nublarse. Desperté profundamente instruido por esa serena mirada tántrica del otro lado de la muerte. Haber sido amado...¡de repente me di cuenta de qué grande había sido el regalo!






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