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sábado, 20 de diciembre de 2014

Escrito en la arena. Hermann Hesse



Como muchos narradores importantes del siglo XX, Herman Hesse se sentía poeta, lo demuestra el hecho de que nunca abandonase la escritura de versos y su último poema esté fechado la víspera misma de su muerte.

Quizás su percepción poética del mundo impulsara su narrativa al nivel que todos conocemos, y al mismo tiempo su narrativa ocultase su obra poética, que sin desmerecer no llega al nivel de sus novelas y narraciones. Y siendo esto cierto, he de decir que personalmente la narrativa de Herman Hesse (menos un cuento que trata sobre un niño que le rompe una mariposa de colección a otro y que no recuerdo el título, que era genial y que si alguien me recuerda se lo agradeceré) me parece fría, vacía y falsamente espiritual y esotérica.



Leyéndole siempre he sentido que Hermann Hesse miraba en su interior y se asustaba, algo que se corrobora con una historia que él mismo, sorprendido, cuenta: abandonó a su mujer y a sus hijos porque nació en su interior el deseo de matarlos...

No obstante, su poesía, sencilla y directa, sí que me gusta y en sus poemas se expresan todas las ideas que desarrollará en su narrativa, ofrecen de forma condensada tanto los temas como la aptitud ante la vida  inferidas de Demian, Bajo las ruedas, Siddharta o El lobo estepario. Lo decía el mismo Wittgestein, si algo puede expresarse debe ser expresado de manera más sencilla posible y si no, hay que callar. 


Anochecer en la aldea

Entra el pastor con sus ovejas
por callejuelas silenciosas,
Dormir desean las casuchas
y cabecean en la sombra.
Entre los muros donde estoy,
me siento solo y extranjero,
mi corazón apura el cáliz
de mi dolor con pesadumbre.
Donde el camino me llevó
siempre una lumbre daba abrigo,
Pero yo nunca conocí
qué es una patria y un hogar.


Sobre Hirsau

Mientras descanso bajo los abedules
recuerdo tiempos ya pasados,
cuando con mi dolor adolescente
un mismo bosque atravesaba.

En este lugar mismo, sobre el musgo,
tímido y ardoroso, yo soñaba
con una joven rubia y muy esbelta,
primera rosa para mi corona.

Pasado el tiempo envejeció mi sueño
y se alejó de mí. Más otro sobrevino.
¡Cuánto hace ya que me dijera adiós!

¿Con quién se fue? ¿Quién fue?
Aún hoy no lo sé, solamente que era
graciosa, esbelta y rubia de cabellos. 


El poeta

Para mí, el solitario, sólo para mí
brillan las innumerables estrellas de la noche,
la fuente de piedra susurra su mágica canción,
y sólo para mí, para mí, el solitario,
surcan las sombras coloreadas
igual que nubes que deambulasen como sueño sobre el paisaje.
No un hogar ni un sembrado,
ni bosque o profesión me fueron concedidos,
mío es tan sólo lo que no tiene dueño,
el arroyo que cae tras el velado bosque,
mío el fecundo mar,
mío el gorgojeo de los niños que juegan, el dolor y las lágrimas del enamorado solitario en el atardecer.
Míos también los templos de los dioses,
el venerable bosque del pasado.
Y no es menos mi patria en el futuro
la iluminada bóveda celeste:
Mi alma alza el vuelo a veces con nostalgia
para ver el futuro dichoso de los hombres,
para ver el amor, vencedor de la ley, amor de pueblo a pueblo.
Vuelvo a encontrarme a todos, cambiados con nobleza:
al rey, al campesino, al comerciante, al laborioso pueblo de los marineros,
al jardinero y al pastor, todos, agradecidos,
celebran la universal fiesta del futuro.
Sólo falta el poeta,
él, testigo solitario,
portador del anhelo del hombre y su pálida imagen,
pues que el futuro, el mundo consumado
no necesitan más. Sobre su tumba
muchas coronas se marchitan,
pero ni rastro ya de su recuerdo.

Montañas en la noche

El lago se ha extinguido,
oscuro duerme el cañaveral
murmurando en el sueño.
Sobre el campo extendidas
alargadas montañas amenazan.
No reposan.
Hondamente respiran, se mantienen
unidas unas contra otras.
Respirando hondamente,
llenas de oscuras fuerzas, irredentas
en su pasión devoradora.


Libros

Ninguno de los libros de este mundo
te aportará felicidad,
pero secretamente te devuelven
a ti mismo.

Allí todo lo que necesitas,
sol y luna y estrellas,
pues la luz que reclamas
habita en tu interior.

Ese saber que tú tanto buscaste
por bibliotecas, resplandece
desde todas las páginas,
puesto que es tuyo ahora. 


Excursión en el otoño tardío

La lluvia de otoño ha escarbado en el bosque grisáceo,
el valle tirita con el viento frío de la mañana
los duros frutos del castaño caen,
estallan y sonríen húmedos y pardos.

El otoño también ha escarbado en mi vida,
el viento arranca hojas desgarradas
y sacudiendo va rama tras rama, ¿dónde el fruto?

Florecí amor, fue sufrimiento el fruto
Florecí fe, y el odio fue su fruto.
Corre el viento por mis ramas estériles,
yo me río con él, aún resisto tormentas.

¿Cuál es el fruto para mí? ¿cuál mi meta?
Yo florecía y era mi meta florecer. Ahora marchito
y esa es la meta, no otra cosa,
breves las metas son que el alma se propone.

Dios vive en mí, Dios muere en mí, Dios sufre
en mi pecho, y es ésta meta suficiente.
Buen camino o errado, flor o fruto,
todo es lo mismo, nombres tan sólo.

El valle tirita con el viento frío de la mañana,
los duros frutos del castaño caen
y ríen fuerte y claro. Yo con ellos.


Lobo estepario. 

Yo voy, lobo estepario, trotando
por el mundo de nieve cubierto;
del abedul sale un cuervo volando,
y no cruzan ni liebres ni corzas el campo desierto.

Me enamora una corza ligera,
en el mundo no hay nada tan lindo y hermoso;
con mis dientes y zarpas de fiera
destrozara su cuerpo sabroso.

Y volviera mi afán a mi amada,
en sus muslos mordiendo la carne blanquísima
y saciando mi sed en su sangre por mi derramada,
para aullar luego solo en la noche tristísima.

Una liebre bastara también a mi anhelo;
dulce sabe su carne en la noche callada y oscura.
¡Ay! ¿Por qué me abandona en letal desconsuelo
de la vida la parte más noble y más pura?

Vetas grises adquiere mi rabo peludo;
voy perdiendo la vista, me atacan las fiebres;
hace tiempo que ya estoy sin hogar y viudo
y que troto y que sueno con corzas y liebres
que mi triste destino me ahuyenta y espanta.

Oigo al aire soplar en la noche de invierno,
hundo en nieve mi ardiente garganta,
y así voy llevando mi mísera alma al infierno.




lunes, 9 de junio de 2014

Antología. Ezra Pound.



Un grupo poético sevillano propusieron delante mía su concepción (discriminatoria, por otra parte) de la poesía en estos términos:

si no lo entiendo, no es poesía.


Casi un siglo antes T. S. Eliot, refiriéndose a Ezra Pound precisamente, ya hablaba de la imposibilidad de "entender" la poesía. Eliot hacía hincapié en la trasmisión de un valor irracional que en los buenos poetas provoca una permanencia en el lector, como un eco residual que le acompañará durante toda la existencia.

Como ejercicio práctico, los lectores de poesía pueden esforzarse en recordar los versos que permanecen con ellos (no necesariamente sus preferidos), y quizás se den cuenta, entonces, de que la mayoría no los comprenden y además, verán con claridad como esos versos han influenciado su existencia de un modo sutil: coloreándola.

A Ezra Pound no se le entiende, pero una vez leído, tampoco se le olvida. Cualquier esfuerzo racional para acercarse a su obra poética desde la inteligencia solo puede terminar en frustración y rechazo. Y es comprensible, porque no puede abarcarse desde la lógica lo que no es lógico, ni ilógico... el arte.

La poesía que nace con Ezra Pound, la poesía contemporánea, no es específicamente transmisión, no al menos como su función principal. La poesía es una construcción, como la del escultor contemporáneo o la del pintor: una otorgación casi mágica de un valor a algo que originalmente no lo tenía. Las herramientas del poeta son las impresiones, lo subjetivo y lo objetivo, las vivencias, lo imaginado y el lenguaje, todo esto, arrancado de la realidad, o al menos, del mundo racional 'newtoniano' que nace en la ilustración. Un retorno a lo primitivo, como pedía Lezama Lima: regresar a la caverna desde el mundo contemporáneo.

Queda la poesía occidental como los restos futuros de una civilización perdida que es la nuestra. Hay algo de tristeza, de melancolía en esta idea (incluso de derrota) que inunda los versos cotidianos y testimoniales de Pound o de Eliot. Por eso, quizás, la respuesta es en Pound la filosofía oriental, el confucianismo para ser exactos, y la critica a la usura, al crédito, como la clave de la pérdida del valor del individuo occidental. Y claro está, luego la defensa que nadie puede perdonarle de los fascismos europeos (Mussolini, Hitler) por ver en ellos inicialmente una apuesta por el crédito social. Y al final, la tortura en la Torre de Pisa, la locura y el encierro: suficiente para enterrarse en vida.


Francesca

Saliste de la noche
Y había flores en tus manos,
Ahora saldrás de una muchedumbre,
De una confusión de habladurías sobre ti.

Yo que he sabido verte entre las cosas esenciales
Me enojé cuando pronunciaron tu nombre
en lugares comunes.
Quisiera que las frías olas fluyeran sobre mi mente,
Y que el mundo se secara como una hoja muerta,
O como una semilla de diente de león que fuera arrasada,
Así tal vez pueda hallarte de nuevo,
Sola.



Una joven

El árbol ha entrado en mis manos,
La savia ha ascendido por mis brazos,
El árbol ha crecido en mi pecho-
Hacia abajo,
Las ramas crecen fuera de mí, como brazos.
Árbol eres tú,
Musgo eres tú,
Eres violetas con viento sobre ellas.
Una niña -tan alta- eres tú,
Y todo esto es locura para el mundo.
                                                                                  


Con usura 

Con usura no tiene el hombre casa de buena piedra
Con bien cortados bloques y dispuestos
de modo que el diseño lo cobije,
con usura no hay paraíso pintado para el hombre en los muros de su iglesia
harpes et lutz (arpas y laúdes)
o lugar donde la virgen reciba el mensaje
y su halo se proyecte por la grieta,
con usura
no se ve el hombre Gonzaga,
ni a su gente ni a sus concubinas
no se pinta un cuadro para que perdure ni para tenerlo en casa
sino para venderlo y pronto
con usura,
pecado contra la naturaleza,
es tu pan para siempre harapiento,
seco como papel, sin trigo de montaña,
sin la fuerte harina.
Con usura se hincha la línea
con usura nada está en su sitio (no hay límites precisos)
y nadie encuentra un lugar para su casa.
El picapedrero es apartado de la piedra
el tejedor es apartado del telar
con usura
no llega lana al mercado
no vale nada la oveja con usura.
Usura es un parásito
mella la aguja en manos de la doncella
y paraliza el talento del que hila. Pietro Lombardo
no vino por usura
Duccio no vino por usura
ni Pier della Francesca; no por usura Zuan Bellini
ni se pintó "La Calunnia”
No vino por usura Angélico; no vino Ambrogio Praedis,
no hubo iglesia de piedra con la firma: Adamo me fecit.
No por usura St. Trophime
no por usura St. Hilaire.
Usura oxida el cincel
Oxida la obra y al artesano
Corroe el hilo en el telar
Nadie hubiese aprendido a poner oro en su diseño;
Y el azur tiene una llaga con usura;
se queda sin bordar la tela.
No encuentra el esmeralda un Memling
Usura mata al niño en el útero
No deja que el joven corteje
Ha llevado la sequedad hasta la cama, y yace
entre la joven novia y su marido
Contra naturam
Ellos trajeron putas a Eleusis
Sientan cadáveres a su banquete
por mandato de usura.
"Yo soy tu alma, Nikoptis. He velado
Estos cinco milenios y tus ojos muertos
No se movieron ni nunca han respondido a mi deseo,
Y tus miembros ligeros, que atravesé en llamas,
No han ardido conmigo ni con azafranada cosa alguna.
Mira, la hierba leve se levantó para hacer tu almohada
Y te besó con una miríada de lenguas vegetales;
Mas tú no me besaste.
De tanto leerlo gasté el oro de la pared
Y fatigué mi pensamiento en los signos.
Y no hay nada nuevo en este sitio.
He sido amable. Mira, he dejado los cántaros sellados
Por si despertabas y murmurabas por tu vino.
Y he mantenido suaves las túnicas sobre tu cuerpo.
¡Oh despreocupado! ¡Cómo podría olvidar!
-Hasta el río hace tanto tiempo,
¿El río? Eras menos que joven
Y tres almas vinieron sobre Ti
Y yo vine.
Y volé sobre ti, las hice huir;
He sido íntima contigo, te he conocido.
¿Acaso no he tocado tus palmas y las puntas de tus dedos?
¿Acaso no me he deslizado a través tuyo hasta los talones?
¿Cómo entré? ¿Acaso no soy yo tú y Tú?
Y ningún sol viene a socorrerme en este lugar
Y estoy desgarrada contra la oscuridad tenebrosa;
Y ninguna luz me golpea y no dices
Palabra, día tras día.
¡Oh! podría salir, a pesar de las marcas
Y toda su hábil labor sobre la puerta,
Salir a través de los campos de verde cristal...
No me voy.""





La tumba de Akr Caar 

"Yo soy tu alma, Nikoptis. He velado
Estos cinco milenios y tus ojos muertos
No se movieron ni nunca han respondido a mi deseo,
Y tus miembros ligeros, que atravesé en llamas,
No han ardido conmigo ni con azafranada cosa alguna.

Mira, la hierba leve se levantó para hacer tu almohada
Y te besó con una miríada de lenguas vegetales;
Mas tú no me besaste.
De tanto leerlo gasté el oro de la pared
Y fatigué mi pensamiento en los signos.
Y no hay nada nuevo en este sitio.

He sido amable. Mira, he dejado los cántaros sellados
Por si despertabas y murmurabas por tu vino.
Y he mantenido suaves las túnicas sobre tu cuerpo.

¡Oh despreocupado! ¡Cómo podría olvidar!
-Hasta el río hace tanto tiempo,
¿El río? Eras menos que joven
Y tres almas vinieron sobre Ti
Y yo vine.
Y volé sobre ti, las hice huir;
He sido íntima contigo, te he conocido.
¿Acaso no he tocado tus palmas y las puntas de tus dedos?
¿Acaso no me he deslizado a través tuyo hasta los talones?
¿Cómo entré? ¿Acaso no soy yo tú y Tú?

Y ningún sol viene a socorrerme en este lugar
Y estoy desgarrada contra la oscuridad tenebrosa;
Y ninguna luz me golpea y no dices
Palabra, día tras día.
¡Oh! podría salir, a pesar de las marcas
Y toda su hábil labor sobre la puerta,
Salir a través de los campos de verde cristal...
Mas hay quietud aquí.
No me voy.""


 

.....................

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domingo, 30 de marzo de 2014

Poesía. Verlaine.



Para André Breton "la sobrestimación de Verlaine fue el gran error de la época simbolista".

Y es verdad, Verlaine es un poeta antipático. Quizás porque la veneración a Rimbaud le deja en mal lugar o porque en su posición afectada frente al mundo, en su lastimosa búsqueda de la salvación en amor, encontramos algo de impostura, algo falso que se trasmite a sus poemas.

No obstante, sí hay en Verlaine una enseñanza poética que le incluye merecidamente en los manuales de Historia de la Literatura, a parte de su habilidad técnica para crear ritmos y armonías con las palabras.

Verlaine es la consagración del simbolismo, la puesta en práctica de un nuevo modo de entender el arte que ocupó desde mediados del siglo XIX hasta los años cuarenta aproximadamente del XX, con variaciones. Una relación casi mística entre el artista y la naturaleza (no tanto la naturaleza como el entorno directo del poeta).

Dejando de lado su hipocresía y la extraña división moral entre lo que él consideraba la vida en el pecado y la vida en la virtud, sus dudas frente a cual de las dos era su verdadera naturaleza (que se percibe en su obra con una proliferación exagerada de preguntas retóricas), me quedo con una imagen que representa un paso en firme en la concepción del arte como "la vida total y verdadera":

Verlaine adentrándose solo en un bosque al atardecer. Hay algo tenso en el ambiente provocado por el bosque en sí y por el hecho de iniciarse la puesta de sol. Pero es un paseo tranquilo. Sosegado más bien. Verlaine llega a un lago o una charca. Unas aves comienzan a volar asustadas por su presencia (él buscaría un nombre exótico para las aves) y mientras, el poeta percibe el ruido del aleteo y los graznidos que poco a poco se alejan cruzando un cielo cada vez más oscuro.

Para Verlaine esta imagen no simboliza sus sueños y su esperanzas que se pierden, es decir, no es una metáfora como la de los románticos penando por la noche en un acantilado viendo las olas chocar con las rocas, enfurecidas. Sino que todos estos procesos, el aleteo, los graznidos que se alejan y se apagan y sus ilusiones perdidas (o que empiezan a apagarse) son dos manifestaciones de una misma realidad que se encuentra tanto en el exterior como en el interior del poeta. 

Así lo entendía también Antonio Machado cuando paseaba por las tierras de Castilla y reflexionando sobre su vida y decía:

veréis llanuras bélicas y páramos de asceta,
no fue por estos campos el bíblico jardín.
Son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín. 


                                                                     ***

No puedo leer a Verlaine sin buscar en sus versos la sombra de Rimbaud. Quizás en este poema aparezca el joven poeta... no sé si como los "malos caminos dolorosamente inseguros" o quizás como "la frágil promesa del alba", la voz que le dice: "¡sigue caminando!".


J’allais par des chemins perfides,
Douloureusement incertain.
Vos chères mains furent mes guides.

Si pâle à l’horizon lointain
Luisait un faible espoir d’aurore ;
Votre regard fut le matin.

Nul bruit, sinon son pas sonore,
N’encourageait le voyageur.
Votre voix me dit : « Marche encore ! »

Mon cœur craintif, mon sombre cœur
Pleurait, seul, sur la triste voie ;
L’amour, délicieux vainqueur,

Nous a réunis dans la joie.




Por malos caminos iba,
Eran dolorosamente inseguros y
Tus manos queridas me guiaron.

En el horizonte lejano, pálidamente,
Lucía una frágil promesa de alba;
Y tu mirada fue la mañana.

Ningún ruido, salvo sus pasos sonoros,
Nada estimulaba al viajero.
Y me dijo tu voz: "¡Sigue caminando!"

Mi corazón, temeroso y sombrío,
A solas lloraba, por esa triste senda;
El amor, vencedor maravilloso,
Nos reunió en la felicidad.




martes, 25 de febrero de 2014

Presencias y figuras. Lezama Lima.



Cuando se refieren a alguien como un "poeta cubano" uno espera tontamente encontrar algo "cubano" en su obra, no una raíz tan profundamente grecolatina, no una obra en castellano que encaja tan perfectamente en la poesía francesa, por ejemplo. En la descomposición de la poesía francesa.

Lezama Lima es un poeta universal y uno de los más complejos y enigmáticos del siglo XX, tendiendo una mano a Góngora y otra a Apollinaire. Al primero le une la supremacía de la imagen poética primigenia y la consciencia de que cada verso, cada oración, es solamente un intento de apresarla. Al segundo, el gusto por los poemas largos y la libre expresión de la consciencia.

Supone su obra una reflexión sobre el lenguaje, sobre la capacidad de las palabras para llegar a algo verdadero, pero también una vitalista visión del mundo envuelto en muertes y resurrecciones, atardeceres y amaneceres que se solapan a través de imágenes (Lezama es muy consciente de la imagen) y que proponen un cambio en el uso artístico (de momento) del lenguaje. Igual que después de leer Ulises, al leer uno a Lezama, no puede escribir una frase del mismo modo, sin tener en cuenta una larga espiral de connotaciones y significados imposible de controlar.


Por eso, por no poder controlarse, solo se puede leer a Lezama (también Paradiso) sin esperar un destino, solo disfrutando de cada párrafo, de cada imagen. Y por eso mismo, su obra exige, obliga, a varias relecturas que enriquecen el texto progresivamente. No leas a Lezama Lima con prisas y no busques nada a priori aunque gente como yo te hayamos dicho antes que es uno de los escritores más grandes del siglo XX.

Los críticos están de acuerdo en definir algunas características comunes en todas las fases evolutivas de su obra: el barroquismo, los poliritmos métricos y la consciencia de una relación sensible y una experiencia vital consciente de la cultura. Pero también es inventarse un mundo léxico para escudarse de una realidad inaprensible o reconstruir una realidad inasumible a través de la plasticidad del lenguaje. Construir la cultura, entonces.

Lezama Lima quería ser Homero.




El abrazo

Los dos cuerpos
avanzan, después de romper el espejo
intermedio, cada cuerpo reproduce
el que está enfrente, comenzando
a sudar como los espejos.
Saben que hay un momento
en que los pellizcará una sombra
algo como el rocío, indetenible como el humo.
La respiración desconocida
de lo otro, del cielo que se inclina
y parpadea, se rompe
muy despacio esa cáscara de huevo.

La mano puesta en el hombro de la mujer.
Nace en ellos otro temblor,
el invisible, el intocable, el que está ahí,
grande como la casa, que es otro cuerpo
que contiene y luego se precipita
en un río invisible, intocable.
Las piernas tiemblan, afanosas de llegar
a la tierra descifrada,
están ahora en el cuerpo sellado.
Comienza apoyándose enteramente,
un cuerpo oscuro que penetra
en la otra luz
que se va volviendo oscura
y que es ella ahora la que comienza
a penetrar.
Lo oscuro húmedo que desciende
en nuestro cuerpo.
Tiemblan como la llama
rodeada de un oscilante cuerpo oscuro.
La penetración en lo oscuro,
pero el punto de apoyo es ligeramente incandescente,
después luminoso
como los ojos acabados de nacer,
cuando comienzan su victoriosa aprobación.

La mano no está ya en el otro hombro.
Se establece otro puente
que respaldan los cuerpos penetrantes.
Ya los dos cuerpos desaparecen,
es la gran nebulosa oscura
que apuntala su aspa de molino.
Los dos cuerpos giran
en la rueda de volantes chispas.
Como después de una lenta y larga nadada,
reaparecen los cabellos llenos de tritones.
Miramos hacia atrás separando el oleaje
Y aparece el desierto con alfombras y dátiles.

Los dos cuerpos desparecen
en un punto que abre su boca.
Lo húmedo, lo blando,
la esponja infinitamente extensiva,
responden en la puerta,
abrillantada con ungüentos
de potros matinales
y luces de faisanes con los ojos apenas recordados.

El dolmen que regala los dones
en la puerta aceitada,
suena silenciosamente su madera vieja.
Los dos cuerpos desaparecen
y se unen en el borde de una nube.
La manta, la lechuza marina,
seca el sudor estrellado
que los cuerpos exhalan en la crucifixión.
El árbol y el falo
no conocen la resurrección,
nacen y decrecen con la media luna
y el incendio del azufre solar.
Los dos cuerpos ceñidos,
el rabo del canguro
y la serpiente marina,
se enredan y crujen en el casquete boreal.




Llamado del deseoso

Deseoso es aquel que huye de su madre.
Despedirse es cultivar un rocío para unirlo con la secularidad de la saliva.
La hondura del deseo no va por el secuestro del fruto.
Deseoso es dejar de ver a su madre.
Es la ausencia del sucedido de un día que se prolonga
y es la noche que esa ausencia se va ahondando como un cuchillo.
Es esa ausencia se abre una torre, en esa torre baila un fuego hueco.
y así se ensancha y la ausencia de la madre es un mar en calma.
Pero el huidizo no ve el cuchillo que le pregunta,
es la madre, de los postigos asegurados, de quien se huye.
Lo descendido en vieja sangre suena vacío.
La sangre es fría cuando desciende y cuando se esparce circulizada.
la madre es fría y está cumplida.
Si es por la muerte, su peso es doble y ya no nos suelta.
No es por las puertas donde se asoma nuestro abandono.
Es por un claro donde la madre sigue marchando, pero ya no nos sigue.
Es por un claro, allí se ciega y bien nos deja.
Ay del que no marcha esa marcha donde la madre ya no le sigue, ay.
No es desconocerse, el conocerse sigue furioso como en sus días,
pero el seguirlo sería quemarse dos en un árbol,
y ella apetece mirar el árbol como una piedra,
como una piedra con la inscripción de ancianos juegos.
Nuestro deseo no es alcanzar o incorporar un fruto ácido.
El deseoso es el huidizo.
Y de los cabezazos con nuestras madres cae el planeta centro de mesa
y ¿de dónde huimos, si no es de nuestras madres de quien huimos
que nunca quieren recomenzar el mismo naipe, la misma noche de igual ijada descomunal?


Lo inaudible

Es inaudible,
no podremos saber si las hojas
se acumulan y suenan al encaramarse
la mirona lagartija sobre la hoja.
Nos roza la frente
y creemos que es un pañuelo
que nos está tapando los ojos.
El oro caminaba
después hacia la hoja
y la hoja iba hacia la casa
vacía del otoño, donde lo inaudible
se abrazaba con lo invisible
en un silencioso gesto de júbilo.
Lo inaudible
gustaba del vuelo de las hojas,
reposaba entre el árbol inmóvil
y el río de móvil memoria.
Mientras lo inaudible lograba
su reino, la casa oscilaba,
pero su interior permanecía intocable.
De pronto, una chispa
se unió a lo inaudible
y comenzó a arder escondido
debajo del sonido facetado del espejo.
La casa recuperó su movilidad
y comenzó de nuevo a navegar.



Los fragmentos de la noche

Cómo aislar los fragmentos de la noche
para apretar algo con las manos,
como la liebre penetra en su oscuridad
separando dos estrellas
apoyadas en el brillo de la yerba húmeda.
La noche respira en una intocable humedad,
no en el centro de la esfera que vuela,
y todo lo va uniendo, esquinas o fragmentos,
hasta formar el irrompible tejido de la noche,
sutil y completo como los dedos unidos
que apenas dejan pasar el agua,
como un cestillo mágico
que nada vacío dentro del río.
Yo quería separar mis manos de la noche,
pero se oía una gran sonoridad que no se oía,
como si todo mi cuerpo cayera sobre una serafina
silenciosa en la esquina del templo.
La noche era un reloj no para el tiempo
sino para la luz,
era un pulpo que era una piedra,
era una tela como una pizarra llena de ojos.
Yo quería rescatar la noche
aislando sus fragmentos,
que nada sabían de un cuerpo,
de una tuba de órgano
sino la sustancia que vuela
desconociendo los pestañeos de la luz.
Quería rescatar la respiración
y se alzaba en su soledad y esplendor,
hasta formar el neuma universal
anterior a la aparición del hombre.
La suma respirante
que forma los grandes continentes
de la aurora que sonríe
con zancos infantiles.
Yo quería rescatar los fragmentos de la noche
y formaba una sustancia universal,
comencé entonces a sumergir
los dedos y los ojos en la noche,
le soltaba todas las amarras a la barcaza.
Era un combate sin término,
entre lo que yo le quería quitar a la noche
y lo que la noche me regalaba.
El sueño, con contornos de diamante,
detenía a la liebre
con orejas de trébol.
Momentáneamente tuve que abandonar la casa
para darle paso a la noche.
Qué brusquedad rompió esa continuidad,
entre la noche trazando el techo,
sosteniéndolo como entre dos nubes
que flotaban en la oscuridad sumergida.
En el comienzo que no anota los nombres,
la llegada de lo diferenciado con campanillas
de acero, con ojos
para la profundidad de las aguas
donde la noche reposaba.
Como en un incendio,
yo quería sacar los recuerdos de la noche,
el tintineo hacia dentro del golpe mate,
como cuando con la palma de la mano
golpeamos la masa de pan.
El sueño volvió a detener a la liebre
que arañaba mis brazos
con palillos de aguarrás.
Riéndose, repartía por mi rostro
grandes cicatrices.










.....................




sábado, 9 de noviembre de 2013

Isolagnosis. Ignacio Gutiérrez.



Bueno, aquí os dejo un avance de la obra 'Isolagnosis', publicada por Ediciones en Huida (2013).

El libro de poemas puede comprarse en el correo y cuesta solo 10 euritos: ventas@edicionesenhuida.es

o en algunas librerías de Cádiz como La Clandestina, Manuel de Falla, Las Libreras y si no recuerdo mal, Quorum. Y en Sevilla, seguro, en Un Gato en Bicicleta.


También podéis visitar el blog del autor aquí: Isolagnosis blog

o seguirlo por facebook clickeando aquí: Isolagnosis Facebook.

He aquí el avance (tarda un poquito en cargar):




sábado, 21 de septiembre de 2013

Poesías completas. Konstantino Kavafis.



Kavafis dijo en cierta ocasión: "a veces pasa por mi cabeza la idea de escribir sobre mi vida amorosa. ¡Aún no lo he hecho! ¡Los prejuicios son tan grandes"...

Y resulta curioso, porque da la impresión de que en realidad no hizo otra cosa sino escribir sobre su vida amorosa: la que vivió o la que le gustaría haber vivido, la que experimentó y la que imaginó.

Eso sí, nunca lo hizo en primera persona. Kavafis es el poeta que más lejos ha llevado el correlato poético, es decir, la utilización de un personaje (histórico o imaginario) como medio de expresión de sus obsesiones: el deseo sexual, el paso del tiempo y la decadencia histórica y personal.

El amor y el deseo, salvo una o dos excepciones, siempre prohibido y recordado y por su puesto, siempre entre hombres, lo que le ha llevado a convertirse en una especie de icono homosexual. Aunque en la compresión de su obra, precisamente por la sinceridad del poeta y su expresión sin tapujos, poco importa la dirección de sus deseos. Lo contrario, por ejemplo, de poetas como Cernuda o Walt Whitman, en los que la homosexualidad y su autocomprensión se convierten en elementos indispensables (quizás no tan indispensable, vale) para entender su proceso creativo.

El paso del tiempo y los deseos insatisfechos, aunque sea un tópico gastado, suponían para el poeta alejandrino una presión de la que no podía deshacerse. Como en el poema de las velas en el que consigue fácilmente descorazonar al lector con la rapidez y la irreversibilidad del transcurrir del tiempo. Cada paso que damos es un paso hacía la muerte, hacía la vejez y sí, aunque en el poema Ítaca idealiza la vejez como un "por fin la sabiduría y la paz interior", dice Kavafis "aprovecha el viaje hacía Ítaca" y parece que sea el consejo de alguien que no lo hizo.

Y respecto a su refinada cultura grecolatina, Kavafis compuso, principalmente, poemas no sobre los grandes momentos históricos, sino sobre su decadencia, como Esperando a los bárbaros, poema de indescriptible belleza, bastante actual aujourd'hui.

También su maniático perfeccionismo estilístico para eliminar todo tipo de retórica y decoración, su estilo testimonial cercano, tan dramático... todo eso...

... pero además, Kavafis fue el segundo poeta que me habló (el primero fue este) y el que me enseñó a leer a otros poetas, porque a veces la poesía es algo que permite, a quienes no pueden hacerlo de otro modo, vivir intensamente. Pocos "vividores" al uso han sido buenos poetas.

...

(Mientras escribía el texto pensaba poner una lista muy larga de mis poemas preferidos del viejo poeta de Alejandría, pero estos simples seis versos son suficientes)


Nada me retuvo. Me liberé y fui
hacia placeres que estaban 
tanto en la realidad como en mi ser,
a través de la noche iluminada.
Y bebí un vino fuerte, como
sólo los audaces beben el placer. 







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martes, 14 de mayo de 2013

Poemas. Emily Dickinson.



Como casi toda la poesía que me gusta, la obra de Emily Dickinson es difícil de entender. En una primera lectura el impacto es demasiado grande como para prestarle atención a los pequeños detalles, o más bien, que el impacto de los pequeños detalles es tan intenso que impide apreciar la obra en el conjunto.

En lecturas posteriores el paisaje poético de Dickinson se va aclarando, se enriquece con el misterio de su biografía -fue una niña activa y llena de vida hasta los 30 años, cuando se retiró de la sociedad y vivió una vida de ermitaña-, hasta el punto de que intentas leer a Emily, intentas cotillear en su vida  a través de sus poemas. Y así hay algo que no funciona.

Y digo todo esto porque en realidad no sé que escribir sobre la obra Emily Dickinson. Al leerla, la mente se embota de pensamientos claros y puros que al intentar atraparlos en palabras desaparecen y solo queda hablar de lo que habla todo el mundo: su reclusión, su amor por la naturaleza, su misticismo o su obsesión por la muerte. Pero hay algo más que no puede leerse y no sé qué es. Sus silencios, todo lo que no dice. Su parálisis exterior, vital y emocional.



196

No lloramos -Tim y yo,
somos demasiado importantes -
pero cerramos la puerta con llave
para impedir visitas-

luego escondemos nuestras valientes caras
hondamente en nuestras manos -
para no llorar -Tim y yo-
somos demasiado importantes-

Ni a soñar -él y yo-
condescendemos-
sólo cerramos nuestros ojos castaños 
para ver el fin-

Tim -mira las casas-
pero, oh, ¡tan altas!
Luego -temblamos- Tim y yo-
no sea que me ponga a llorar-

Tim -lee un pequeño himno-
y los dos rezamos
¡Por favor, Señor, yo y Tim-
siempre nos perdimos!

Tenemos que morir -en cualquier momento-
los clérigos dicen -
Tim -lo hará- si yo- lo hago-
yo-también-si él-

¿cómo lo arreglaremos-
Tim-era-tan -tímido?
¡simultáneos, llévanos -señor-
yo -tim y yo!


280


Sentí un funeral en mi cerebro,
los deudos iban y venían arrastrándose -
arrastrándose -hasta que pareció que 
el sentido se quebraba totalmente -
una liturgia, como un tambor -
comenzó a batir -a batir -hasta que pensé
que mi mente se volvía muda -
y crujió a través de mi alma
con los mismos botines de plomo, de nuevo,
el espacio -comenzó a repicar,
y existir, sólo una oreja,
y yo, y el silencio, alguna extraña raza
naufragada, solitaria, aquí -
caí, y caí -
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo -entonces -




384

Ningún cepo puede torturarme,
mi alma- en libertad
-detrás de este esqueleto morta
se teje uno de más valor
-No puedes horadar con un serrucho-
ni traspasar con una cimitarra-
dos cuerpos- por lo tanto perdura
-amarra uno- el otro vuela-
El águila de su nido no se despoja
-y gana el cielo más fácilmente que tú-
Excepto tú mismo tal vez nadie 

puede ser tu enemigo
-cautividad es conciencia-y también libertad.




410

La primera noche de aquel día había llegado -
dijo que sus cuerdas estaban rotas -
y agradecida de que algo tan terrible 
fuera tolerado
pedí a mi alma que cantara -su arco -
 en átomos destrozado -
y entonces para componerlo - 
me dio trabajo hasta la otra mañana -
como repetidos ayeres,desplegó su horror en mi cara -
hasta enceguecer mis ojos y a balbucear 
como un idiota -y aunque pasaron años 
desde aquel día -la risita perdura -
de la persona que yo era -y ésta -
que no siente lo mismo -¿podrá ser locura?




510

No era la Muerte, pues yo estaba de pie
Y todos los muertos están acostados,
No era de noche, pues todas las campanas
se agitaban bajo el sol del mediodía.
No había helada, pues en mi piel
Sentí cálidos vientos reptar,
Ni había fuego, pues mis pies de mármol
Podían helar un santuario.
Y, sin embargo, se parecían a todas

Las figuras que yo había visto,
Ordenadas para un entierro
Que rememoraba como el mío.
Como si mi vida fuera recortada

Y calzada en un marco,
Y no pudiera respirar sin una llave
Y era como si fuera medianoche.
Cuando todo lo que late se detiene

Y el espacio mira a su alrededor,
La espeluznante helada, primer otoño que llora,
Repele la apaleada tierra.
Pero todo como el caos,

Interminable, insolente,
Sin esperanza, sin mástil
Ni siquiera un informe de la tierra
Para justificar la desesperación.




670 

No es necesario ser un cuarto 
- para estar embrujado 
-ni una casa -el cerebro tiene corredores 
-que superan los lugares materiales 
-vale más encontrar a la medianoche 
un fantasma visible que afrontar 
en el interior -ese huésped más helado.
Vale más atravesar galopando 

una abadía a pedreada 
-que encontrarse a sí mismo desarmado 
-en un lugar solitario -
Ese uno mismo, detrás de uno mismo oculto 

-debe sobrecogernos más 
-el asesino escondido en nuestro 
apartamento será un menor horror.
El cuerpo -busca un revólver 

-pone cerrojo a la puerta 
-presintiendo un fantasma superior -o más -








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miércoles, 19 de septiembre de 2012

La energía de los esclavos. Leonard Cohen.


Lo dijo Leonard Cohen: "no soy poeta ni músico, pero los músicos me aceptaron como músico y los poetas, como poeta".

Leonard Cohen ya era un escritor conocido en Canadá y Francia antes de darse cuenta de que en la música había un poco más de negocio (así lo explica), o al menos la posibilidad de llegar a más gente. Bautizado en el mundo de la farándula con los libros Let Us Compare Mythologies o Flowers to Hitler, su carrera continuaría entre libros, mujeres, discos, giras de conciertos por todo el mundo y depresiones continuas y admirables renacimientos y reinvenciones. En fin, uno de los artistas más importantes del siglo XX, algo que sabe casi todo el mundo. Pero en el principio era poeta.

Y continúa siéndolo todavía. Lo cierto es que la calidad lírica de sus canciones eclipsa un poco su faceta literaria, igualmente cruda y liberadora, pero diferente. En los poemas, Leonard demuestra un conocimiento profundo de la literatura anglosajona y un buen manejo de la ironía para alejarse del poema. Como bien explicaba T. S. Elliot: el poeta trabaja con percepciones y sentimientos individuales que están dentro de él, pero debe crear con ellos algo distinto a sí mismo. En concreto, decía: "mientras más perfecto el artista, más completa será en él la separación entre la persona que sufre y la persona que crea".

Siguiendo a la mejor escuela aglosajona, como también hizo Cernuda, Leonard, como poeta, huye del pathetic fallacy -algo así como el engaño sentimental, el excesivo yoísmo emocional de los poetas sin experiencia- y del purple patch o trozo de bravura, que lo podemos entender como la bonitura, la finura de la expresión, para crear un poemario aparentemente seco y frío pero absolutamente descarnado, revelador y universal.

Explica Leonard: "después de ser padre, y tras un tiempo de recapacitación, volví a sentir confianza en mi mismo; me di cuenta de que buena parte de mis depresiones habían venido de las drogas y me replanteé todo. Saqué La energía de los esclavos, un nuevo libro poético de textos en verso libre, que son quizás mis versos favoritos. En ellos di rienda suelta a todo el cinismo que llevaba encima, un cáustico examen de la política y de las guerras que asolaban el mundo. No pretendí dar soluciones, sino mostrar esa angustia impotente que a todos nos atenaza".

Podría poner cualquier canción suya ahora, pero mejor mis poemas preferidos del libro: 

16

Ya no estoy en mi mejor momento para practicar 
el oficio de los versos.
Se me da mucho mejor 
estar en el cuarto ropero con Sara.
Pero incluso en este mundo alternativo
tampoco estoy ya en mi mejor momento.
Necesito
la compasión de mi propia atención.
Quién podría haber imaginado
que el corazón envejece
del contacto con otros.

20

Siempre intento mantenerme en contacto esté donde esté.
No digo que te amo.
No digo que lo haya solucionado.
El sol entra por el tragaluz.
Mi trabajo me llama
dulce, como el sonido del arroyo
que pasa junto a mi cabaña de Tennessee.
Escucho sentado en mi mesa
y estoy casi dispuesto a perdonar
a los que intentaron aplastarnos
con sus magníficos sistemas.
Tu belleza está en todas partes,
la que destilamos juntos
de los tiempos difíciles.

Nunca sentirás que te dirijo.
Huyo para siempre de tu homenaje.
No tengo ninguna intención de encadenarte.
No tengo nada pensado para ti.
No tengo oraciones en las que incluirte.
Vivo para ti, sin pensar en lo que mereces
o en lo que no mereces.

21

Tus ojos son muy poderosos.
Intentan tullirme.
Pones toda tu fuerza en tus ojos
porque no sabes lo que hay que hacer
para ser un héroe.

Te has confundido de ideal.
No eres un héroe,
sino un tirano
lo que aspiras a ser.
Es por eso por lo que la debilidad
es tu cualidad más atractiva.

No tengo planes para ti.
Tus peligrosos ojos negros
se clavan en la chica más cercana
o en el espejo más próximo
mientras vas esperanzado
de profesión en profesión.

39

Se sentó al piano
la más bella pianista del mundo,
vestida con una bata de fotógrafo.
Yo estaba hojeando las páginas amarillas
de mi viejo corazón de esclavo
en busca de algo mejor que la gratitud.
Cuando sobre la parte mucosa ella colocó
el más pequeño y majestuoso barco de vela
que jamás haya devuelto el mar.
Diciendo: a veces estoy contigo.
A veces tengo que ir donde
el hombre es un extraño a su dolor.




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