"El más puro de los poetas que ha tenido Francia". Lo dijo Luis Cernuda en 1960 tras el fallecimiento de Pierre Reverdy. “Le estimo como poseedor de un don raro aún entre los poetas mejores, el de guiar, señalar rumbo a los poetas más jóvenes que vienen tras de él. Es decir, ser un maestro”.
Se le vincula en el imaginario colectivo como representante y catalizador de las vanguardias, asociado especialmente al surrealismo, al cubismo y al creacionismo de Huidobro, con quien publicó la revista Nord-Sud. Pero a menudo se olvida que Reverdy fue un místico. En el año 1926, con 37 años sufrió una crisis espiritual y se retiró a la abadía Solesmes hasta su muerte en 1960. Más de la mitad de su obra es la obra de un místico. Entre ellas el libro que nos ocupa. Sources du vent (1929), traducido por Guillermo F. Rojano.
André Breton, en una entrevista en 1932 dijo sobre Reverdy: Esta forma de decir no ha perdido para mí su encanto. Inmediatamente me reintroduce en el corazón de esta magia verbal que, para nosotros, era el dominio donde Reverdy actuaba. Sólo Aloysius Bertrand y Rimbaud habían avanzado tan lejos en esta vía. Por mi parte, amaba y amo todavía sí, de amor esta poesía practicada en largos cortes en los que nimba la vida cotidiana, este halo de aprehensiones e indicios que flotan alrededor de nuestras impresiones y de nuestros actos. Cortaba dentro como al azar. El ritmo que había creado era aparentemente sólo un instrumento. Pero esta herramienta no lo traicionaba nunca, era maravilloso. Reverdy era mucho más teórico que Apollinaire: incluso hubiera sido un maestro ideal si hubiera sido menos apasionado en la discusión, si hubiera estado más preocupado por los argumentos que se le oponían, pero es verdad que esta pasión formaba parte de su encanto. Nadie ha reflexionado mejor y nadie supo hacer reflexionar sobre los medios profundos de la poesía. Nada debía, en consecuencia, tener más importancia que sus tesis sobre la imagen poética. No hay tampoco nadie que, ante la larga ingratitud de la suerte, haya demostrado un desapego más ejemplar.
Planos sincrónicos, tiempo detenido y el alma humana que se detiene expectante ante elementos cotidianos y que busca un significado en ellos y que construye un sentido trascendente. De ahí, de esa elaboración del significado oculto y de la esperanza de que lo cotidiano se convierta en una manifestación del lenguaje divido, surge la espiritualidad que rezuman estos poemas de Reverdy. Poemas universales y eternos porque hablan sobre lo mínimo común de todos los seres humanos y que podrían ser comprendido por una mente prehistórica y por una sensibilidad del futuro.
Las vueltas únicas del espíritu
La misma corriente de aire en el ojo
y en el oído
Lámpara de velada nocturna
Bajo las capas del sueño rectilíneos
cuando las mejillas salen
el gallo impasible llama bajo el tejado
Láminas de los cascotes de yeso se desprenden
las líneas se desdoblan en el umbral de la falsa mañana
Y para volver a encontrar el orden a través de este misterio
Ni siquera tenemos la claridad interior del ojo
La realidad aplastada en un ángulo
donde el filo de la talla oprime al animal
Más voces del horizonte
de camino bajo la paja
Ni un grano de arena húmeda en los labios
Y sobre las manos
La caricia de los hielos que atraviesan este jardín desnudo
estos muros desvanecidos
Este triste movimiento de orquesta sin estribillo
la cama lívida.
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