Información extraída del artículo: 'Solo los Elefantes encuentra mandrágora, un acercamiento crítico desde la estética expresionista y gótico-posmoderna', de Ana María López Abadía.
La novela Solo los elefantes encuentran mandrágora supone la culminación de la experiencia estética del exceso de Armonía Somers. Para la escritora uruguaya escribir implica una aventura experimental y vanguardista desde la ironía meta-narrativa hasta la profundidad conceptual. Narrar no se limita a la experiencia de contar; se refiere a la superposición de puntos de vista que en conjunto invalidan la mímesis de la realidad como posibilidad. A lo largo de sus novelas, Somers plantea un juego cada vez más complejo que parte de un conocimiento profundo de la teoría de géneros literarios y que se expresa a través del único modo posible de unificar opuestos: la ironía.
Para Somers, que pretende avanzar artísticamente en la consideración del narrador, el uso irónico de configuraciones literarias cultas y populares parece una última oportunidad para algunos géneros que ya han cumplido su función social, como por ejemplo la novela de folletín. Esta es una de las razones por las que la literatura de Somers debe considerarse literatura postmoderna: Somers parodia la validez autoral, cuestiona la credibilidad de los narradores y nos plantea una duda sobre la veracidad de lo narrado. Por lo tanto, nos obliga a reflexionar sobre nuestras razones como civilización para leer novelas, si entendemos la novela en sus dos extremos: 1º) una herramienta humana de conocimiento y 2º) un modo de entretenimiento que nos aivia la carga de la existencia. No obstante, la aventura literaria de Somers nos conduce a un camino sin retorno. Si entendemos su narrativa como una teoría de la novela, Solo los elefantes encuentran mandrágora sería la última novela posible.
Solo los elefantes encuentran mandrágora propone una trama compleja. No resulta lectura fácil porque Armonía Somers, si trazamos un paralelismo con Joyce (a quién Somers admiraba profundamente), mantiene un pulso enérgico con quien se acerque a su obra. Aquí, un pequeño resumen de la novela para no perdernos:
- Primero: una mujer (llamada Sembrando Flores) pasa una convalecencia médica en un "aséptico sanatorio" porque sufre una "rara" enfermedad llamada quilotórax. Enfermedad que sufrió la autora. El origen de esta enfermedad se encuentra en un extraño episodio del pasado familiar de la protagonista: su madre leía durante horas novelas de folletín a una "vieja maniática que se las conocía de memoria y no perdonaba capítulos salteados". Una "vieja maniática" que responde al nombre de Abigail.
- Segundo: en el sanatorio se produce una transformación mental en Sembrando Flores con consecuencias narrativas: la enferma devuelve su pasado al presente y de pronto, la narración incluye el mundo narrativo contemporáneo de la protagonista, el universo que conoció en su estado primitivo durante la infancia y el mundo que imaginó. Esta colisión de planos posibles le permite a la protagonista iniciar la búsqueda de una explicación a su estado físico del presente.
- Tercero: la novela que leen los personajes de Solo los elefantes encuentran mandrágora existe, se llama La calavera de margarita y está escrita por Pérez Escrich, un escritor decimonónico maestro del folletín y por su puesto no estudiado lo suficiente por la crítica al considerarse de categoría popular. A lo largo del texto de Somers, leeremos fragmentos literales del texto de Escrich. Además, la novela de Somers comienza con una ilustración inserta de la propia novela en la que aparece la calavera de la protagonista, Margarita, y la inscripción que la acompaña: "ese cráneo que te sobrecoge". Se trata de una novela espejo paródica de atmósfera gótica, romántica y de carácter comercial que presumiblemente nos explicará por qué ese hombre conserva la cabeza de su amada sobre la chimenea de su salón. Este misterio avanza paralelo al misterio de la novela de Somers: cómo la lectura de folletines causa su enfermedad. Las novelas de folletín suponen un espacio de libertad y una vía de entrada al propio imperio interior de la protagonista que lee y reconstruye con su propia materia humana lo leído. El resultado son imágenes nuevas y sorprendentes. La lectura, como propone Proust en su ensayo Sobre la lectura transciende el entretenimiento para convertirse en un encuentro con su mundo propio. Un encuentro del que obtendrá las herramientas necesarias para soportar la realidad terrible de su presente: la enfermedad y el fracaso. Por un lado, consigue reinterpretar su infancia y la relación con su madre y por otro, evadirse de un tratamiento que parece una tortura.
La calavera de Margarita y la inscripción que la acompaña "ese cráneo que te sobrecoge" nos introduce simbólicamente en el misterio de la muerte (en el terror) y nos plantea ese deseo de conocer y reinterpretar el mundo que te invita a seguir leyendo: ¿por qué está la calavera de su amada sobre la chimenea y no enterrada? Porque de alguna manera, si no hay misterio, si existe nada por conocer que no sepamos, no encontraremos razones para seguir leyendo. Por ese motivo, para algunos críticos las novelas detectivescas representan el símbolo del verdadero acto de lectura, que parte de una realidad confusa que va configurándose y adquiriendo sentido a medida que se lee.
Igualmente, la calavera y su misterio (vinculado a la expresión del mundo propio de Sembrando Flores) nos devuelve una vivencia irrepresentable. Aquí la multi-textualidad y la confrontación de planos y géneros narrativos (cada género configura la realidad de una determinada manera) redimensionan la simple historia de una mujer enferma que sufre un tratamiento complejo. La pieza que une todas las perspectivas es la locura entendida más allá de la locura, la locura mística y trascendente, una "locura narrativa", como la llama en su artículo Ana María López Abadía, que combina géneros, perspectivas y diferentes estatus del narrador, con tramas y subtramas y que se materializa en los diálogos que Sembrando Flores mantiene con seres irreales sin confirmarte nunca su irrealidad (un ángel, Pasifae, Schereber, una soñante, por mencionar unos pocos). Enferma que bordea la locura, impresión de que la mayoría de los eventos narrados ocurren en su mente desde un estímulo real, al final de la novela nos enteramos de que todo lo escrito ha sido compilado por una tercera persona y no por Sembrando Flores, llamada Victoria von Scherrer: toda confiabilidad en el texto queda en entredicho.
Por otro lado, el título de la obra, Solo los elefantes encuentran mandrágora, impacta por su belleza y de algún modo nos indica que la novela y la literalidad multi-textual de la novela nos exigirá una lectura simbólica. Como ejemplo de las múltiples interpretaciones posibles cito literalmente lo que dice Cirlot en su Diccionario de símbolos explica sobre el elefante y la mandrágora:
Elefante: el simbolismo de este animal tiene cierta complejidad y determinaciones secundarias de carácter mítico. En el sentido más amplio y universal, es un símbolo de la fuerza y de la potencia de la libido. En la tradición de la india, los elefantes son las cariátides del universo. En las procesiones, son la montura de los reyes. Es muy interesante que, por su forma redondeada y su color gris blanquecino, se consideren símbolos de las nubes. Por los cauces del pensamiento mágico, de esto se sigue la creencia en que el elefante puede producir nubes y de ahí la mítica suposición de la existencia de elefantes alados. La línea elefante-cima de monte-nube, establece un eje del universo. Probable derivación de estos conceptos de clara impronta primitiva, el uso del elefante en la Edad Media como emblema de la sabiduría, de la templanza, de la eternidad e incluso de la piedad.
Mandrágora: planta a la que se atribuían virtudes mágicas pro tener las raíces una figura parecida a la humana. Con este nombre se conocía también el fastasma de un diablo, como hombrecillo negro, sin barba y con los cabellos despeinados y esparcidos. Es una imagen del alma, en su aspecto negativo y minimizado en la mentalidad primitiva.
El título es una declaración del carácter intuitivo de la novela que exige al lector la misma predisposición a la nocturnidad de la protagonista, Sembrando Flores, a la que se le aplican expresiones como "facultades psíquicas", "visiones metafísicas" semejantes a Santa teresa, "percepción extrasensorial o "poseída", "como hipnotizada por una mirada situada más allá de la común", "visión bilateral del ser humano surgido de sus evoluciones". Claras representaciones en el texto de un estado alterado de la percepción en que se concilian las identidades simbólicas de una retahíla de palabras que se redimensionan juntas: mandrágora, sueño, locura, misticismo, interioridad, realidad profunda. El significado último del titulo y de la novela ofrece, por consiguiente, tantas alternativas como lecturas posibles.
Somers no facilita la comprensión de la obra porque parte del tema que trata es precisamente la imposibilidad del sentido a través del lenguaje, cómo el lengua nos engaña y nos impide experienciar la realidad objetiva. Somers busca la comprensión más allá del entendimiento, la comprensión intuitiva de la realidad a través de cualquier herramienta que no sea la razón ni el intelecto. El carácter abrumador de la prosa de Somers dificulta su lectura y al mismo tiempo nos invita profundizar en ella en una experiencia por momentos, agotadora. Expresionismo de vanguardia, continuidad en castellano del camino iniciado por Joyce (no tanto en el Ulises como en el Finnegans Wake) y al mismo tiempo el complejo te lleva a mostrarte como un caparazón lleno de espinas que quiere desea ser abrazado. Lo extraño, lo sublime, lo alucinante, lo cercano al misticismo pero que nunca lo alcanza a Dios, es decir, el carácter abismal de la novela demuestra una indagación exhaustiva, así como la nostalgia convertida en parodia del gótico tradicional; la autoconciencia narrativa revela, asimismo, un profundo conocimiento de qué significa contar y cómo ha contado la humanidad desde el inicio, con sus aciertos y sus callejones sin salida, con su mentira universal. Rasgos como la duplicidad y la confusa densidad de marcos narrativos ahondan en el caos y en el misterio, sugieren que la condición humana pertenece a un mundo complejo y extraño, que va complicándose a medida que la humanidad envejece (aunque el mundo parezca siempre nuevo para la juventud), un universo que se complica en el que el terror o la ironía aparecen como la única forma posible de acercarse a lo real.
Solo los elefantes encuentran mandrágora en la edición crítica de la colección archivos.


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