sábado, 18 de abril de 2026

Antología poética 1927 -1986. Henri Michaux


Michaux entendía la poesía y el arte como una herramienta para explorar la conciencia, no como un fin estético o creativo en sí mismo. Su obra no busca la perfección formal, sino, con  exclusividad, el autoconocimiento. Dicen sobre Michaux que fue un hombre huyó toda su vida y que encontró en el surrealismo la idea de la disolución y en sus viajes, la percepción de la realidad como un devenir bergsoniano, como una energía en constante cambio. Sus poemas se parecen a sus pinturas, toscas, incompletas, pero al mismo tiempo sensibles y profundas. 

Octavio Paz dijo sobre él, en su ensayo El príncipe de la nada, que Michaux no era poeta, sino un explorador de la conciencia y definió su obra como "una pedagogía del desengaño", una forma de desnudar las capas de la realidad hasta llegar al vacío o al asombro puro. Este poeta imperfecto también generó interés en otro peso pesado de las letras hispanas, Jorge Luis Borges, que tradujo su obra y quedó fascinado por su libro Un bárbaro en Asia. Fiel a su estilo, Borges solía decir que Michaux era un "curioso ejemplar de la literatura francesa", y destacaba su excentricidad y su capacidad para estar fuera de toda escuela literaria.

Michaux nació en Bélgica, pero vivió obsesionado con la idea de no pertenecer a ningún lugar. Su juventud estuvo marcada por un rechazo profundo a la burguesía, a la religión y a la realidad. Vivió las dos Guerras Mundiales, lo que reforzó su visión, como a muchas personas de su generación, de que el mundo exterior es un lugar hostil, cruel y absurdo, carente de sentido, arbitrario. Aunque estuvo vinculado y se dejó influenciar por el surrealismo y aunque fue contemporáneo de Dalí y Breton, Michaux rechazó unirse al grupo surrealista. No le interesaba el "juego" literario ni el automatismo, para él, la expresión artística nacía de una necesidad vital de determinar el mecanismo que vincula la realidad exterior y la vivencia interna de la realidad. 

La obra de Michaux se puede dividir en tres etapas que se relacionan con tres maneras de escapar o evadirse de la realidad 

Primero, su etapa de viajero pro el mundo (años veinte y treinta). Viajó a Ecuador y Asia (donde escribió Un bárbaro en Asia). Al final, se dio cuenta de que viajar por el mapa del mundo era inútil para escapar de lo que pretendía, porque el verdadero "ruido" del que huía estaba en su interior.

Segundo, sus viajes imaginarios (años 40). Frustrado por su conocimiento del mundo, que no logra saciarle, Michaux inventó países como Poddema o Garabania construidos a imagen y semejanza de su interior, es decir, de sus estados psicológicos.

Tercero, su etapa de consumo de drogas (años 50-60). Como un espíritu que busca inocentemente y no encuentra, Michaux experimentó con las drogas, especialmente con la mescalina, que utilizó de forma pormenorizada, casi como un científico. No buscaba placer, sino observar cómo se fragmentaba la mente. De aquí nacen libros como Miserable milagro.

Entre su poesía y su pintura existe una relación evidente: donde termina su poesía, comienza su trabajo plástico. Cuando las palabras no alcanzaban para describir el horror o la extrañeza, el dibujo desligado de toda preconcepción aprendida, no plantean paisajes, texturas ni propuestas formales. Son puro movimiento que pretenden reflejar el caos de la relación entre la realidad y lo que nuestro cerebro percibe de ella. 

Él mismo explicaba su objetivo artístico: "Escribo para que lo que era verdad deje de serlo". El libro Ailleurs (1948) es probablemente una de sus obras más fascinantes, pues consolida su faceta de "viajero estático"; viajero del pensamiento, explorador de mundos interiores que presentan la apariencia de crónicas de viajes reales. Este libro es una trilogía de viajes imaginarios. Michaux no describe países reales, sino estados de conciencia disfrazados de geografía y etnografía. A través de la invención de tribus, costumbres absurdas y leyes físicas imposibles, el autor realiza una sátira de la condición humana y una exploración de sus propios fantasmas. 

Ici, Poeddema es la tercera parte de este libro. Mientras que las secciones anteriores (Grande Garabagne y Au pays de la Magie) mantienen un tono fantástico o incluso humorístico y satírico, Poddema es notablemente más oscura y sombría. Poddema es un país en el que la biología es maleable y a menudo cruel. Michaux describe una sociedad obsesionada con el cultivo de seres humanos, con mutaciones y con una relación muy particular con el cuerpo y el dolor. Es en este entorno de extrañeza corporal donde surge la figura de Polágoras. que se resuelve en un hermoso poema, el que más me ha emocionado la atención de toda la antología: Vieillesse de Polagoras (Vejez de Pollágoras, según la traducción de Silvio Mattonni). Aunque Michaux no lo define como un personaje histórico, actúa como una figura de autoridad o un sabio que ha llegado al final de su camino. Representa la conciencia que observa su propia disolución, un correlato narrativo que permite al poeta verse a sí mismo con objetividad. 


El poema trata sobre el proceso de envejecer no como una acumulación de sabiduría, sino como una pérdida sistemática de conocimiento. Para Polágoras, el mundo, en su vejez, se aleja; sus sentidos se retiran progresivamente y siente cansancio por haber sido él mismo durante toda su vida, es decir, de la identificación consigo mismo, de su identidad asumida. Para Michaux la vejez parece una invasión de la "nada" en el organismo, y por lo tanto, en el espíritu. la nada que te prepara para la muerte. Esta idea implica que vivir, para el poeta, es asimilar el mundo a través de los sentidos. "Ya no puedo, ya no sé, ya no soy".

La vejez no es una degradación del cuerpo, sino una experiencia que ocurre en el espacio que ocupa el cuerpo de un ser humano, y esa visión, alcanzada por Michaux en su vejez, supone una de las reflexiones más potentes de la lírica europea sobre el proceso del envejecimiento, que para el poeta implica un descenso gradual hacia la nada. Es decir, apagar el mundo creado desde el nacimiento a traves de las palabras y a través de los sentidos. 


VEJEZ DE POLÁGORAS

Quisiera saber por qué sigo siendo el caballo cuyas riendas sostengo

Con la edad, dijo Polágoras, me he vuelto semejante a un campo donde han habido batallas, batallas de hace siglos, batallas recientes, un campo de muchas batallas. 

Muertos que nunca están del todo muertos vagan en silencio o descansan. Se podría pensar que se han librado del deseo de vencer. 

Pero de repente se animan, los tendidos se levantan y todos atacan armados. Acaban de encontrar el fantasma del antiguo adversario que a su vez, sacudido, de pronto se precipita febrilmente hacia adelante, su corcel listo, obligando a mi corazón sorprendido a acelerar su actividad en mi pecho y en mi ser ofuscado que a su pesar se mueve. 

Sin interferencia, libran "sus" batallas entre ellos, ciegos tanto para las anteriores como para las siguientes, cuyos héroes circulan ignotos y apacibles hasta que al encontrar a su adversario contemporáneo se incorporen en un instante y se lancen irresistiblemente al combate. 

Así, dijo Polágoras, adquirí mi edad, por esa acumulación. 

Atestado de batallas ya libradas, reloj de escenas cada vez más numerosas que suenan cuando yo quisiera estar en otra parte. 

Así, como una casa de campo entregada a los Poltergeist, vivo sin vivir, lugar de apariciones que ya no me interesan, aunque ellas todavía se apasione y se rehagan tumultuosamente en un febril devaneo que no puedo detener. 

*

La sabiduría no llegó, dijo Polágoras. El habla se estrangula más, pero la sabiduría no llegó. 

Durante toda la vida, mi atención como una aguja sismográfica me ha recorrido sin dibujarme, me ha palpado sin formarme. 

En la aurora de la vejez, ante la llanura de la Muerte, todavía busco, sigo buscando, dijo Polágoras, la pequeña barrera distante edificada en mi infancia por mi orgullo, mientras circulaba con armas blandas y un íntimo escudo entre los acantilados de adultos oscuros. 

pequeña barrera que hice creyendo actuar bien, creyendo que hacía maravillas y que mi resistencia hizo demasiado sólida. 

Y no es la única. 

Cuántas habré construido en la época de mi furiosa defensa, en mis años de espanto. 

Es preciso que ahora las redescubra a todas, cubiertas de fibras vivientes. 

Mi vida descendente que ya no tiene más que un hilo busca ávida los torrentes que se derrochan todavía, y la obra magnífica del pequeño y valeroso constructor debe ser arruinada en beneficio del viejo avaro apegado a la vida. 

*

Déjenme, dijo Polágoras, estoy cansado de la espiga pendenciera. Ha llegado la hora para mí. dejen. Mi sangre ha perdido su coloidal. Mi ser entero deposita piedras. 

El desmantelamiento empezó con la muerte del alguien con quien yo vivía. Ese alguien era mujer, es decir, justa para insinuarse en todos los corredores del alma. 

Ella cayó en la Muerte. Súbitamente. Sin ningún convenio. 

Lejos de la playa, el mar se retiró. 

El enarenamiento ganó las superficies, las superficies y las profundidades, y una noche se presentó quien aterró mi noche, sin embargo vasta y con la cual desde hacía tiempo me cubría del día insoportable de los otros. 

Tiré rápido unos cohetes pero la noche los absorbió sin alterarse y los cohetes vanos humearon sin alumbrar más que algunas cenizas y desaparecieron sin haz, sin estallido, lejos del rostro negro del pirotécnico. 

*

Vino con las lluvias, mi camarada, aquel que dicen que cada cual tiene a sus espaldas. 

Vino con las lluvias, triste, y todavía no se ha secado. 

Hice algunas salidas después. Desembarqué en nuevas costas. Pero no pude desentristecerlo. Ahora me canso. Mis fuerzas, mis últimas fuerzas..., su ropa mojada (¿o ya s la mía?) me hace estremecer. Será preciso volver. 


MÁS INFORMACIÓN INTERESANTE

ARCHIVOS EN USO: Poddema y Signo Ascendente: surrealismo vs. dictadura 

CONFABULARIO: Henri: Michaux: el relámpago de la mescalina. 

Ejemplo de la influencia de la mescalina en la obra de Michaux 

AMANECEMETRÓPOLIS: Hacia lo solo: a propósito de Henri Michaux. 

NUEVAREVISTA: Henri Michaux: la ética de la alucinación. 

ARSMAGAZINE: Entre la psicodelia y la místicaoutsider de Michaux. 

REVISTA OTRA PARTE: Los que fui

Iribas Rudín, A: En busca de la alteridad: autoexperimentos de Henri Michaux

CRITICA DE POESÍA ADDISON DE WITT: retrato de los mediosems

EL PSICOANALÍTICO: Henri Michaux: conocimiento por los abismos de la droga 

EL BATISCAFO ROJO: LABERINTO por Henri Michaux

ARTELETRA: Una entrevista con Henri Michaux por John Ashbery


jueves, 2 de abril de 2026

Solo los elefantes encuentran mandrágora. Armonía Somers


Información extraída del artículo: 'Solo los Elefantes encuentra mandrágora, un acercamiento crítico desde la estética expresionista y gótico-posmoderna', de Ana María López Abadía.  

La novela Solo los elefantes encuentran mandrágora supone la culminación de la experiencia estética del exceso de Armonía Somers. Para la escritora uruguaya escribir implica una aventura experimental y vanguardista desde la ironía meta-narrativa hasta la profundidad conceptual. Narrar no se limita a la experiencia de contar; se refiere a la superposición de puntos de vista que en conjunto invalidan la mímesis de la realidad como posibilidad. A lo largo de sus novelas, Somers plantea un juego cada vez más complejo que parte de un conocimiento profundo de la teoría de géneros literarios y que se expresa a través del único modo posible de unificar opuestos: la ironía. 

Para Somers, que pretende avanzar artísticamente en la consideración del narrador, el uso irónico de configuraciones literarias cultas y populares parece una última oportunidad para algunos géneros que ya han cumplido su función social, como por ejemplo la novela de folletín. Esta es una de las razones por las que la literatura de Somers debe considerarse literatura postmoderna: Somers parodia la validez autoral, cuestiona la credibilidad de los narradores y nos plantea una duda sobre la veracidad de lo narrado. Por lo tanto, nos obliga a reflexionar sobre nuestras razones como civilización para leer novelas, si entendemos la novela en sus dos extremos: 1º) una herramienta humana de conocimiento y 2º) un modo de entretenimiento que nos aivia la carga de la existencia. No obstante, la aventura literaria de Somers nos conduce a un camino sin retorno. Si entendemos su narrativa como una teoría de la novela, Solo los elefantes encuentran mandrágora sería la última novela posible. 

Solo los elefantes encuentran mandrágora propone una trama compleja. No resulta lectura fácil porque Armonía Somers, si trazamos un paralelismo con Joyce (a quién Somers admiraba profundamente), mantiene un pulso enérgico con quien se acerque a su obra. Aquí, un pequeño resumen de la novela para no perdernos: 

  • Primero: una mujer (llamada Sembrando Flores) pasa una convalecencia médica en un "aséptico sanatorio" porque sufre una "rara" enfermedad llamada quilotórax. Enfermedad que sufrió la autora. El origen de esta enfermedad se encuentra en un extraño episodio del pasado familiar de la protagonista: su madre leía durante horas novelas de folletín a una "vieja maniática que se las conocía de memoria y no perdonaba capítulos salteados". Una "vieja maniática" que responde al nombre de Abigail. 
  • Segundo: en el sanatorio se produce una transformación mental en Sembrando Flores con consecuencias narrativas: la enferma devuelve su pasado al presente y de pronto, la narración incluye el mundo narrativo contemporáneo de la protagonista, el universo que conoció en su estado primitivo durante la infancia y el mundo que imaginó. Esta colisión de planos posibles le permite a la protagonista iniciar la búsqueda de una explicación a su estado físico del presente.
  • Tercero: la novela que leen los personajes de Solo los elefantes encuentran mandrágora existe, se llama La calavera de margarita y está escrita por Pérez Escrich, un escritor decimonónico maestro del folletín y por su puesto no estudiado lo suficiente por la crítica al considerarse de categoría popular. A lo largo del texto de Somers, leeremos fragmentos literales del texto de Escrich. Además, la novela de Somers comienza con una ilustración inserta de la propia novela en la que aparece la calavera de la protagonista, Margarita, y la inscripción que la acompaña: "ese cráneo que te sobrecoge". Se trata de una novela espejo paródica de atmósfera gótica, romántica y de carácter comercial que presumiblemente nos explicará por qué ese hombre conserva la cabeza de su amada sobre la chimenea de su salón. Este misterio avanza paralelo al misterio de la novela de Somers: cómo la lectura de folletines causa su enfermedad. Las novelas de folletín suponen un espacio de libertad y una vía de entrada al propio imperio interior de la protagonista que lee y reconstruye con su propia materia humana lo leído. El resultado son imágenes nuevas y sorprendentes. La lectura, como propone Proust en su ensayo Sobre la lectura transciende el entretenimiento para convertirse en un encuentro con su mundo propio. Un encuentro del que obtendrá las herramientas necesarias para soportar la realidad terrible de su presente: la enfermedad y el fracaso. Por un lado, consigue reinterpretar su infancia y la relación con su madre y por otro, evadirse de un tratamiento que parece una tortura. 

La calavera de Margarita y la inscripción que la acompaña "ese cráneo que te sobrecoge" nos introduce simbólicamente en el misterio de la muerte (en el terror) y nos plantea ese deseo de conocer y reinterpretar el mundo que te invita a seguir leyendo: ¿por qué está la calavera de su amada sobre la chimenea y no enterrada? Porque de alguna manera, si no hay misterio, si existe nada por conocer que no sepamos, no encontraremos razones para seguir leyendo. Por ese motivo, para algunos críticos las novelas detectivescas representan el símbolo del verdadero acto de lectura, que parte de una realidad confusa que va configurándose y adquiriendo sentido a medida que se lee.

Igualmente, la calavera y su misterio (vinculado a la expresión del mundo propio de Sembrando Flores) nos devuelve una vivencia irrepresentable. Aquí la multi-textualidad y la confrontación de planos y géneros narrativos (cada género configura la realidad de una determinada manera) redimensionan la simple historia de una mujer enferma que sufre un tratamiento complejo. La pieza que une todas las perspectivas es la locura entendida más allá de la locura, la locura mística y trascendente, una "locura narrativa", como la llama en su artículo Ana María López Abadíaque combina géneros, perspectivas y diferentes estatus del narrador, con tramas y subtramas y que se materializa en los diálogos que Sembrando Flores mantiene con seres irreales sin confirmarte nunca su irrealidad (un ángel, Pasifae, Schereber, una soñante, por mencionar unos pocos). Enferma que bordea la locura, impresión de que la mayoría de los eventos narrados ocurren en su mente desde un estímulo real, al final de la novela nos enteramos de que todo lo escrito ha sido compilado por una tercera persona y no por Sembrando Flores, llamada Victoria von Scherrer: toda confiabilidad en el texto queda en entredicho. 

Por otro lado, el título de la obra, Solo los elefantes encuentran mandrágora, impacta por su belleza y de algún modo nos indica que la novela y la literalidad multi-textual de la novela nos exigirá una lectura simbólica. Como ejemplo de las múltiples interpretaciones posibles cito literalmente lo que dice Cirlot en su Diccionario de símbolos explica sobre el elefante y la mandrágora: 

Elefante: el simbolismo de este animal tiene cierta complejidad y determinaciones secundarias de carácter mítico. En el sentido más amplio y universal, es un símbolo de la fuerza y de la potencia de la libido. En la tradición de la india, los elefantes son las cariátides del universo. En las procesiones, son la montura de los reyes. Es muy interesante que, por su forma redondeada y su color gris blanquecino, se consideren símbolos de las nubes. Por los cauces del pensamiento mágico, de esto se sigue la creencia en que el elefante puede producir nubes y de ahí la mítica suposición de la existencia de elefantes alados. La línea elefante-cima de monte-nube, establece un eje del universo. Probable derivación de estos conceptos de clara impronta primitiva, el uso del elefante en la Edad Media como emblema de la sabiduría, de la templanza, de la eternidad e incluso de la piedad. 

Mandrágora: planta a la que se atribuían virtudes mágicas pro tener las raíces una figura parecida a la humana. Con este nombre se conocía también el fastasma de un diablo, como hombrecillo negro, sin barba y con los cabellos despeinados y esparcidos. Es una imagen del alma, en su aspecto negativo y minimizado en la mentalidad primitiva.  

El título es una declaración del carácter intuitivo de la novela que exige al lector la misma predisposición a la nocturnidad de la protagonista, Sembrando Flores, a la que se le aplican expresiones como "facultades psíquicas", "visiones metafísicas" semejantes a Santa teresa, "percepción extrasensorial o "poseída", "como hipnotizada por una mirada situada más allá de la común", "visión bilateral del ser humano surgido de sus evoluciones". Claras representaciones en el texto de un estado alterado de la percepción en que se concilian las identidades simbólicas de una retahíla de palabras que se redimensionan juntas: mandrágora, sueño, locura, misticismo, interioridad, realidad profunda. El significado último del titulo y de la novela ofrece, por consiguiente, tantas alternativas como lecturas posibles. 

Somers no facilita la comprensión de la obra porque parte del tema que trata es precisamente la imposibilidad del sentido a través del lenguaje, cómo el lengua nos engaña y nos impide experienciar la realidad objetiva. Somers busca la comprensión más allá del entendimiento, la comprensión intuitiva de la realidad a través de cualquier herramienta que no sea la razón ni el intelecto. El carácter abrumador de la prosa de Somers dificulta su lectura y al mismo tiempo nos invita profundizar en ella en una experiencia por momentos, agotadora. Expresionismo de vanguardia, continuidad en castellano del camino iniciado por Joyce (no tanto en el Ulises como en el Finnegans Wake) y al mismo tiempo el complejo te lleva a mostrarte como un caparazón lleno de espinas que quiere desea ser abrazado. Lo extraño, lo sublime, lo alucinante, lo cercano al misticismo pero que nunca lo alcanza a Dios, es decir, el carácter abismal de la novela demuestra una indagación exhaustiva, así como la nostalgia convertida en parodia del gótico tradicional; la autoconciencia narrativa revela, asimismo, un profundo conocimiento de qué significa contar y cómo ha contado la humanidad desde el inicio, con sus aciertos y sus callejones sin salida, con su mentira universal. Rasgos como la duplicidad y la confusa densidad de marcos narrativos ahondan en el caos y en el misterio, sugieren  que la condición humana pertenece a un mundo complejo y extraño, que va complicándose a medida que la humanidad envejece (aunque el mundo parezca siempre nuevo para la juventud), un universo que se complica en el que el terror o la ironía aparecen como la única forma posible de acercarse a lo real. 


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